Viaje a Teruel

Pobres Chavales en Teruel

Unos días después de la manifestación en Madrid que reclamaba atención sobre la España vaciada (encabezada por las plataformas Teruel Existe y Soria ¡ya!), he tenido la oportunidad de comprobarlo por mí misma.

«Al final vamos a ser un resort de vacaciones para la gente de las ciudades», decía una maestra turulense llamada Elena y que había acudido a la manifestación, junto con otras 50.000 personas. «No tenemos internet, no tenemos carreteras para llegar a los sitios», decían otras manifestantes. Y así es. No solo no hay datos sino que tampoco hay cobertura móvil en grandes áreas, mientras circulas por carreteras que las llamas así por entendernos, pero están más cerca de ser caminos, cuando sucede que están enlazando los pueblos y ciudades más importantes de la provincia.

El Maestrazgo es de una belleza polvorienta y seca. En su gran extensión, sus pueblos se abandonan distantes los unos de los otros. Ir de Cantavieja a Mirambel, por ejemplo, supone transitar carreteras estrechas sin pintar ni iluminar, donde coges las curvas entregando tu suerte a la escasa probabilidad de cruzarte, en ese momento, con un camión.

Me alegró encontrar, en la pequeña tienda de Villarluengo (luego lo vería en otros locales) un periódico de 2.000 ejemplares gratuitos que sale seis veces al año, llamado Maestrazgo Información. Lo edita la Comarca del Maestrazgo y la Asociación para el Desarrollo del Maestrazgo. Cuenta con dos corresponsales: Cristina Mallén y Beatriz Borrás. Llevé sus 16 páginas conmigo durante el viaje y, leyéndolo cuando parábamos a tomar un café, me pude enterar de mucha vida invisible a los ojos del visitante. A menudo, lo único que nos recibía en los pueblos era el viento fuerte, las cancelas cerradas y las oficinas de turismo desatendidas. Gracias al periódico supe que la unión y la fuerza de los vecinos de Santolea había conseguido que su puente medieval no quedara inundado por las aguas del futuro embalse. También supe, gracias a la extensa y detallada crónica sobre las celebraciones de San Antonio, que en enero estos pueblos se llenan de hogueras y se celebran tradiciones más pagas que cristianas, como las diableras de Bordón. a veces mirábamos al cielo y nosotros, gente de ciudad, nos preguntábamos si aquellas aves serían águilas o buitres. Leyendo el periódico, supe que cuatro ejemplares de quebrantahuesos se habían reintroducido justo por allí. Un periodismo, de verdad, importante y apasionante.

Entramos a Mirambel precedidos por su fama. Es el pueblo al que Pío Baroja ubicó su novela La venta de Mirambel, y Ken Loach, el rodaje de su película Tierra y Libertad. En definitiva, «uno de los pueblos más bonitos de España», competición por la que muchos disputan por allí. Era por la tarde y ya estaba todo cerrado (incluidas las calles, o al menos lo parecían, de vacías que estaban), así que no pudimos ver la exposición que el Ayuntamiento ha dedicado a la película. Tan solo unos días antes, Mirambel comunicaba que Ken Loach, a quien se esperaba por allí en los primeros días de abril, posponía su visita hasta el verano por motivos de salud. No están, la verdad, las carreteras muy hechas para andar enfermo dando tumbos por ellas.

Junto al despoblamiento, el otro gran problema de la región es el trabajo. Muchos pueblos de la comarca Cuentas Mineras vivían de la extracción. Hoy, ya no es el lignito lo que sale de la mina, sino los turistas después de la visita guiada. Pozo Pilar y la mina Se Verá forman parte del Museo Minero de Escucha, el proyecto del pueblo por reconvertir su patrimonio industrial sin perderlo. La parte visitable de la mina Se Verá, en Escucha, desciende 200 metros. Se baja mecánicamente por los raíles en los que antes se transportaba el carbón y se recorren galerías a las que se han incorporado maniquíes para mostrar las escasas equipaciones de seguridad que llevaban los mineros, cuyas cabezas vestían boinas en lugar de cascos.

La mina la cerró en 1968 la última empresa que la explotó: Encaso, la Empresa Nacional Calvo Sotelo, padre del que sería presidente del Gobierno. A partir de esa fecha, sirvió de ventilación para la mina anexa, Pozo Pilar. Minas y Ferrocarril de Utrillas fue su empresa explotadora, la cual acabó tan quebrada que el Ayuntamiento de Escucha compró lo que no había sido saqueado de ella, tras años de abandono, por un precio simbólico (un euro, si recuerdo bien la respuesta de la guía). Pozo Pilar había sido la mina más avanzada de Europa en los años 70. Parte de lo que queda de ella se ha acondicionado como una recreación de las oficinas, la lampistería y la enfermería.

Fue la Asociación para la Conservación del Patrimonio Minero la que durante años buscó la manera de reabrir la mina Se Verá para museizarla. En ella estaban algunos de los antiguos mineros. Lo consiguió en 2002. Cuando la abrieron, llegaban entre 20.000 y 25.000 visitantes al año. Desde hace poco abren doce meses al año, por lo que me han dicho que deben ser muchos más.

El museo de Se Verá da empleo a seis personas y a dos en Pozo Pilar. No es mucho, la verdad, para combatir el desempleo. Escucha es un municipio con un 14,9% de paro (en 2013 llegó a ser de 28,86%), en una población que no alcanza los 900 habitantes.

Teruel

Otro de los pueblos que he visitado ha sido Montalbán, donde el paro es menor (8,19%) y la población también (1.243 habitantes), aunque Joaquín, guía voluntario en el pequeño pero apasionante museo geominero, me dijo que de la gente que quedaba en el pueblo, el 70 por ciento eran jubilados. Montalbán tiene una radio local que emite en directo dos horas al día por la tarde y un boletín local que se llama Cantalobos, dirigido por Esperanza Muñoz, el cual no pude ver por allí pero sí descargar en este dropbox. Tiene además Montalbán una imponente y bella iglesia mudejar declarada Bien de Interés Cultural, la cual fue restaurada en diferentes fases desde 1984 hasta 2010, descubriéndose recientemente unas pinturas que podrían aflorar si se pusieran de acuerdo las competencias y se acabaran de destinar los dineros que se vienen esperando desde hace tiempo, según nos contaron.

Llamarse Cabrera por allí, la verdad, no tiene buena fama. Algunos de los pueblos y plazas que recorrimos llevan su nombre. El general carlista Cabrera hizo, precisamente en Montalbán, una masacre en el asedio al castillo en 1839. Afortunadamente, una de las calles del pueblo lleva por nombre Manuela Cirugeda, heroína que combatió el desproporcionado asedio valientemente (esto lo he leído, precisamente, en el último número de Cantalobos). A Ramón Cabrera le llamaron el Tigre del Maestrazgo, por su virulento papel en las guerras carlistas en la región (episodios que son recordados en el Museo de las Guerras Carlistas de Cantavieja, que tampoco pudimos ver porque lo pillamos cerrado). Cabrera había consolidado su puesto de mando en Cantavieja (allí le dedican una plaza). En enero de 1838 tomó la ciudad de Morella (el límite al Este en nuestro viaje) junto al general Oráa y la hizo capital de su terruño. Aparece como personaje (tengo entendido, ya que no la he leído) en la mencionada novela de Baroja La venta de Mirambel y también en La campaña del Maestrazgo de Benito Pérez Galdós. Por los servicios prestados, le dieron el título de Conde de Morella, que hoy sigue ostentado (rehabilitado por Juan Carlos I en 1993) su tataranieto Juan Ramón Brotons Cabrera, nada que ver con mi familia, que yo sepa.

Ya cortos de tiempo, pasamos rápidamente por La Iglesuela del Cid, donde vimos la Torre los Nublos, último vestigio del antiguo castillo de los Templarios. Si la zona da para un tramo del Camino del Cid, también lo haría para una ruta templaria, que seguro que ya las hay. Para ello, llegarse hasta el Castillo Templario de Castellote hubiera estado bien, pero las complicadas distancias del Maestrazgo hicieron que nos quedáramos con las ruinas de uno en Cantavieja (vistas desde la verja, que también estaba cerrado) que conviven con un calvario y su viacrucis.

Al castillo que sí que le han sacado partido es al de Mora de Rubielos. Como chica de Canillejas que soy, crecí pasando por la plaza del pueblo, por llamarlo así, denominada Mora de Rubielos, sin saber nunca del pueblo que la inspiró pero un poco fascinada por su sonoridad. Pues bien, ya he estado en Mora de Rubielos (y en Rubielos de Mora). La referencia más antigua de esta imponente fortificación data del año 1198 y su rehabilitación y conservación es bastante impresionante, así como sus sótanos y mazmorras, sus torres y su patio central. Este estratégico castillo no fue importante solo en la época medieval, de nuevo en las Guerras Carlistas, se enfrentaron allí los liberales contra las tropas del general Cabrera. Y durante la Guerra Civil, los republicanos se fortificaron allí, por lo que los sublevados lo cercaron y asediaron vilmente. Al parecer, tras la guerra, Mora de Rubielos fue también escenario de escaramuzas entre los maquis agazapados en la sierra y el régimen franquista. Precisamente, y al hilo de mi último artículo publicado sobre el guerrillero bisabuelo de Edu Granados, hubiese querido visitar los restos de un campamento maqui del Rodeno en Jabaloyas, cerca de Albarracín, pero con patear Albarracín ya se cubrió el día. En otra ocasión será, quizá en una futura visita a Cuenca, para pasar también por el campamento maqui de Alobras, aún en la provincia de Teruel, así como otros lugares importantes para la Guerra Civil de este cruento frente.

Teruel

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