Vigilando la Sgae de cerca

En los cuatro últimos meses he escrito varias piezas sobre la Sgae, la turbulenta casa que gestiona los derechos de autor y que no acaba de reparar sus problemas internos, arrastrados desde hace años, para recuperar la confianza que la sociedad ha perdido en ella.

Comencé con un repaso a los grandes vicios de la Sgae, propiciados por sus propias normativa, que comienzan con los desmanes de Teddy Bautista y acaban con la investigación judicial sobre la rueda: La gran rueda del hundimiento de la Sgae.

La presidenta Pilar Jurado, que había conseguido la aprobación de unos estatutos imprescindibles para hacer las reformas necesarias que les exige el Ministerio de Cultura y la confederación internacional de la que forman parte, Cisac, es expulsada con una moción de censura. 22 miembros de la Junta Directiva creen que su equipo no será capaz de dar respuesta a las exigencias, entre otras cosas, porque la gente de la rueda sigue dentro de los órganos de dirección: Una moción de censura hace caer a la presidenta de la Sgae.

A no ser que tengas muchísimas fuentes, de todo tipo, y muy enraizadas en las entrañas de la casa, informar sobre la Sgae es pegarte contra el muro de la opacidad. Los que tienen algo que decir no quieren hablar y, los que hablan, es porque están interesados en defender lo suyo. La primera decisión de la Junta fue censar a la vicepresidenta por parte del colegio de pequeño derecho, el de los músicos. Nadie explica a las claras porqué, ya que el caso de la rueda está bajo instrucción en la Audiencia Nacional: La Sgae destituye a una de sus presidentas sin contar con la opinión del colegio al que pertenece.

Ese último titular merece matizaciones, pues responde a la visión que tienen del asunto una parte del colegio de pequeño derecho, la mayoritaria, pero no todos. El relevo en la Sgae llegará de aquellos pocos que se unen a los colegios audiovisual y gran derecho para convertir a Antonio Onetti en presidente, después de 15 días de presidencia interina de Fermín Cabal: El guionista Antonio Onetti, elegido nuevo presidente de la Sgae.

Antes de concentrarnos en contar estos últimos movimientos, vimos que había muchos desconocimiento sobre las editoriales musicales: qué son y qué papel desempeñan en la Sgae: La trastienda de las editoriales musicales, las grandes desconocidas de la industria que engullen la mitad del pastel.

En esos días complicados, varias fuentes nos explicaron que la situación financiera de la Sgae era «cercana a la bancarrota». No podíamos usar esa palabra porque la bancarrota técnicamente no es posible, dado que tienen mecanismos para evitarla, a costa de lo que reciben los autores. Lo dimos al día siguiente de la elección de Onetti: La Sgae, al borde de la ruina.

Por último (hasta ahora, ojalá que haya más), era de recibo entrevistar al nuevo presidente, el cual me había advertido, antes de la entrevista, que mi último reportaje merecía muchas matizaciones. Esta fue su oportunidad de hacerlas: Antonio Onetti: «Era necesario un equipo diferente con credibilidad para retomar las relaciones con el Ministerio de Cultura»

Una de las cosas que debería cambiar en la Sgae es su transparencia. Deberían perder el miedo a contar la verdad y hablar con los periodistas, a cara descubierta, sin agencias de relaciones públicas de por medio, sin engaños. Quizás eso ayudara a cambiar la pésima imagen que la sociedad tiene de ella. Los comentarios en Twitter cada vez que comento algo sobre Sgae son de un nivel de desprecio que asusta, pero quizá se lo ha ganado a pulso.

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