Volver a lo básico

No podía dormir, o no quería dormir, y tenía ganas de romper algo. Miraba el móvil en mi mano y, aunque era tentador, sabía que me arrepentiría si lo arrojaba contra la pared, a pesar de que disfrutaría transmitiendo fuerza a mi antebrazo y abriendo la mano, con algún gesto un poco teatral, algo exagerado.

Luego se me ha ocurrido venir a romper esto. Tenía ganas de borrarlo todo. ¿Para qué sirve un blog cuyas últimas tres entradas fueron escritas en abril, mayo y agosto? Además, ya reconocí en la última de ellas que no tenía mucho que decir. Si yo fuera una de esas mujeres de cuarenta años devotas de lo crafty disfrutaría de lo lindo con mis páginas de Pinterest y mis amanerados scrapbooks. Y si no tuviera escrúpulos ahogaría mi necesidad de decir algo, lo que sea, poniendo me gusta y comentarios chorras en la red social esa que usáis la mayoría de vosotras. Así que como ni lo uno ni lo otro, vengo aquí y me pongo a borrar de esta manera cobarde y conservadora: tocando sólo la fachada. En el interior, las estanterías permanecen llenas y no me atrevo a borrar mi pasado. Una terrorista de verdad lo habría mandado todo al infierno.

A pedrada limpia, le he quitado el rótulo al blog. «The Last Dance»… me resulta ridículo. Hace once años llamé así a mi «weblog» porque pensé que lo más molón era titularlo con una canción. No voy a ocultar que fui de listilla porque sabía que los lectores dirían «aaaahhh, como la canción de The Cure» y yo diría que no, que con el The delante, la canción referenciada era la de Disco Inferno, a pesar de que la otra forma parte de Disintegration, en realidad, mi disco favorito de los Cure. Ahora sólo puedo ver que es una referencia que no le importa a nadie, con el desagradable tonito de ser palabras en inglés.

Me he quedado escuchando The Last Dance durante un rato y pensando en los fans de Disco Inferno. Fans a muerte, digo. Yo sólo conozco tres, conmigo cuatro. Los fanes de este grupo somos ese tipo de persona tan torpemente alejada de la realidad como SeanMR72, comentarista en el vídeo de YouTube que he enlazado, y que opina que «deberían haber sido número 1 durante 20 semanas, en un mundo ideal». Me da terror pensar en ese mundo ideal donde alguien considera «perfección pop» donde otros ven estorbos rítmicos, voz regulera y ritmos cansinos. Ian Crause, según tengo entendido, un tipo que no se cree su propio talento. Y ha vuelto, por cierto, publicando en Bandcamp hace seis meses nuevos temas de cristal («perfección pop»… si consigues desentramar sus múltiples capas de sonido) de temática anticapitalista y antiimperialista. Muy lejos (trece años) de Elemental.

Quiero pensar que tengo un infección de iancrausismo. No tengo nada que decir, lo que quiero decir no lo puedo contar y lo que cuento no le interesa a nadie. Para eso, nos quedamos en casa. O en el pub. Engordando. Como Ian Crause.

Hace no mucho escribí un artículo que yo consideraba necesario (para mí, para otros) y al parecer no gustó a los que debería de haber gustado. La gente te recuerda más por los malos artículos que por los buenos, si es que alguno vuelve a parecer bueno después de haber firmado uno malo. Hoy es 1 de septiembre y, como propósito para el nuevo curso, me gustaría escribir un artículo al día. Debido a mi ánimo de hoy, lo que de verdad deseo es escribir un mal artículo al día, algo que repugne, asquee y provoque el gesto de escupir a la pantalla, de coronar con un salivazo una mierda de texto por el que, al menos, ser recordada.

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