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  • Carta en un sobre abierto

    ¿Y hoy? «Ya verás la luz al final del túnel», me han dicho tantas veces. Pues no, porque esto es un maldito pozo, que ni siquiera tiene desagüe. Haces cambios y se pierden. ¿Cuántas veces no nos ha pasado? Nos olvidamos de salvar y se va la luz. Y decía antes que quería salvar el mundo. Un poco difícil, aquí abajo, sin luz. No sé si alguien puede darse cuenta (afortunadamente he cerrado los comentarios, así que es una pregunta retórica de la que prefiero no saber la respuesta, que me imagino es que sí, que todo el mundo sí, que a ver que me creo, no voy a ser la única que sufre) lo horriblemente frustrante que es enfrentarse a esto cada día y luego cada mes y ya cada año. Porque, ayer nos dimos cuenta, ya hay otra Navidad encima y hace nada que hubo una y la fondue sigue en casa de Sara como si hubieran pasado sólo unas semanas. Pero yo tengo más arrugas que en diciembre de 2004. Y tengo más canas pero ahora no se ven debajo de una tintura negra. Pero sí menos pelo. Y tengo algo más de ropa que parece igual de vieja y sucia que la anterior; porque sigue siendo negra y sólo yo distingo las prendas. Y tres kilos de grasa que me sobran y ya no sé si siempre han estado ahí o es que sólo es ahora cuando se ríen de mí. No sé que es lo que me ha llevado a perderlo todo pero duele no tener a quién culpar. Duele sacrificar al amor de mi vida para devolverle a cambio de su estar incondicional mis migajas de cariño, silencio torpe, ataques de ira y un estar a medias durante años. Tantos, que ya no recuerdo cuándo se acabaron los buenos tiempos y empezó esta tierra de nadie en la que hemos vivido estos años. Si yo hubiese podido decidir, nomi, no habría sido así. Si hubiese habido algo en el mundo capaz de cambiarme, algo que no me matara en el intento, me da igual cuál hubiera sido su precio, lo habría hecho. Pero el mal está en mí. Lo que no funciona lo llevo dentro; una mierda de cerebro, una mierda de vesícula. Te enamoras, tienes infinita fe en mí y yo fallo, una y otra vez, porque estoy contrahecha. Quieres de mí incluso lo feo, aceptas todos los errores, pero nunca has visto en mí el fallo de fábrica. Lo he arrastrado toda la vida, y qué bien lo he disimulado. Doy todo lo que tengo para dar, pero nunca es suficiente. Tú has sido el único capaz de curar mi miedo a morirme de golpe. Ahora tengo todas las enfermedades del mundo. Simultáneamente o a ratos. Y la cabeza, que me duele siempre. Hoy he tenido que renunciar al amor de alguien que no merece volver a sufrir por lo que tú has pasado. Imagino que ahora te comprende mejor que nunca. Pero como soy cobarde y estar cerca suyo me hacía feliz, en esos ratos, prolongué la agonía hasta el espasmo de los nervios, más allá de lo tolerable para una persona que sí es capaz de ser feliz. En mí es diferente, tengo aguante, llevo quince años tolerándome. Me duele ser tan consciente de que los motivos vuelven a ser los mismos, los puntos de dolor coinciden, los reproches visten las mismas palabras y yo no he cambiado en nada. Tengo que dejar de contagiar esto. Como la infección que no se va jamás y se reactiva con el sexo. Me pregunto qué es lo que va a acabar conmigo.

  • Para salvar el mundo, tengo que salvarme a mí primero

    Me pregunto cuándo va a acabar la segunda adolescencia y que será lo que encuentras cuando la superas. La segunda es peor porque mantiene la neurosis de la primera pero le falta la locura impulsiva de quererlo todo y quererlo ya. Esa neurosis convierte el mundo en tu enemigo y eso es común para ambas, en cambio difieren en que en la primera peleas cada día y en la segunda te rindes cada día. Recuerdo el descanso entre ambas como si fuera el periodo de entreguerras: calma y despreocupación falsamente infinitas donde podías hacer planes como vivir en pareja, hacer fiestas con los amigos, ver un eclipse en bikini desde una piscina o quedarte dormida con tu cabeza sobre el hombro del chico que te proteje al volver a casa, en el primer metro de la mañana de los fines de semana. Felices años 20. Después, el clima se enrarece y surgen tensiones que te resultan familiares. De nuevo, te sientes atrapado en el mismo tipo de escenario donde tu novio es como tu padre, tu trabajo como tu instituto, tu casa como tu casa y tus amigos tus enemigos. Como dice esa tremenda canción, duele no tener a quien culpar, duele ver las huellas de la edad. Con la adolescencia te dan ganas de destruir pero como, de hecho, eres un adolescente, juegas con pistolas de plástico. En la segunda ya eres mayor y te dan licencias, así que puedes comprar todas las pistolas y escopetas que tu sueldo pueda pagar. 30 años y licencia para sacrificarlo todo.

  • Malas señales

    Warren Ellis es el tipo de creador que a veces a mí me gustaría ser. Vaya una revelación. –Sí, ¿qué pasa?- ¡Y a mí también! Exclama alguien desde el fondo de la sala. Bueno, el mundo está lleno de lolitas que quieren ser Britney y no por ello nos reímos de sus ambiciones. –O bueno, sí, ¿qué pasa?- Pues eso. El caso es que me he suscrito a Bad Signal, su newsletter y no sé muy bien porqué no lo había hecho antes. Supongo que porque además de ver sus fotos, espiar lo que escucha, husmear en The Enginer y leer su weblog ya me parecía demasiado encontrármelo también en el buzón de entrada. Pero ahora que estoy de vacaciones y sin ADSL me he dado cuenta de que no, que no era suficiente. Hace unos días, en la oficina, Óscar y yo hablábamos sobre él. Me fascina que, destinando tanto tiempo a volcarse aquí y allá por Internet, aún le quede tiempo de escribir. Óscar me dio tres soluciones, de las cuales sólo recuerdo dos: duerme poco y escribe en el pub. Me las apunté para hacerlo mismo, por si se me pega algo. Pero no hay manera, lo único que se me pegan son las sábanas, que ya van dos días levantándome a las doce y lo de los pubs… pues lo he intentado pero me da vergüenza y siempre hay alguien que hace lo posible por leerte por encima del hombro. Hoy me han llegados dos emails suyos desde la lista. Efectivamente, y según la coletilla final: “Sent via mobile device, probably in the pub”. Cuando tengo un rato para escribir, nunca lo aprovecho en ello. Me entra una crisis de ansiedad malsana y malparida. Me lío, me agobio y lo dejo. Creo que el cuarto secreto de Ellis es bastante universal pero tan complicado para mí como lo de las sábanas y el pub: “Sometimes it-s worth sitting down and thinking, what *does* make a Marvel character work? (Answer: tragedy.)”. Ahí está, la sencillez y la claridad de exposición es lo que crea un universo. –Tachán. Siguiendo con los tebeos, he pasado la tarde con Mario Feal, diseñador, ilustrador y cartunista que ahora vive en Coruña. Hemos charlado largo sobre qué hay (a quién copian) y que le falta (todo lo que le sobra) al tebeo español. Nos hemos puesto él cascarrabias y yo embarrullada pero, aún así, entre filias y fobias he roto lanzas a favor del cartunismo gallego –Vázquez, Jano, Benlloch y Rubín- de Paco Roca, Pepo Pérez, el humor, la banda deseñada en gallego, la autoedición y la edición de lujo. Luego nos hemos puesto las botas con el manga y por último, tendiendo puente del cómic a la música de la mano de Miguel B. Núñez y Paco Alcazar, he flipado en colores con esa portada dedicada al “underground madrileño” (me chocó escuchar esa expresión en boca de alguien) del Mondosonoro de diciembre. Qué bueno es dar dos pasos hacia fuera y mirar el cuadro como si te fuera ajeno; porque lo es.

  • Pero mais tarde ou mais cedo, todos rematan acudindo a elaa

    He paseado observando a los coruñeses, porque definitivamente tienen algo. Siempre me han llamdo la atención las unidades familiares jóvenes y la cantidad de tiendas de moda para niños que hay en el centro. Hoy me he dado cuenta de que aquí pasan las generaciones sin mayor ruptura de la nueva respecto a la anterior que lo que puede rasgar algunas pinceladas culturales. Los padres lo son jóvenes y cuando los hijos alcanzan la adolescencia aún tienen mucho que compartir con aquéllos, así que no hay rebeldía y, por tanto, no hay depresión, no hay acritud, no hay rabia y sí hay futuro. Eso explicaría que La Coruña sea una ciudad tan poco innovadora, que se acostumbra sin rechistar a un alcalde al que hace tiempo se le cayó el socialismo por los agujeros de los bolsillos, que le gusta el cambio tranquilo y aplaca, expulsa y barre los nacionalismos como si fueran cagarrutas que salpican los de fuera, entiéndase, los gallegos. No obstante, me gusta esta cidade espanto que da muy buenos cartunistas, supongo que para compensar la carestía de buenos músicos pop.

    nicho

  • Din moutas cousas e non todas son verdade

    Hoy esta ciudad me olía a mar de una manera salvaje y revuelta, como no lo siento en verano. Quizás las mareas trepan más, el océano se encabrita o qué se yo, que me falta cultura marítima. Y cultura en general. Pero especialmente cultura gallega, que soy medio de aquí y a veces al 75% pero no sé defenderlo bien. Comenzando por la lengua, que es algo que debería ponerme a aprender sin demorarlo más, porque el gallego suena en mi cabeza y las palabras a menudo asoman a mis labios, poniendo bombas en la gramática e incapaz de apuntar todo eso por escrito. Hoy no querrí acostarme muy tarde, que mañana me he propuesto un plan intensivo de tareas a cumplir, pero es que le he cogido el gusto a volver a estas teclas, las de mi viejo ibook, y a esta pantalla, la de un baile que parecía agonizar incluso en la residencia de mis ganas. Pero no. Es sólo la falta de tiempo y cuando hay tiempo la falta de ganas y cuando hay ganas la falta de cabez y cuando hay cabeza la falta de talento y cuando hay talento no hay nada que decir. Un poco eso, en segmentos de a 20 minutos por día. Vine estos días a relajarme con demasiadas ambiciones en el capítulo de actividades extra currículares: transcribir entrevistas, escribir sin publicar, contestar viejos emails, trabajar en Music Non-Stop, hacer listas de los mejores discos del año, escribir un guión para un podcast, encontrar un nombre para un proyecto de MTV. Teniendo en cuenta que además quiero descansar, pasear, ver amigos y familia, ver la tele y escribir online, la cosa pinta que voy a estresarme una vez más.

    John Lennon
    Como podéis ver en las fotos de Flickr, he pateado concienzudamente algunas partes de la ciudad cuando atardecía y otras en esta noche temprana de invierno. En los Xardíns de Méndez Núñez hay una estatua de John Lennon que hoy, 25 aniversario de su asesinato, estaba acompañada de velas, flores y un pequeño grupo de entregados fans con guitarra que ya debían de haberse tocado todas las que se sabían para cuando me aparecí por allí, porque yo ya sólo les escuché balbucear y buscar sin éxito algún acorde malamente recordado. Ya en casa llegué a ver la despedida del telediario de la primera. Me sorprendió ver a Lorenzo Milá despidiendo el programa con imágenes de Lennon y el siguiente comentario: “No terminamos de la manera más original pero sí de la manera en la que queremos terminar este 8 de diciembre”. De fondo Strawberry Fields Forever e imágenes de la época. Si os fijáis, no dice porqué. ¿Tanto se ha infiltrado la cultura popular que nombrar “8 de diciembre” es ya sinónimo de aniversario de asesinato del compositor de Imagine? ¿Hubiera sido tan redundante como juntar “11 de septiembre” con “torres gemelas” o “14 de febrero” con “Tejero” o es que tanto han machacado a lo largo del día y entienden que para el telediario de la noche la lección ya está aprendida? De todas maneras, la lección del telediario de TVE era tan descafeinada y rosa –casi- como la que habría podido hacer Corazón de Invierno. Y yo qué sé si, con la noticia en mis manos, habría dado otro enfoque. Quiero creer que sí, porque una mención más al piano blanco y vomito.

  • La edad

    Hoy me han hecho una antología de La Edad de Oro a mi medida: Killing Joke, Alan Vega, Johnny Thunders y Lords Of The New Church. Perfecto para una noche como esta, para un viaje de dudas y brumas. ¿Ha visto todo el mundo a un tímido y pelucón Jaime Munarriz? ¿Un Fernando Martín que un día fue moderno (sólo de pintas)? ¿Un Kike Turmix delgado? ¿Una Alaska confesando -lo ha dicho siempre- que de los Killing Joke lo que le gusta son ellos, hagan lo que hagan? Yo estoy con ella ahí. No los estoy grabando, espero que pronto me entere de alguna manera para conseguirlos. No obstante, es una rabia que las actuaciones y las entrevistas estén cortadas. Para quien no lo sepa aún -yo lo he contado muchas veces- los programas enteros están, casi en su totalidad, en la videoteca del Reina Sofía. Yo me los ví allí hace diez años. Me pregunto si seguirán en VHS o habrán hecho volcados a DVD.

  • Todo lo que vuela

    El campo volante tiene de noche esa inquietud oscura como de que aquello va a despegar en cualquier momento. Me gusta en verano pero hoy he descubierto que lo prefiero en invierno, cuando no es de nadie. Tengo unos días libres para gastar en la única ciudad en la realmente siento que puedo volver a disfrutar lo que de pequeña llamaba vacaciones, esos días que jamás han vuelto a existir en los que que dejan relajar el cuello, cerrar los ojos, no pensar en nada, mirar el mar, tener sitios secretos, levantarse tarde, ir de visita a casa de un familiar sin tener motivo alguno, comprar el periódico todos los días, desayunar sentado, dormir siesta, bajar al centro, por la tarde, arreglado. Parece que quedan días de verano para invertirlos en el invierno. Yo los entrego, como tributo, a esta ciudad, y me preguntó qué me va a devolver. Estoy a punto de acostarme así que de principio le pido dejar de tener esos sueños con inclinaciones a pesadilla que me acosan últimamente en Madrid. Por otro lado, últimamente dos personas me han hablado de sueños que han tenido en los que yo aparecía. Dos historias coincidían en la misma noche y, si a ambos escenarios sumamos el mío (principalmente, ciudades poco habitadas que recorro sin saber muy bien qué tengo que hacer, como cuando estrenas un videojuego) quiere decir que mi yo onírico se da unas buenas palizas para estar de aquí para allá corriendo emocionantes o bien decepcionantes aventuras, dependiendo de lo que espere de mí mi soñador.

    campodemarteghostly

  • Novela podcast

    Derivado de la dejadez social de mis últimos meses, urgar en el Mail intentando ponerme al día con mensajes vergonzosamente sin contestar me regala informaciones y cartas entregadas con semanas de retraso, como cuando se perdían las sacas de correo. La cuestión es que a finales de julio me escribió Sergio Parra explicándome los pormenores de su novela podcast -Las gafas de Platón-. Probablemente la suya haya sido la primera novela hablada, seriada y distribuida como un podcast en España. Se quejaba de la calidad amateur que podría tener el resultado pero lo cierto es que yo lo encuentro bastante bien, aunque no es que sea aficionada a los audiolibros. De todas formas, tal y como me pedía Sergio, aquí os dejo el enlace para los que, como él mismo, aún necesiten dormirse con un cuento susurrado al oido, por las noches.