Cómo me dolían los dedos. En Barcelona yo quería un teclado, una pantalla, aunque fuera un PC al que echarle monedas. Pero me aguanté como una madre abnegada, arrastrando mi cuerpo negro del Hotel Onix a la Fira y de allí al restaurante Andarana y de allí a la Fira y de allí a las cenas y un día, incluso de la cena al Barcelona Rouge y de allí al Apolo.

Es cierto que en un salón, como en un festival o un concierto clave te encuentras a demasiada gente, pero hay algunos a los que le da la saluditis y se agobian de tanta gente a la que tienen que ver, siempre en encuentros incompletos y pospuestos a un momento más tranquilo, que es mentira, nunca existe, pero se usa el recurso para cortar ahí e ir a saludar a otro. A Álvaro le pasaba algo así, que el jueves nos saludó con un
qué infierno a lo que V. respondió con la mejor frase que escuché en el Saló:
es un infierno si eres Álvaro Pons. Yo estaba nerviosa pero no alterada. Acudir al salón invitada gracias a la nominación de Trama como mejor revista era como hacerle un funeral a la niña; sabía que el tema iría, vendría y volvería una y otra vez. Eso sí, de cada dos encuentros comprometidos, al menos que uno fuera un reencuentro amistoso. Y luego resulto que no tenía
tantos enemigos y cada vez, pues sí, más amigos. Los he ido recolectando, cuidando poco, alimentando nunca y ahí están. Se diferencian del resto porque no posan en la foto. Sergio ó Tirafrutas era otro de los agobiados, según él mismo dice. Y Koldo, a quien sólo le vi dejar de correr cuando se sentó a moderar la mesa del jueves. Fernando y Raquel se pasaron el fin de semana afónicos. A Jaime le ví un momento y se quejó de tanta reunión. Breixo quería ver a tanta gente inaccesible que al final se le escaparon los accesibles. A Christian, más que saluditis, le cogió una luxación maxilar de tanto sonreir. Hernán tenía fiebre. Y Niimura no estaba ni a la vista.

Este ha sido el Saló en el que mejor me lo he pasado de las tres (¿o cuatro?) a veces que he ido. Como
escribió Rubén:
«no todas se recuerdan porque la última tiende a desdibujar la anterior en una repetición absurda» que a él le encanta, añade. A Rubén le ví más en mis intervalos de silencio que en sus sílabas. Me he dado cuenta que tiendo a espiar de lejos, a lo
remote viewer mucho más de lo que pensaba. Y a veces con descaro,
como un voyeur en vacaciones que canta Federico Moura.

El día que más me estruja la boca del estómago era el viernes, día de everlating gimkana que se iniciaba con la mesa redonda en la que yo participaba y se prolongaba a la entrega de premios y a una cena muy especial. El hecho de haber sido yo quien le sugiriera a Hernán que me invitara a participar en alguna de las mesas, sumado a que es un trabajo remunerado y el marco es
el más destacado, me obligaron a prepararme un guión que no pretendía leer pero al menos me daría la seguridad de aferrarme a algo si todo se convertía en un desastre, si de golpe no tenía nada que decir o la sala se pobabla de personas bostezantes, refugiadas al aire acondicionado del tumulto, el calor y el cansancio. Para ser sincera, he de decir que nuestra mesa redonda no fue gran cosa. Yo no me aburría por los nervios y porque de vez en cuando hablaba Borja, mi aliado, pero veía ahogados bostezos en primera fila que me indicaban que la estábamos cagando. Es muy probable que si todo hubiera quedado entre Julian de Lamesacamilla.com (un encanto), Hernán, Borja y yo, hubiésemos conversado más entre nosotros. pero no, allí teníamos a Ralph König traducido por uno de los peores mediadores que he visto nunca, una pésima traductora del alemán en este caso y del francés en otros que no hizo más que entorpecer. Traducía sin apuntar nada, de manera que según se iba acordando de otroas cosas que König las hubiera dicho, las soltaba sin venir a cuento en cualquier momento del debate. No le traducía lo que nosotros decíamos (o lo hacía muy por encima) al dibujante
de los huevos de oro, no trasladaba bien lo que él decía (que Rosario se percató) y, para colmo, se levantaba de las ruedas de prensa a la mitad y salía de la sala. Si en el Salón diéramos unos Celsos de Oro (como hacíamos en el FIB con los Pepos de Oro), el galardón sería sin duda para ella. Esta mujer, argentina por cierto, quiso llegado un momento del debate que se le hicieran preguntas sólo para Kónig, ya que tenía que irse. ¿Se tiene que ir él?, preguntó Hernán.
No, no, me tengo que ir yo (!). Migoya no cabía tras sus gafas. Así que no me quedó otro que tender una emboscada a Rosario, que había venido con Ainhoa por sorpresa (¡qué ilusión me hizo!) y habla perfectamente alemán. La hicimos subir a la tarima para acabar excelentemente lo que la pelos tan mal había empezado. ¡Y todavía ésta se resistía a ser sustituida! Cómo echamos de menos a Diego. Como pensé que no había aportado gran cosa al topic, leí algo de lo que había llevado escrito, que os pongo
aquí íntegro para quien le interese. Más tarde llegó el momento de la entrega de
premios. Yo fui a Barcelona con la certeza de que Trama no se llevaría el premio a la mejor revista. Estaba segura de que sería para
Mister K. Aunque en los primeros tiempos me convencí de la loca idea de que ganaría NSLM. Así que guardaba esperanzas secretas, como siempre en los casos imposibles, pero lejanas. Yo estaba nerviosa por las nominaciones de
El Vecino, pues de alguna manera ganando
El Vecino también ganaba
Trama, ya que fuimos los primeros en colocar ese álbum en el top de una lista. De las tres nominaciones, yo quería para
El Vecino dos: el premio revelación para Pepo y el de guionista para Santiago. Tan concentrada estaba en cruzar los dedos que cuando dieron el premio a la mejor revista por votación popular yo no estaba ni escuchando. Ni me dí cuenta de que lo estaban dando. De hecho, es que me había olvidado de que ese premio existía. Y de pronto alguien dijo el nombre desde un micro y yo no reaccioné. Y oí jaleo a mi lado, miré hacia atrás buscando a Fernando y creo que fueron Laureano y Javitxu quienes me dijeron
tú, tú, sal, sal. Ni siquiera me di cuenta de que en la pantalla apareció una presentación de Trama con un número antiguo, ni siquiera de mi etapa, cosa que a Manuel y a mí nos chafó. Que los bonitos fueron los nuestros. me acordé de mi minidiscurso que me había preparado (secretamente) por si alguien decidía invalidar la participación de Mister K, o algo así. Dije que había salido ganadora una revista que ya no existe y si la gente había votado Trama es porque quieren o necesitan revistas de información. Así que: hay que hacer revistas. En esto, escuché a Magui gritar
¡tía buena! y yo intenté volver a mi sitio toda colorada y tratando de no parecer muy torpe. Pero ni Santiago ni Pepo volvieron a casa con los premios que se merecían. En cambio, se los llevó injustamente Miguelanxo Prado, a la obra y al guión. No tengo nada contra Miguelanxo, que siempre me ha gustado, pero es que estos premios no debían ser para él, que lo tiene todo, que su última obra lo pagó la Xunta, que es internacional, que dirige un salón, que le publica Norma. Que no. Que no conozco a nadie que haya leído la obra premiada. Que premiar a Prado es una actitud conservadora e innecesaria. Que la gente vota irresponsablemente. Votan de oidas. O no votan. Astiberri se regresó a Bilbao con el premio revelación para Raquel Alzate (que justifica todo este año de dedicación en exclusiva a Cruz del Sur) y el de Blankets a obra extranjera. Y Trama, claro, pero ese lo tengo yo, aquí al lado de la taza de Herbensurina que me estoy bebiendo para calmar un hígado retozón. Lo tengo yo pero ese premio es también de Fernando, de los colaboradores, de Manuel y sobre todo de Koldo Azpitarte, que sin él Trama no habría llegado nunca a fin de mes. Y el premio no es sólo de los autores materiales. Este premio también es de Santiago; sin él, hubiese sido yo la que no hubiera llegado a fin de mes.

Aunque el premio por votación popular consiste únicamente en una estatuita más pequeña que las otras, ésta tiene algo que la hace grande: un mistyping que convierte a Trama en la
mllor revista de còmic. La cena fue fabulosa y divertida. Una cena cartunista variada con José Luis, Antoni, Yexus, Manuel, Santiago, Manel, Pepo…

Lo he contado ya demasiadas veces (alguno dirá ¡oh, no! ¡Lo va a decir otra vez!). Esta es la definitiva, de verdad. Salvo una, todas las mujeres que participaban en las mesas redondas estaban congregadas en una sola: «Las mujeres ya leen cómics (¿o sólo manga?)». Con Esther Gili, Diana Fernández y Aurora García (Estudio Kösen), Olga Carmona, Carla Berrocal y Raquel Alzate. Esa una ya sabéis quién es. La misma que, al final de la mesa del cómic en los medios, y aún con el micro abirto, acusó a Migoya de machista (yo no usé la palabra, fue él al día siguiente) al reunirlas a todas para hablar sobre ellas mismas… Para mí esta mesa era un sinpropósito pero aún así no quise perdérmela. Aunque a Hernán le divirtió, yo me aburrí mucho y creo que únicamente Raquel lanzó alguna idea interesante, algo que no fuera un tópico. Y creo que en realidad es por la edad. Porque, la mayoría, cuando tenemos 20 años necesitamos pasar por los tópicos. Hasta que no los quemas no llegas a los 30 en mejores condiciones mentales. Parece ser que esta fue la mesa que congregó más de las 28 personas de media. También es cierto que se hizo el sábado a las 18:30, todo un prime time para el Saló. Le dije a Hernán que no me gustó la mesa y él me dijo
es que tú eres muy mínimal y me he quedado pensando en ello estos días. Porque en realidad no tengo demasiado claro lo que ha querido decir con eso y qué aplicación tiene a que no le vea sentido a una discriminación positiva tan poco amena. Se habló de que las mujeres no leen cómics porque les da miedo entrar en las librerías especializadas, por que les asustan los frikis, que leen manga porque los Caballeros del Zodiaco son más guapos que Lobezno… si no fuera porque mi madre no sabe quién es Lobezno, diría que son conclusiones a las que ella podría llegar. O mi hermana. O mi cuñada. Quiero decir: alguien no interesado en el cómic. Una mesa enfocada y moderada no ya desde el punto de vista masculino, sino desde el punto de vista dominante de quien trata a una minoría con condescendencia. Y no me preguntéis que de qué hubiera hablado yo, por que sencillamente no hubiera hablado del tema. El día que se deje de considerar a una lectora de cómic como un objeto raro, pinchado en un corcho de una clase de ciencias naturales, os daréis cuenta de que
están por todas partes.
Fotos de Elena, Manuel, Molinilla, Xavi Calvo y Magui, publicadas en Flickr.