La frase no es mía, se la acabo de leer a Ana María Matute en una entrevista muy buena en El País de hoy. Un domingo extraño. Silencioso y lento, sí, como todos los domingos, pero además solitario. No es que yo lo esté, es que pareciera que hoy todo el mundo está ausente. Los que han ido a festivales (Primavera Sound y Festimad) estarán cansados, molidos, derrotados en sus sofás. Con este seguimiento de quien trabaja en un sitio y no le quita ojo a la competencia, Aldo y yo leemos aquí y allá lo que ha pasado en los festivales. Una cosa es clara: coincidir el mismo fin de semana es malo, informativamente hablando también. Aunque esta semana lo pasé mal por la incertidumbre de si iría o no al PS, al leer las críticas al concierto de New Order llego incluso a aliviarme de no haber ido. De todo lo que he leído, Luis Hidalgo en El País ha sido el más claro e incisivo: de los New Order que adoramos sólo se ha visto su poder convocatoria (no es literal, pero viene a decir eso). Por otro lado, a Festimad Sur se le deshabilitó ayer uno de los dos escenarios por culpa de unos focos derribados por el viento (he podido entender, ya que no he leído en ningún sitio nada muy preciso. Y la gente entró en caos » disorder porque se les hizo esperar horas y todo llegó con restraso, pero llegó. A veces pienso que si yo fuera director de un festival acabaría derramando litros de gasolina desde el escenario y tirando accidentalmente una cerilla encendida. ¿De verdad piensan que cuando ocurre algo así hay alguien que tiene la culpa? Pienso en Álvaro y la gente de Festimad y me pongo triste. Muchos sabemos cómo se trabaja para montar algo como esto y sé que a nadie le duele más que a un organizador. Pero también pienso que, en el capítulo de dolores, más que una cancelación, rotura o retraso, a un organizador le jode la incomprensión del público. Actualización 23:30: Echad un vistazo a los comentarios de esta entrada, que merece la pena. Jeky cita un comentario en 20minutos.es (leed los comentarios) «Fue pq habia unos 20 servicios, unas 10 duchas y 4 grifos de agua. Fue pq no habia ni un puto arbol, ni una sombra, ni un trozo de hierba. Solo habia polvo y más polvo que tragamos y tragamos. Eso para mas 45000 persona, por el precio q tiene, con la colaboracion de nose cuantos ayuntamientos, mas mil cosas mas tratando a la gente como animales». Y Frank: «nos metieron en un erial, en un campo de minas donde solo había polvo. Ah, y más polvo. ¿Razón? Caben más personas, vale menos pasta. ¿Te crees que somos tontos? La paciencia llega a un límite, y tener a 50000 personas engañadas y encima jodidas por todo lo que había pasado antes, pues es jodido.Mira, ni foco ni ostias. Los conciertos se pararon porque el techo de unos de los escenarios quería salir volando. Y te puedo asegurar que no hacía tanto tiempo. Sé que eso puede ser culpa de algún fumado despistado. Pero la culpa reside en la organización, convendrás conmigo».
Foto colgada en Flickr Si se cumple el deseo se rompe el sueño, dice una mujer rara a punto de cumplir 80 años. Yo nunca la he leído. Yo he leído muy poco. Pero me hace pensar en Carmen Martín Gaite, cogeneracionales, a quien sí he leído. no mucho, también sólo un poquito. Y he empezado a pensar que debería aprender más de ellas. No tanto leyéndolas (que sí) sino pidiéndoles ayuda para encontrar mi lugar, que me he ido perdiendo (un poco) como el abuelo en la niebla de Amarcord. Me asalta la cara de desilusión del Saski cuando me decía que sólo leía cosas geek en mi weblog. Me preguntó sobre qué era el último post y yo dije: «bueno, el último no es geek, es sobre P2P» y tendríais que haber visto su cara. Con esos ojos a lo Uzumaki orbitando hacia atrás y la boca abierta. Ya, ya. Las grabaciones de Nada Que Perder fueron de pena. En la repetición de una de ellas, la que hablaba sobre Cortell y las redes P2P, escuché la presentación de Ricardo oculta detrás del decorado, fijándome en los esqueletos del atrezzo a medio pintar por las partes que nadie ve, los números apuntados rápidamente por los carpinteros, algún rastro de silicona gritando «tira de mí, Elena». Y de lejos, la voz de Ricardo haciendo la presentación. Miro de reojo al público. Unos le observan, otros me miran, esperando ver cómo salgo (¿esperando ver si me caigo?). Él dice «¡nuestra invitada de hoy viene a hablarnos de La Guerra de las Galaxias!» y tardo un segundo más en salir porque pienso que Castella se ha equivocado, como cuando dijo mi nombre en lugar de Ángeles González-Sinde. Le doy dos besos, me siento, me pregunta algo sobre Star Wars y lo flipo, de hecho, seguro que puse una evidente cara de
lo flipo. Y él me dice, sí, a ver, que tengo aquí apuntado que vas a hablarnos de C3PO y no sé qué otros… Y entonces ya, por fin, pillo el chiste. P2P, C3Po, vale… en ese momento me sentí torpe, aburrida, fallida. Tenía ganas de arrinconarme en una butaca y ver El imperio contrataca y ¡zas! Elena despierta. Un plató, cámaras, un presentador, público mirándome, veo las caras de una de las maquilladoras, sentadas entre el público, que me mira muy seria. De hecho, es lo único que veo. Y ahí estoy, teniendo que defender las redes P2P con mis garras y mis dientes de wookie. ¡Zas! Elena, despierta. Lo peor es que perdía el hilo y no me creía ni yo lo que estaba contando. Mientras hablaba escuchaba la voz de Antonio que se colaba desde el pinganillo de Ricardo. ¡Y no paraba de hablar! ¿Qué le estaría contando? Yo siempre me he identificado mucho con R2D2. Esa unidad siempre me ha dado cierta envidia. ¡Zas! ¡Zas! ¡Elena! ¡Elena! ¡Despierta! ¡Despierta! Sufro de la tendencia a confiarme de que hay cosas que siempre van a estar allí y luego me llevo la gran depresión cuando me entero de que han derribado un edificio, se ha muerto alguien que tiene mi edad o ha desaparecido una colección de fotos que me había hecho soñar. Tengo algunos amigos que están tocados porque se les ha ido un amigo (no hace falta que diga quién), por accidente. Eso destruye la normalidad, para siempre. Y bueno, en estos días me enfrento mucho, a cabezazos, contra la tecnología y tengo la sensación de que ya basta. Que en realidad yo no quiero ser una geek acomplejada. Que quiero la tecnología a mi servicio pero, por mucho que ésta me fascine, la quiero como medio para hacer otras cosas. Que no quiero que se me pase el tiempo. Y eso es algo que no debo olvidar, o me pierdo.