Es el viento. Quiero culpar al viento del dolor de cabeza de ayer. Cuando regresba a casa, la luz roja peatonal del sem?foro de Francisco Silvela se mantuvo luciendo una hora, quiz?s tres, mientras una se?ora y yo aguant?bamos el fr?o, mirando fijamente el se?or rojo. Al fin, un golpe de viento acompa?ado, quise o?r, de un sonido met?lico, nos levant? los flequillos y las puntas de nuestros abrigos. Fue ella quien empez?: -?Es tremendo, verdad? -Uf, es impresionante, c?mo sopla, c?mo corta, me estoy quedando helada. -Y es aqu?, en esta calle, siempre es as?, el viento corre con mucha fuerza. Ella sonre?a debajo de sus pieles, compartiendo conmigo su barra de labios rojo agradable apunto de resquebrajarse por los azotes. Me dieron muchas ganas de explicarle que s? que lo sab?a, esto que pasa con el viento en Francisco Silvela, que vivo all? enfrente, en esa callecita que entra. Si me hubiese dado algo m?s de tiempo le habr?a dicho que el viento de Francisco Silvela s?lo es comparable al de la Ronda de Monte Alto en La Coru?a, pero aquel no sabe a sal. Vengo de la oficina del INEM que me corresponde, he hecho unas titubeantes alegaciones al funcionario que excusaran porqu? no fich? el d?a que me correspond?a. El funcionario, que se hab?a ca?do de una vi?eta de Daniel Clowes, me miraba con l?stima, gordo, descamisado, mal afeitado. Yo no pod?a sostenerle la mirada y me toqueteaba los dedos de una mano con los de otra mientras clavaba la vista en el escritorio de color dependencia administrativa. Me pregunt? cu?l era la causa por la que el d?a 20 de diciembre no hab?a acudido a sella mi tarjeta. Le dije que me encontraba enferma. Me pidi? un justificante m?dico de la baja y yo tuve que explicarle que de baja no estaba pero que no me encontraba bien, que no ten?a la cabeza puesta en esto, cog? aire y me atrev? a mentir diciendo que el m?dico me hab?a mandado a un psic?logo. Pens? que no era una mentira tan mentirosa puesto que si hubiese ido al m?dico a contarle cosas diferentes a las que le estaba contando por aquel entonces, me habr?a dado un volante. Lo cierto es que, por aquel entonces, mi vida se puso patas arriba y yo con ella, como un escarabajo pataleando incapaz de girar sobre s? mismo para echar a andar, y olvid? por completo que ese d?a 20 ten?a que fichar. Con estos estados de escarabajo que vienen y van, volvi? a sucederme lo mismo el d?a 20 de este mes, olvidando, por segundo a?o consecutivo, el cumplea?os de alguien a quien quiero. Cuando me viene lo escarabajo, arraso con todo. Volviendo del INEM he tenido que pararme, una vez m?s, en ese cruce infernal de Francisco Silvela con Conde de Pe?alver y Diego de Le?n donde digo que pasan los tornados. Han sido varias embestidas pero la cuarta fue la m?s poderosa o quiz?s es que me pill? tiritando y por eso perd? el equilibrio. Dos mujeres desconocidas detr?s de m? reproduc?an una conversaci?n similar a la que tuve anoche pero, despu?s del cuarto empuj?n, una dijo a la otra «y es que alas personas debiluchas se las puede llevar el viento en una de estas». All? estaba yo, en una de esas. Pero aqu? estoy ahora, en casita, calentita y a salvo.