Blog

  • ¿De dónde viene la nieve?

    Directamente de las llamas del infierno.

  • Lo de antesdeayer bien puede recuperarse hoy

    Intento volver a esa ma?ana de fr?o y sol en Coslada, desplaz?ndome despacio durante una eternidad en la cola de autom?viles que avanzaban hacia las cabinas del pago y entrega de documentos, para embotellarse despu?s dentro del recinto y reorganizarse luego en varias colas m?s que, como gusanos, reptan hacia el est?mago de un angar enorme. Estoy leyendo con el motor parado pero de vez en cuando cierro el libro -«Nubosidad Variable»- para adelantar un metro de espacio. En una de estas, justo antes de sumergirme de nuevo entre la correspondencia de Sof?a y Mariana, descanso la vista en unos operarios que, martillo percutor en mano, convierten en casquetes de cemento la que fuera base para una tercera cabina de cobro. Precisamente, esa tarcera cabina agilizar?a la entrada de veh?culos, no entiendo porqu? la est?n haciendo desaparecer. Sobre esto divago mientras me fijo como el hombre mayor golpetea con ese instrumento del infierno y el otro, m?s joven, maneja uno de esos veh?culos amarillos de maquinaria pesada, una pala en la que cargar los escombros y llevarlos a otro sitio. Visten monos azules y el m?s joven, adem?s, un chaleco con bandas verdes que fosforecen en la oscuridad. Este ?ltimo maneja con destreza las palancas del bicho, hasta acercarlo todo lo posible a su objetivo, no es hasta que pienso en cu?nto le gustan a Aldo estas m?quinas cuando me fijo mucho m?s en la apariencia de este chico ya que hay algo en su forma de caminar que me resulta familiar. Lleva el pelo largo y muy liso, agarrado en una coleta. Me doy cuenta de repente, el parecido es enorme con ?scar, Pablo ?scar, mi primer novio (Fran siempre lo recuerda por «el que bailaba muy bien»), pero extremadamente m?s delgado. Se me acelera el pulso, s? que vive en Coslada (y que est? casado -lo hizo con la siguiente novia que tuvo- y que tienen al menos un hijo) as? que pudiera ser ?l. Pero no le reconozco de verdad hasta que no se gira un poco m?s y veo, desde el perfil, sus p?rpados, cerrados perezosamente a la mitad de los ojos, como siempre. Bajo la ventanilla pero no me atrevo a decir nada, sencillamente le observo fijamente, hasta que debe reparar en que hay alguien mir?ndole y se fija con naturalidad en esa chica dentro de un coche negro. No parece extra?arle encontrarme ah?, despu?s de unos cuantos a?os sin vernos, en la cola de la ITV. Me hizo un gesto de reconocimiento pero no se acerc? al coche, simplemente ri? y salud?, mont?ndose en el veh?culo para acarrear un nuevo viaje de rocas de cemento. Me pregunto si se habr? preguntado en alg?n momento si me desilusion? tropezarle as?, visiblemente escu?lido, diferente, obrero de la construcci?n, siendo mis ?ltimas noticias suyas que encauzaba una nueva vida profesional hacia el engarce de joyas, algo en lo que parec?a entusiasmado, tras abandonar los estudios de FP y trabajar de frutero, como su hermano Antonio, durante algunos a?os.

  • A ver si aprendo

    Las cosas de ayer hay que hacerlas ayer, para as? poder hacer las de ma?ana, ma?ana. Por que ya hoy, siendo diferente del d?a anterior, ya no podr? contar las cosas tal y como las hubiera contado. Mi madre lleg? cargada de noticias familiares pero tambi?n de ricas viandas gallegas que hacen la vida m?s llevadera (empanada, pan, queso y patatas fritas Bonilla a la Vista). Cen? bien, pens? que me levantar?a de buen humor y hoy ser?a un buen d?a. Pero no ha comenzado as?: sent?a un poco de presi?n en la cabeza que se ha acentuado notablemente con la noticia de una nueva muerte, inesperada, la de la madre de Ernesto.

  • Abolladuras

    No puedo creer que me haya dado un golpe tan tonto con el coche. S? se?ores, lo que todos estaban esperando: mi primera abolladura con coche propio, despu?s de un a?o sorteando los peligros de Madrid y sus carreteras radiales extendidas por la geograf?a espa?ola ha tenido que ser de la forma m?s tonta y m?s lenta. Yo en cambio estoy bien, ni un rasgu?o. A ver si le hago una foto y os lo ense?o. Deber?a estar triste pero no es as?, tengo un bienestar raro: parte que a m? no me ha pasado nada y parte tambi?n que el m?dico m?gico me quit? ayer el dolor de cabeza. Estoy abollada pero no aplastada, eso est? bien ?no? Sigo adelante. He conseguido por fin llevar el coche a la ITV, ha sido eterno aunque he vivido una historia curiosa, un poco como de Carver. Para pasar la dichosa inspecci?n tienes que ir a Coslada (hay otros lugares pero a m? me toca ir all?) que es una mini ciudad a las afueras de Madrid, en la Nacional II; un sitio que nunca me ha gustado y al que s?lo asocio recuerdos tontos. (umh, ma?ana sigo, he de ir a ver a mi madre!)

  • Abolladuras

    No puedo creer que me haya dado un golpe tan tonto con el coche. S? se?ores, lo que todos estaban esperando: mi primera abolladura con coche propio, despu?s de un a?o sorteando los peligros de Madrid y sus carreteras radiales extendidas por la geograf?a espa?ola ha tenido que ser de la forma m?s tonta y m?s lenta. Yo en cambio estoy bien, ni un rasgu?o. A ver si le hago una foto y os lo ense?o. Deber?a estar triste pero no es as?, tengo un bienestar raro: parte que a m? no me ha pasado nada y parte tambi?n que el m?dico m?gico me quit? ayer el dolor de cabeza. Estoy abollada pero no aplastada, eso est? bien ?no? Sigo adelante. He conseguido por fin llevar el coche a la ITV, ha sido eterno aunque he vivido una historia curiosa, un poco como de Carver. Para pasar la dichosa inspecci?n tienes que ir a Coslada (hay otros lugares pero a m? me toca ir all?) que es una mini ciudad a las afueras de Madrid, en la Nacional II; un sitio que nunca me ha gustado y al que s?lo asocio recuerdos tontos. (umh, ma?ana sigo, he de ir a ver a mi madre!)

  • Pronto, pero no lo suficiente

    Todav?a me cuesta creer que sea absolutamente incapaz de, al menos un d?a de estas dos semanas, levantarme a las siete para ir a pasar la ITV del coche. Es como un cuento del absurdo. Luego est?n los s?bados, que es el comod?n, cuando no tengo porqu? madrugar ya que me dan hasta las 12 y 20 para ir a Coslada y pasar all? el tr?mite. Pues bien, por dos s?bados consecutivos he llegado a las doce y media. Soy un completo desastre para los compromisos gubernamentales (hacer el IVA, los libros de la empresa, renovarme el DNI (que va para los diez meses caducado), un nuevo Abono Transportes o los papeleos de una subvenci?n). Son los micro-dramas (denominaci?n facturada por el Croma) que hacen de tu vida un proceso incordioso, pesaroso, insufrible. «Poco a poco», que dir?a Silvia. «Hazte una lista en un cuaderno y empieza por lo que veas m?s importante para ir tachando cosas», que dir?a Fran. «A ver, no te loquees», que dir?a Aldo. «Lec?ntate temprano y ya ver?s c?mo te da tiempo para hacerlo todo», que dir?a mi madre. Por cierto, me olvidaba de la foto que nos hicieron antes de la charla en la Universidad SEK, no os ri?is: Hab?a tambi?n una noticia pero ya no encuentro el enlace, adem?s, estaba toda inventada (lo siento, pero yo no recuerdo haber dicho que el buen estado de la m?sica pop se demuestra con los 40.000 asistentes al FIB; cosa que adem?s, no es cierta, como tampoco lo sea el que me llamen Directora de Comunicaci?n del FIB, o algo parecido). Lo que no cuentan las cr?nicas: Vicente (uno de los chicos que han montado la serie de conferencias y con el que compart? mesa invitada a su «momento rock») llevaba una camiseta encima de esa de Kafka cuyo dibujo era una mancha blanca a la altura del pecho y la palabra MASTURBATE. La presi?n no se hizo esperar: el fot?grafo le impidi? salir con ella y le oblig? a que se la cambiara por otra m?s pol?ticamente correcta.

  • Pronto, pero no lo suficiente

    Todav?a me cuesta creer que sea absolutamente incapaz de, al menos un d?a de estas dos semanas, levantarme a las siete para ir a pasar la ITV del coche. Es como un cuento del absurdo. Luego est?n los s?bados, que es el comod?n, cuando no tengo porqu? madrugar ya que me dan hasta las 12 y 20 para ir a Coslada y pasar all? el tr?mite. Pues bien, por dos s?bados consecutivos he llegado a las doce y media. Soy un completo desastre para los compromisos gubernamentales (hacer el IVA, los libros de la empresa, renovarme el DNI (que va para los diez meses caducado), un nuevo Abono Transportes o los papeleos de una subvenci?n). Son los micro-dramas (denominaci?n facturada por el Croma) que hacen de tu vida un proceso incordioso, pesaroso, insufrible. «Poco a poco», que dir?a Silvia. «Hazte una lista en un cuaderno y empieza por lo que veas m?s importante para ir tachando cosas», que dir?a Fran. «A ver, no te loquees», que dir?a Aldo. «Lec?ntate temprano y ya ver?s c?mo te da tiempo para hacerlo todo», que dir?a mi madre. Por cierto, me olvidaba de la foto que nos hicieron antes de la charla en la Universidad SEK, no os ri?is: Hab?a tambi?n una noticia pero ya no encuentro el enlace, adem?s, estaba toda inventada (lo siento, pero yo no recuerdo haber dicho que el buen estado de la m?sica pop se demuestra con los 40.000 asistentes al FIB; cosa que adem?s, no es cierta, como tampoco lo sea el que me llamen Directora de Comunicaci?n del FIB, o algo parecido). Lo que no cuentan las cr?nicas: Vicente (uno de los chicos que han montado la serie de conferencias y con el que compart? mesa invitada a su «momento rock») llevaba una camiseta encima de esa de Kafka cuyo dibujo era una mancha blanca a la altura del pecho y la palabra MASTURBATE. La presi?n no se hizo esperar: el fot?grafo le impidi? salir con ella y le oblig? a que se la cambiara por otra m?s pol?ticamente correcta.

  • No me abandono (2)

    ?Record?is a El Quitapesares? Recibe su nombre por una casualidad. Ernesto (Gonz?lez), hace varias semanas, mencion? ese nombre ya no s? porqu?. Me gust? y, envi?ndolo a ese retortero que son las anotaciones en mi peque?a libreta de bolsillo, lo escrib? en una p?gina en blanco. D?as despu?s, cuando buscaba en mi bolso el cuadernito para entretenerme mientras se disipaba el mareo en el hall de este motel de Sa?ca, se abri? justo por donde hab?a realizado la anotaci?n y all? mismo me puse a dibujar el camarero que parec?a velarme desde lejos, tras haberme preparado varios remedios caseros que calmaran mis tripas. Algunos de vosotros conoc?is la casa de Soma?n, para mi es como una mansi?n, su lujo es su historia, los recuerdos, la historia amarrada en sus paredes. All? me siento bien, aunque el piso de arriba (el tercero, la azotea, o «el palomar» como lo llama mi padrino, con el mismo nombre que Aldo llama a la buhardilla de la calle Tesoro) me de algo de miedo y uno -solo- se sienta all? extra?amente acompa?ado. Ese fr?o silencioso de Soria te ayuda a pensar, te incita a seguir adelante, a hacer cosas sin barullo, con calma. Hubiera sido feliz del todo all? si la cabeza no me hubiera dolido tanto, hasta el punto de asustarme, de marearme y de preocupar a mi amigo m?s R?pido, el cartunista m?s veloz de la meseta espa?ola, quien, en casi una hora, se plant? en la tierra de castillos para rescatarme cuando yo ya intentaba calcular a cu?ntos kil?metros del hospital m?s cercano deb?a encontrarme y si ser?a capaz de conducir hasta all?. El domingo al mediod?a ya estaba en Canillejas, habiendo domado el dolor y mediodispuesta a asistir a una comida familiar que me deparar?a m?s sorpresa y disgusto del que podr?a imaginar: mi madre se atragant? (muy seriamente, sin poder respirar) y mi padrino se desmay?, perdiendo el conocimiento. Se me cay? el mundo encima, despu?s del fin de semana pensando que podr?a morirme de cualquier cosa en el cerebro de un instante a otro, en dos minutos v? en peligro la vida de mis dos «mayores» m?s cercanos. Alfredo, mi padrino, se desvaneci? en mis brazos, mientras apretaba sus labios con fuerza y manten?a sus ojos abiertos aunque ciegos, fijos en un punto mas all? de todo lo que ten?a enfrente, incluida yo. Llamamos al 061 y, poco a poco, todo se fue calmando. El martes, en el m?dico m?gico, le cont? lo ocurrido a Mercedes, su asistente, ese ?ngel risue?o y seguimos hablando de la muerte, de c?mo ocurren todas estas cosas, precisamente as?, precisamente ahora. Ella me quit? el dolor de cabeza. O me lo quit? yo misma, no lo s?. El caso es que, muy conscientemente, cosnegu? que se fuera, despu?s de que se huiera instalado en mi cabeza durante semanas y el m?dico de cabecera, lo ?nico que hiciese por m? fuera firmarme una receta de un antiinflamatorio. Ese d?a ten?a la impresi?n de que lo que estaba viviendo a?n lo estaba viviendo. No s? si me explico bien: que nada hab?a terminado; no respiraba aliviada. Ahora me doy cuenta porqu?. Al d?a siguiente recib? una llamada de mi padrino que comenz? con una bronca por un motivo mec?nico de mi coche y que acab? (mi padrino es as?, dice las cosas de una manera extra?a, a veces no s? qu? o a qui?n proteje) con el anuncio de la muerte de mi t?o Lu?s Fraguela la noche anterior. ?l y mi madre se ir?an a Cor?a un par de horas despu?s, para asistir al funeral y al entierro y estar cerca de mi t?a Irene, su viuda, hermana mayor de mi madre. Hac?a tiempo que no sab?a nada del estado de Lu?s, aunque llevaba postrado mucho tiempo. Hac?a a?os que no les iba a ver, desde antes de perder la cordura, cosa que hab?a perdido, quiz?s incluso antes, que la verticalidad. A muchos de vosotros os he contado las cinco o seis an?cdotas que definen bien a mi t?o Lu?s, mi t?o el de la aldea, como le llam?bamos para diferenciarle de mi otro t?o Lu?s, Lu?s Montero, hermano de mi madre, y que tambi?n usar?a el resto de mi familia para diferenciarle as?miso de mi padre, tambi?n Lu?s, que deb?a ser, supongo «el de Carmen» (aunque, casualidades del destino, o de los nombres comunes, la ex esposa de mi t?o Lu?s tambi?n se llamaba Carmen). Mi t?o Lu?s era el que le gritaba a mi t?a Angustias, antes de que consiguiera cazar a la mayor de las hijas de Manuel Montero, cuando aquella estaba dentro de un autob?s, muerta de verg?enza, mientras todos le miraban, «dille a t?a hirm?n, que aqu? queda un home, que suspira por ellha» (que me perdonen -y me corrijan- los dos gallegos que me leen, que escribirlo no s?). El mismo que, abriendo la puerta del ba?o de Santa Margarita (la casa de mis abuelos) encontr? un ladr?n entrando por la ventana y, sin plantearse qu? pudiera estar haciendo ese se?or con una pierna dentro y otra fuera de la casa, se disculp? cerrando la puerta de nuevo y diciendo «Bos d?as». He mencionado a mi t?a Angustias, pese a que mi madre tiene once hermanos, quiz?s es ella a la que m?s quiero de entre todas mis t?as. A Mercedes, que emigr? a Inglaterra en los sesenta, tambi?nla quiero mucho, pero m?s bien la admiro, porque es fuerte y emprendedora, muy parecida a mi madre. En cambio a Angustias la quiero quiz?s porque se me hace tierna y peque?ita. Ni ella ni su marido, mi t?o Milocho (pese a que se lo he preguntado mil veces no s? porqu? le llaman as?; alguna vez me ha dicho que ?l es Milocho porque no es Milsiete, ni Milnueve) pudieron ir a la aldea (San Adri?n de Veiga, cerca de Ortigueira)porque Emilio, «Milocho», tuvo que ser ingresado en el Hospital. Mi madre ha decidido quedarse all? unos d?as, hasta que se sepa porqu? no puede respirar, porqu? se ahoga, porqu? no se recupera del todo. Ahora mismo estoy en la oficina, me demoro aposta sin ganas de ir a casa, intentando decidir si ma?ana por la ma?ana cojo el coche y enfilo la A-6, tarde lo que tarde, cueste lo que cueste, aunque al d?a siguiente tenga que hacer otros 601 kil?metros en sentido contrario. A veces las distancias son m?s claustrof?bicas que las estrecheces. Ah? abajo, en la plaza de callao, la gente se agolpa a la caza de los famosos que entran al estreno de la pel?cula de Frida Kahlo. ?Ser? por Salma? No entiendo ese intercambio de fr?o, empujones, apretones y tumulto por unos segundos de contemplaci?n de los rostros «en la realidad» de esos actores cotidianos de tu sala de estar, de tu cuarto del televisor o de tus cines habituales.

  • No me abandono

    No os abandono, me abandono. Quise escribir cuando hu? -s?, me march? huyendo- el jueves pasado a Soma?n pero el dolor de cabeza me aconseja usar lo menos posible el ordenador. Maldito dolor, insorportable punzada en el centro, un poco a la derecha, de la parte posterior de mi cr?neo. Como explican en esta web la palabra Soma?n es de ra?z ?rabe y significa dos torres gemelas o tambi?n, seg?n la forma en la que est? escrita, manantial que nace en las alturas. Quiz?s en busca de ese torrente cog? mi coche y enfil? la Nacional II, con dos d?as de vacaciones en el bolsillo. En el trayecto de ida tuve que hacer un alto en un sitio que espero no olvidar nunca: la salida de la autopista hacia Sa?ca, en la provincia de Guadalajara, me promet? volver un d?a para saldar una cuenta y conocer el pueblo. En el Motel Sa?ca conoc? al que, providencialmente, llam? «El Quitapesares». Me detuve en una gasolinera para repostar y, al salir del coche, comenc? a darme cuenta de lo mareada que estaba. Tras llenar el tanque fui a incorporarme a la autopista pero, antes de salir del ?rea de servicio, me d? cuenta que necesitaba, como poco, una manzanilla. As? que aparqu? delante del restaurante y me ped? una infusi?n. Hoy ya no puedo, ma?ana os segu?r? contando la historia de El Quitapesares.