{"id":2002002145,"date":"2017-08-21T20:12:05","date_gmt":"2017-08-21T18:12:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog\/?p=2002002145"},"modified":"2017-08-23T23:30:13","modified_gmt":"2017-08-23T21:30:13","slug":"melilla-ciudad-jaula","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/2017\/08\/21\/melilla-ciudad-jaula\/","title":{"rendered":"Melilla, ciudad-jaula"},"content":{"rendered":"<p>Hay poco que hacer en Melilla por las tardes salvo dar el rule. El melillense se coge el coche y tira arriba y abajo, gastando gasolina, echando el rato. Pero el d\u00eda es largo y los kil\u00f3metros escasos. Sobre el mapa, la ciudad aut\u00f3noma es un abanico de 12,5 kil\u00f3metros cuadrados. Todo est\u00e1 a cinco minutos de coche: a dos minutos, la biblioteca; a tres, el Lidl; a cuatro, el campo de golf.<\/p>\n<p>Como si formara parte de un espect\u00e1culo de David Copperfield, tiene la ciudad la asombrosa cualidad de invisibilizar algunos de sus escenarios. Al igual que el mago hizo desaparecer la Estatua de la Libertad a la vista de todos, dicen los melillenses que la valla que separa Espa\u00f1a de Marruecos no la ven.<\/p>\n<p>Por mucha importancia que le quieran quitar, los doce kil\u00f3metros de valla acompa\u00f1an al conductor durante el rule, a la familia que acude el domingo a asar sus pinchitos en los pinos, al espor\u00e1dico golfista, al turista de frontera, a los chavales del barrio de La Ca\u00f1ada que se juntan para jugar al f\u00fatbol, a los vecinos marroqu\u00edes y, m\u00e1s que a ning\u00fan otro, a las personas migrantes que pernoctan en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI).<\/p>\n<p>Melilla es una jaula; de un lado el mar y, del otro, la valla. Hay for\u00e1neos que dicen que no lo notan, que se acostumbra uno a vivir en una caja. Hay otros que se compran una casa en la pen\u00ednsula, o que llevan a sus hijos a un dentista en M\u00e1laga solo para salir de la jaula un rato. Solo hay tres maneras legales de escapar: por los pasos de frontera hacia Marruecos, con una tarjeta de embarque en el aeropuerto o comprando un billete de ferry que cruce el mar de Albor\u00e1n. Pero ir a la pen\u00ednsula es caro y Marruecos no le gusta a todo el mundo. Por eso hay muchos que no salen nunca de Melilla. Para qu\u00e9.<\/p>\n<p>La valla le ha dado a Melilla un repunte del turismo arquitect\u00f3nico, que viene m\u00e1s a verla a ella que a los hermosos y decadentes edificios modernistas de Enrique Nieto. Los melillenses le hablan al turista de una \u00abMelilla de verdad\u00bb: la que no sale en la prensa. La Melilla de verdad, dicen, es la de los puestos de comida en el Rastro, las maravillosas playas y el pintoresco parque Hern\u00e1ndez. Est\u00e1n hartos, dicen, de que de Melilla solo se hable de la valla, del CETI, de los menores extranjeros que pululan por la ciudad y de los porteadores de mercanc\u00eda por los pasos fronterizos. Los melillenses querr\u00edan poder traspasar a los forasteros sus poderes de David Copperfield para que la frontera fuera tambi\u00e9n invisible para los visitantes.<\/p>\n<p>La fortificaci\u00f3n de la frontera sur de Europa es tambi\u00e9n una cobertura inevitable para los periodistas del ramo, que no eluden solicitar a la Guardia Civil una visita guiada a la valla. La benem\u00e9rita lo hace de buen grado, como parte de sus obligaciones cotidianas. Hay 800 guardias civiles en Melilla y la mayor\u00eda son de la ciudad, muchos de ellos por tradici\u00f3n familiar.<\/p>\n<p>Por su pasado y por su presente, Melilla es un lugar muy castrense, muy de sus h\u00e9roes y sus batallas. La \u00faltima estatua de Franco en un lugar p\u00fablico se encuentra dando la bienvenida a los viajeros que desembarcan en el puerto. Soldados, legionarios, alf\u00e9reces, aviadores y en general militares de todo rango aparecen honrados en esculturas y placas. El rostro de Mill\u00e1n Astray saluda a los conductores desde un mural de azulejo en el camino hacia Cabrerizas, a las afueras.<\/p>\n<p>Melilla tiene una poblaci\u00f3n de 80.000 personas y hay otros 30.000 que vienen y van. Quitando el atolladero de los pasos fronterizos colapsados por lo que aqu\u00ed llaman comercio at\u00edpico \u2014que no es otra cosa que contrabando de mercanc\u00edas aprovechando la permisividad del equipaje de mano\u2014, la ciudad deber\u00eda ser un hormiguero junto al que hubiera ca\u00eddo un trozo de tarta. Pero no es as\u00ed. Se pasea poco por las calles, se compra lo m\u00ednimo, se sale lo justo. Se aparca f\u00e1cil en el centro, siempre hay sitio en las terrazas y las colas se forman, como mucho, en las farmacias. Pronto se abrir\u00e1 el primer centro comercial de Melilla, a las afueras. \u00abLo que le faltaba a Melilla, ir a pasear bajo techo\u00bb, se queja un joven, que adem\u00e1s vaticina que la jugada trasladar\u00e1 las pocas tiendas de franquicias al centro comercial y destruir\u00e1 el comercio local.<\/p>\n<p>Melilla es una ciudad frontera que se niega a aceptar la porosidad propia de un cruce de caminos. Se siente insular, se agarra a su identidad, se cuenta un relato que difiere tanto de la realidad como lo hace el gui\u00f3n de una pel\u00edcula Disney del cuento de los hermanos Grimm que adapta.<\/p>\n<p>En el centro, muy cerca de la plaza de Espa\u00f1a, hay un bazar que vende babuchas, joyer\u00eda bereber, t\u00e9 moruno, cajas m\u00e1gicas y marroquiner\u00eda. Como cualquier otra tienda de regalos, ofrece al cliente un expositor de imanes para la nevera como recuerdo de Melilla. Entre las im\u00e1genes de fachadas decimon\u00f3nicas, el puerto deportivo o la ciudad vieja, aparece una foto de la valla con personas migrantes encaramadas a ella y un guardia civil trepando por una escalera. A los dependientes no les escandaliza: es lo que hay, no lo vamos a esconder, dicen. El im\u00e1n del salto a la valla cuesta tres euros.<\/p>\n<p>Hay una cuarta manera de escapar de la jaula, que es la que utilizan las personas migrantes menores de edad o muy j\u00f3venes que no quieren o no pueden esperar un traslado a la pen\u00ednsula de manera legal. Ellos lo llaman hacer el risky y consiste en colarse al puerto para meterse en un ferry. Las navieras Balearia y Armas cosen diariamente las costas de Europa y \u00c1frica, y son la v\u00eda de escape, para estos polizones, de una ciudad en la que solo est\u00e1n de paso.<\/p>\n<p>Balearia, Armas, risky, ferry, barco, Motril-Granada-M\u00e1laga-Algeciras forman parte del primer vocabulario de estas personas migrantes. Una ristra de palabras esperanzadoras al que le agregan un insha&#8217;All\u00e1h para construir una frase con sentido, que viene a querer decir algo as\u00ed como que si Dios quiere podr\u00e9 colarme en un barco que me lleve a la pen\u00ednsula.<\/p>\n<p>Si consiguen entrar al puerto saltando la verja o agarr\u00e1ndose a los bajos de un cami\u00f3n, con un mucho de suerte podr\u00edan llegar hasta los ferrys, escondi\u00e9ndose de la Guardia Civil y la Polic\u00eda Nacional. Dentro del barco, hay mil sitios en los que un chico peque\u00f1o y escurridizo podr\u00eda ocultarse. En el ferry, ellos pueden ser tan invisibles para los viajeros como la valla para los melillenses.<\/p>\n<p>Eso s\u00ed, los polizones deber\u00edan evitar la cubierta, donde los animadores organizan un concurso de mises entre los viajeros, los cuales bailan los hits machacones que pincha el dj desde su cabina, junto a la piscina. El ferry de Armas es una iniciaci\u00f3n tanto al falso lujo de los cruceros, como a la Espa\u00f1a que les espera a los chavales del risky: una celebraci\u00f3n de la desigualdad, un poco cutre, un poco hortera; machacona, sin duda.<\/p>\n<hr \/>\n<p>Art\u00edculo <a href=\"http:\/\/www.playgroundmag.net\/noticias\/actualidad\/melilla-porcausa_0_2004999501.html\">publicado originalmente en Playground el 6 de julio de 2017<\/a>.<\/p>\n<p>Foto de Ignacio Mar\u00edn.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay poco que hacer en Melilla por las tardes salvo dar el rule. El melillense se coge el coche y tira arriba y abajo, gastando gasolina, echando el rato. Pero el d\u00eda es largo y los kil\u00f3metros escasos. Sobre el mapa, la ciudad aut\u00f3noma es un abanico de 12,5 kil\u00f3metros cuadrados. Todo est\u00e1 a cinco [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2002002146,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[],"tags":[],"class_list":["post-2002002145","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2002002145","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2002002145"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2002002145\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2002002147,"href":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2002002145\/revisions\/2002002147"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2002002146"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2002002145"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2002002145"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2002002145"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}