{"id":2002003427,"date":"2020-06-20T16:33:40","date_gmt":"2020-06-20T14:33:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog\/?p=2002003427"},"modified":"2020-06-23T16:41:05","modified_gmt":"2020-06-23T14:41:05","slug":"diario-del-coronavirus-81-asciende-la-curva-de-la-excitacion","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/2020\/06\/20\/diario-del-coronavirus-81-asciende-la-curva-de-la-excitacion\/","title":{"rendered":"Diario del coronavirus (81): Asciende la curva de la excitaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>All\u00e1 donde voy (una cl\u00ednica dermatol\u00f3gica, un bar, una tienda de c\u00f3mics) pregunto a los empleados qu\u00e9 han hecho en los \u00faltimos tres meses. Y a la vuelta de cada historia siempre aparec\u00eda el mismo personaje: <a href=\"https:\/\/www.eldiario.es\/nidos\/idea-loca-resistencia-limitada_0_1026448454.html\">el ERTE<\/a>. Una peluquera me lo explic\u00f3 de tal manera que parec\u00eda su compa\u00f1ero de piso: \u201cmi chico, yo y el ERTE\u201d. Entend\u00ed que ah\u00ed estaban los tres, confinados. Podr\u00edan haber sido cuatro, pero al chico lo teletrabajaron. Me contaba su novia, mientras nos ve\u00edamos reflejadas en el espejo, que ya no quer\u00eda volver a la oficina, que estaba feliz en su casa. Sus jefes, al aparecer, hab\u00edan medido la productividad de los empleados a distancia (\u00e9l trabaja en el sector financiero) y hab\u00edan descubierto que esta hab\u00eda mejorado en estos dos meses. Lo que ellos no saben pero yo s\u00ed (no sab\u00eda la chica a qui\u00e9n estaba haciendo confidencias) es que el novio trabajaba lo suyo superr\u00e1pido para sacar m\u00e1s tiempo libre para los videojuegos. La conclusi\u00f3n es que todos estaban m\u00e1s felices: los jefes por el excelente rendimiento, el chaval con el tiempo en transporte que se ahorraba, que directamente se invert\u00eda en la consola, y ella, que de no verse apenas, ahora se ten\u00edan m\u00e1s a mano. La conversaci\u00f3n termin\u00f3 con un deseo, por parte de ella, de que en un futuro pr\u00f3ximo se instaurara el teletrabajo de manera regular y no extraordinaria. por mi parte, le record\u00e9 que el empresario se est\u00e1 ahorrando unas gastos considerables que ellos est\u00e1n aportando: \u00bfqui\u00e9n paga la electricidad, la conexi\u00f3n a internet, el gas, la calefacci\u00f3n, el desgaste de la vivienda? Exceptuando el wifi (al parecer el chico com\u00eda un considerable ancho de banda) todo lo dem\u00e1s no le importaba ponerlo de su bolsillo (me dio a entender con un gesto) para que su chico siguiera trabajando en pijama. Dije que la entend\u00eda. Cuando acaben las prevenciones y finalice esta etapa de teletrabajo, tendr\u00e9 que volver a la oficina en un pueblo de Madrid y meterle dos horas diarias al metro. Ahora mismo, se me hace la cosa m\u00e1s absurda del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde que <a href=\"https:\/\/www.eldiario.es\/nidos\/escuela-casa-hecha_0_1005099933.html\">quit\u00e9 la alarma de los despertadores<\/a> al principio del confinamiento, no la he vuelto a poner, a excepci\u00f3n de un d\u00eda que me tuve que pegar un madrug\u00f3n. Descubr\u00ed que el cuerpo se levantaba \u00e9l solito cuando tocaba, sin hacer alardes, y pude prescindir del caf\u00e9 de la ma\u00f1ana (al que mi cuerpo reaccionaba con violencia) para reanimarme. He pasado sentada delante del ordenador muchas m\u00e1s horas de las que me gustar\u00eda pero no me ha quedado otro remedio, peor hubiera sido no tener trabajo. En la gesti\u00f3n de los espacios he de decir que mis jornadas laborales han provocado que monopolizara el uso del estudio com\u00fan, el cuarto en el que tenemos el mejor ordenador de la casa, as\u00ed como nuestros libros y otros cachivaches. Cuando Alberto ten\u00eda que hacer algo, pr\u00e1cticamente me lo ped\u00eda con un hilito de voz: \u201c\u00bfpodr\u00eda usar el ordenador&#8230;?\u201d. Yo me levantaba y le dejaba el asiento abombado y caliente, as\u00ed como mis cuadernos desperdigados por la mesa. A vece no hab\u00eda terminado, as\u00ed que me cog\u00eda el port\u00e1til (que va regular, pero tira) y me sentaba en el balc\u00f3n a escribir estas p\u00e1ginas del diario. Me parece que se notan las historias que est\u00e1n escritas ah\u00ed afuera: tiene aire, est\u00e1n manchadas de la vida que pasa, respiran mejor. Las de adentro creo que se reconcomen a s\u00ed mismas, que giran sobre una misma idea, que unos d\u00edas languidecen y otros se llenan de rabia. El otro d\u00eda Alberto me pregunt\u00f3: \u201c\u00bfa qu\u00e9 hora vas a salir de tu jaula?\u201d, que me parece que es una expresi\u00f3n lo suficientemente expl\u00edcita.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ayer sal\u00ed de mi jaula un rato a las siete para darle un regalo de cumplea\u00f1os a A. en nombre del grupo Acci\u00f3n Mojitos. A las que no pudieron venir las llamamos por videoconferencia desde la terraza de un bar. A M. la pillamos en el metro de vuelta a casa desde su trabajo. A M., en una largu\u00edsima jornada de teletrabajo desde su cama y medio en pijama, me pareci\u00f3, un poco como el novio de la peluquera. Todas las del grupo estaban agotadas por el trabajo o dedicadas al cuidado de sus hijos (y, en cierta manera, tambi\u00e9n agotadas). Mientras tom\u00e1bamos una ca\u00f1a, apareci\u00f3 J., un amigo de A., con un ramo de flores. J. nos cont\u00f3 una de estas historias maravillosas de convivencia a la fuerza por culpa del coronavirus: su pareja, que vive en otro pa\u00eds, tuvo que alargar lo que era una visita de unos d\u00edas a varias semanas, hasta que le permitieron volver. El piso de J. es min\u00fasculo. \u201cEs una de esas situaciones en las que o te va fenomenal o el otro vuelve a su pa\u00eds en un ata\u00fad\u201d, dijo, con una elocuente dosis de humor negro. Poco se ha hablado de c\u00f3mo afecta el confinamiento al amor. Estoy deseando ver las cifras de divorcios el a\u00f1o que viene. Mi amiga R. lo ha definido muy bien \u201cqu\u00e9 gana de vernos un poco menos\u201d. No es de extra\u00f1ar que haya quien celebre la vuelta a la oficina como un espacio de distanciamiento ya no personal o social, sino mental. Colocar el cerebro en otro lugar, durante unas horas, aunque sea en un trabajo explotador, no suena tan mal.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:right\"><em><a href=\"https:\/\/www.eldiario.es\/nidos\/Asciende-curva-excitacion_0_1039747028.html\">Sigue leyendo en eldiario.es<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>All\u00e1 donde voy (una cl\u00ednica dermatol\u00f3gica, un bar, una tienda de c\u00f3mics) pregunto a los empleados qu\u00e9 han hecho en los \u00faltimos tres meses. Y a la vuelta de cada historia siempre aparec\u00eda el mismo personaje: el ERTE. 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