{"id":2002003994,"date":"2024-11-09T17:28:38","date_gmt":"2024-11-09T15:28:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog\/?p=2002003994"},"modified":"2024-11-29T17:36:07","modified_gmt":"2024-11-29T15:36:07","slug":"te-cuento-lo-que-me-conto-cristina-duran","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/2024\/11\/09\/te-cuento-lo-que-me-conto-cristina-duran\/","title":{"rendered":"Te cuento lo que me cont\u00f3 Cristina Dur\u00e1n"},"content":{"rendered":"\n<p>A Cristina Dur\u00e1n le desahoga hablar. Nueve d\u00edas despu\u00e9s de que la DANA se desatara en Valencia, habla por tel\u00e9fono con elDiario.es. Desahogar es un verbo particular en estas circunstancias. Tiene parte de met\u00e1fora y parte de agua que sale de sitios en donde no deber\u00eda de estar.<\/p>\n\n\n\n<p>Intentamos ponernos en contacto con ella dos d\u00edas despu\u00e9s del desastre, pero era demasiado pronto. Las comunicaciones no eran buenas y hab\u00eda mucho trabajo esencial por hacer, antes de hablar. Ahora es m\u00e1s f\u00e1cil, y a Cristina le sirve.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristina Dur\u00e1n, de 54 a\u00f1os, es dibujante y fue galardonada con el Premio Nacional del C\u00f3mic en 2019 por <em>El d\u00eda 3, <\/em>una obra sobre el accidente del metro de Val\u00e8ncia en 2006, en el que murieron 43 personas. Ahora, todo el mundo espera que Cristina coja el l\u00e1piz y dibuje lo que est\u00e1 viviendo estos d\u00edas, desde su casa arrasada en Benet\u00fasser. Una cat\u00e1strofe en la que ya se cuentan 223 muertos. Pero primero hay que terminar de limpiar, y alg\u00fan d\u00eda volver a comprar papel.<\/p>\n\n\n\n<p>Las p\u00e9rdidas de Cristina, su familia y sus compa\u00f1eros de trabajo han despertado una ola de solidaridad en el mundo del c\u00f3mic. Han recibido bizums espont\u00e1neos y muchas compras de l\u00e1minas con un servicio deslocalizado, gracias a una tienda online que providencialmente mont\u00f3 este verano. De hecho, su historia est\u00e1 llena de providencias que ayudan a que sus p\u00e9rdidas hayan sido \u00fanicamente materiales. Pero conviene empezar esta historia desde el principio.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda antes del desastre, el lunes, Cristina ya estaba mosqueada. Ese d\u00eda, por la tarde, suspendieron las clases en la Universidad de Valencia, por lo que su hija peque\u00f1a se qued\u00f3 en casa. No es raro. Pero la mayor, que tiene par\u00e1lisis cerebral y acude cada d\u00eda a un centro de d\u00eda en Torrent, volvi\u00f3 m\u00e1s pronto por la tarde porque el Ayuntamiento decret\u00f3 que acabaran las actividades. \u201cQue cierren todo a las tres es un poco\u2026 como que viene fuerte. En octubre siempre tenemos la gota fr\u00eda, varios d\u00edas de lluvia muy a lo bestia. Por eso siempre se dice que aqu\u00ed llueve mal, en lugar de caer normal. Estamos habituados pero si cierran todo, te pone en alerta\u201d, dice.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que hizo crecer su extra\u00f1eza fue mirar al cielo y no ver lluvia. Los valencianos miran caer y van controlando. Pero Benet\u00fasser, aunque oscuro y ventoso, estaba seco. De repente, se fue la luz en el barrio. La gente del s\u00faper cercano, sali\u00f3 a la calle. Y una hora despu\u00e9s, alguien grit\u00f3: qu\u00e9 viene el agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristina Dur\u00e1n, Miguel \u00c1ngel Giner y sus dos hijas viven en un bajo. El local contiguo lo convirtieron hace quince a\u00f1os en su estudio de trabajo y <em>coworking <\/em>para otros creadores, La Gr\u00faa Studio: Fernando Ortu\u00f1o, que hace dise\u00f1o expositivo, y Musilla Studio, formado por Fran y Elena para realizar papeler\u00eda de boda. El local tiene un altillo y la vivienda, un piso elevado. Y varias alturas m\u00e1s arriba, adem\u00e1s, viven los padres de Miguel \u00c1ngel. Mucha familia y amigos viven alrededor. Es la vida tranquila, afectuosa, c\u00e1lida, de un pueblo cercano a Val\u00e8ncia. Y entonces Fran, que estaba en el supermercado esperando a que regresara la luz, escuch\u00f3 c\u00f3mo la gente advert\u00eda que estaba llegando el agua, pero no del cielo sino de los otros pueblos, y volvi\u00f3 corriendo al estudio para levantar los ordenadores del suelo.<em>photo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Miraron la enorme fotocopiadora nueva que acababa de comprar, \u00bfqu\u00e9 hacer con ella? La envolvieron. Despu\u00e9s subieron deprisa a casa de Cristina y cogieron las mantas y los edredones y los presionaron contra el umbral de la puerta. Ya no hab\u00eda internet, ni WhatsApp, ya no hab\u00eda tel\u00e9fono. Se encerraron dentro de la casa Cristina, Miguel \u00c1ngel, Fran, las hijas y una amiga de la peque\u00f1a, que sal\u00eda de clase de ingl\u00e9s y ya no pudo volver a Massanassa, a solo dos kil\u00f3metros m\u00e1s al sur.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces, el agua. \u201cPero una cosa, vamos, incre\u00edble. Imag\u00ednate cuatro edredones m\u00e1s todas las toallas de la casa, m\u00e1s todas las mantas, y el agua entraba a chorro. Era una cosa impresionante. Empez\u00f3 a salir tambi\u00e9n por el sumidero de la ducha. Lleg\u00f3 un momento en el que vimos que era imparable\u201d, recuerda.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es en ese momento cuando Cristina reacciona y casi sin pensarlo va a un armario y coge los papeles de Hacienda, los de la casa. Papeles que salvar. Solo el fuego y el agua destruyen el papel. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s cosas?, tiene que pensar r\u00e1pido. Algo para comer. Agua. La medicaci\u00f3n de su hija mayor. Pa\u00f1ales. Comida para la gata. La gata. A partir de ah\u00ed, solo pudieron mirar.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el piso de arriba miraban el agua marr\u00f3n ascendiendo, desde las ocho hasta pasada la medianoche. Subir, subir, subir. Asomados a la ventana ve\u00edan el agua comi\u00e9ndose el coche. \u201cEra dantesco todo\u201d, dice. Dantesco viene de Dante. En el infierno que describe en la <em>Divina comedia,<\/em> los condenados que pasan por el tercer c\u00edrculo del inframundo se arrastran por un fango maloliente bajo una tormenta infinita de lluvia y granizo. Durante siete siglos, dantesco es la mejor palabra que encontramos para hacernos una idea de lo que es un infierno en la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>De madrugada, el agua empez\u00f3 a bajar. En la calle llegaba a los tobillos, pero dentro de casa, donde se hab\u00eda formado una piscina de fango, hasta la rodilla. Cuando se atrevieron a bajar, se encontraron con los c\u00f3mics de su biblioteca flotando por el comedor. \u201cLa biblioteca de toda una vida. Los c\u00f3mics que Miguel \u00c1ngel se compr\u00f3 con 14 a\u00f1os. Mi colecci\u00f3n de los a\u00f1os 80 que ten\u00eda desde los 15. Habremos perdido como el 70% de todo\u201d, valora Cristina. Precisamente, a Miguel \u00c1ngel le hab\u00eda dado este verano la fiebre, como a muchos aficionados a los tebeos \u00faltimamente, por el Whakoom, una app para llevar el control de la colecci\u00f3n. Cristina estaba ya harta del sonido de la campanita cada vez que su marido a\u00f1ad\u00eda uno, con el m\u00f3vil en la mano. El d\u00eda que tenga fuerzas para mirarlo, Giner sabr\u00e1 exactamente cu\u00e1ntos ha perdido.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristina se apena, pero lo justo. Al lado de las desgracias que ha habido, se puede sentir afortunada. \u201cEn perspectiva, hemos tenido mucha suerte\u201d, afirma. Han perdido electrodom\u00e9sticos, muebles, el sof\u00e1, los primeros originales de su carrera como ilustradora, pero no los \u00faltimos, no las p\u00e1ginas de sus premiados c\u00f3mics, que estaban en un mueble archivador en el piso alto. El mundo del c\u00f3mic se ha volcado con ellos y muchos editores se han ofrecido a reponerles las copias perdidas. \u201cEsperad, que primero habr\u00e1 que pintar y volver a poner estanter\u00edas\u201d, les dijo. Y un suelo nuevo en el estudio, que ha quedado destrozado. De la fotocopiadora nueva, ni hablamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Volvamos a la noche sin luz, con las seis personas esperando en casa. \u00bfCon qu\u00e9 alumbrarse? Cristina busc\u00f3 todas las velas que ten\u00eda de los cumplea\u00f1os y las encendi\u00f3. No hab\u00eda otra cosa. A veces consegu\u00edan mandar un SMS, pero casi siempre les saltaba el mensaje de \u201cno enviado\u201d. Lo que les salv\u00f3 de la incomunicaci\u00f3n total fue tener una radio con pilas. Empezaron a achicar agua y esa ser\u00eda su vida las tres primeras horas en las que el r\u00edo de barro empez\u00f3 a bajar lentamente de las paredes de Benet\u00fasser, y as\u00ed seguir\u00eda siendo los tres d\u00edas siguientes. Sin agua, sin luz, sin gas, sin electricidad.<em>photo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTodo, todo, todo, todo lleno de agua y de barro. Cuando \u00edbamos al v\u00e1ter, lo limpi\u00e1bamos con agua de la que sac\u00e1bamos de la casa. Una cosa tremenda. Una barbaridad\u201d. Pero al tercer d\u00eda hubo una electricidad, un suministro, un recurso energ\u00e9tico que de golpe se encendi\u00f3 y empez\u00f3 a funcionar: la solidaridad. \u201cA partir del tercer d\u00eda empez\u00f3 a venir la riada de gente. Llegaban por la Pasarela de Solidaridad\u201d. Alguien llam\u00f3 a la puerta. \u201cAbro y me encuentro con mi sobrino, de 22 a\u00f1os, que ha venido andando desde Valencia, hora y media. Se vino con dos amigos que nos ayudaron un mont\u00f3n. Pero es que, a partir de ese momento, han sido d\u00edas de r\u00edos y r\u00edos de gente, cargados con escobas, con comida, con mochilas, con zapatos, con botas. O sea, ha sido la gente. La gente. Porque aqu\u00ed no ha llegado otra ayuda\u201d, afirma Cristina.<\/p>\n\n\n\n<p>La artista est\u00e1 enfadada con los pol\u00edticos al mando. Se enerva cuando habla de ello. \u201cLa gesti\u00f3n de la Generalitat ha sido nefasta, o sea nefasta, nefasta y nefasta\u201d, reitera, y se\u00f1ala una imagen que ha explicado tanta gente que es ya un s\u00edmbolo: \u201cMe lleg\u00f3 la alarma en el m\u00f3vil cuando ten\u00eda ya el agua en los pies. Te llega y hasta te ofendes. \u00bfMe est\u00e1s mandando una alarma de que viene una DANA y que me quede en casa cuando ya tengo el agua en casa?\u201d. \u201cEs que no lo acabo de entender. Se podr\u00edan haber salvado muchas vidas si se hubiera gestionado de otra manera\u201d, afirma.<em>photo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Los vecinos de Benet\u00fasser se pasaban agua los unos a los otros, se intercambiaban comida, aceptaban la ayuda que desconocidos les tra\u00edan. Los camiones militares aparecieron por all\u00ed una semana despu\u00e9s. Antes que los soldados, aparecieron los periodistas. Un reportero le cont\u00f3 a Cristina que, en la televisi\u00f3n, las cat\u00e1strofes se ven magnificadas, \u201cque luego igual vas al terreno y no es tanto\u201d pero en Val\u00e8ncia, ha sido al rev\u00e9s: al llegar era peor. \u201cHay gente que todav\u00eda est\u00e1 encerrada en casa porque se han apilado seis o siete coches bloqueando las entradas, los vecinos les llevan la comida\u201d, dice. O la librer\u00eda Somnis de Paper de Benet\u00fasser contra cuya luna se empotr\u00f3 un coche y una tromba de agua arras\u00f3 con todo.<\/p>\n\n\n\n<p>El mi\u00e9rcoles por la ma\u00f1ana, mientras sacaban barro, en casa de Cristina revivieron el susto. Alguien se paseaba por las calles voceando, en nombre del Ayuntamiento, que tuvieran cuidado porque se iban a abrir unas compuertas de embalses para evitar su rotura, y eso podr\u00eda hacer crecer de nuevo el agua. \u201cAh\u00ed s\u00ed que pas\u00e9 mucho miedo porque como ya hab\u00edamos pasado una noche de horror, dijimos: otra vez\u201d. Esta vez, fueron a por los ordenadores y los llevaron a la casa de los suegros. Cogi\u00f3 un par de bolsas y pens\u00f3: \u201cLo que me quepa en ellas\u201d. Se dirigi\u00f3 hacia el mueble de sus originales y agarr\u00f3 tres de <em>El d\u00eda 3,<\/em> dos de<em> Mar\u00eda la jabalina<\/em> y unas caricaturas de su abuelo que dibujaba muy bien. \u201cHice como una recogida simb\u00f3lica\u201d, dice. Los papeles de Hacienda, la licencia del estudio, los negativos de sus fotograf\u00edas. Por suerte, es una mujer ordenada, sab\u00eda d\u00f3nde estaban esas cosas. Y todo eso lo llev\u00f3 lo m\u00e1s alto que pudo. Finalmente, no lleg\u00f3 la segunda ola.<em>photo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La hija mayor de Cristina y Miguel \u00c1ngel se comunica con gestos y pictogramas en una tablet. A sus padres les preocupaba que se asustara. \u201cLos primeros d\u00edas nos ten\u00edamos que aguantar para que no nos viera llorar. Le quit\u00e1bamos hierro al asunto. Mira, le dec\u00edamos, tenemos que fregar, que ha entrado agua. Le explicamos con un pictograma que el coche se hab\u00eda roto. Le dec\u00edamos cosas poco a poco y las iba entendiendo\u201d. Pero la tablet se quedaba sin bater\u00eda y ella, acostumbrada a salir a la calle a diario, no comprend\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl primer d\u00eda lo aguant\u00f3 bien, pero el segundo ya estaba renegando, llorando cada dos por tres, pegada a m\u00ed\u201d. Decidieron llevarla a casa de la hermana de Cristina, que no hab\u00eda sido afectada por la riada. Sin suficientes ambulancias para ir a buscarl, sin medio de transporte para llevarla, sencillamente se echaron a la calle a caminar un trayecto que podr\u00eda ser de una hora pero que a ellas les llevar\u00eda seguramente tres. En el camino, por suerte, una furgoneta de Protecci\u00f3n Civil las recogi\u00f3 y las llev\u00f3 hasta el cauce del r\u00edo. Desde entonces, la joven sigue donde su t\u00eda, esperando que su casa vuelve a ser m\u00ednimamente habitable. Adem\u00e1s, puede acudir cada d\u00eda a un centro de d\u00eda especial que la Cruz Roja ha improvisado en el antiguo colegio de ella. \u201cLa chiquilla est\u00e1 ahora feliz\u201d, dice Cristina.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos valencianos, supervivientes de esta cat\u00e1strofe, han adquirido una nueva habilidad: prepararse para vivir en la posibilidad de la emergencia. Hay varias cosas que Cristina Dur\u00e1n sabe qu\u00e9 har\u00e1: instalar puertas herm\u00e9ticas, tener siempre una radio con pilas, linternas, un Campingaz, un kit de seguridad en el coche para cortar el cintur\u00f3n y romper el cristal, m\u00e1s pur\u00e9s y pa\u00f1ales para su hija en la despensa, botas de agua para todos, bater\u00edas para recargar el m\u00f3vil\u2026 y una cafetera italiana: \u201cNos hemos pasado tres putos d\u00edas sin tomar caf\u00e9 por culpa de tener una cafetera el\u00e9ctrica\u201d, dice Cristina, con una risa cansada, amarga pero consoladora. \u201cNo me da la vida, pero atiendo a los periodistas, me desahoga mucho, necesito soltarlo\u201d, se despide.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.eldiario.es\/cultura\/destruccion-estudio-dibujante-cristina-duran-edredones-toallas-casa-no-pudieron-evitar_1_11804787.html\" data-type=\"link\" data-id=\"https:\/\/www.eldiario.es\/cultura\/destruccion-estudio-dibujante-cristina-duran-edredones-toallas-casa-no-pudieron-evitar_1_11804787.html\">Publicado en elDiario.es<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A Cristina Dur\u00e1n le desahoga hablar. 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