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  • Dios salve el tecnopop

    La celebración ayer del II Simposium Tecno con Breton Armada y Aviador Dro seguida del concierto Autoreverse de hoy con Comango Suzie y El Giro Orgánico fabrican la ilusión de que en Madrid pudiera haber una escena tecnopop, o al menos que los sintetizadores se mueven.

    Esta noche Autoreverse (o sea, yo) y Grabaciones Azul Alcachofa (o sea, Raúl Querido) promovemos la celebración de un concierto doble de los dos grupos de Autoreverse que tienen disco nuevo. El homónimo de El Giro Orgánico que salió a finales del año pasado e Hipermejores de Comando Suzie, que llegó ayer desde la fábrica. Hipermejores está coeditado entre Autoreverse (Madrid) y Disques de Lapin (Boston, EEUU).

    Flyer fiesta Autoreverse 23 de marzo

    El evento es a las 21:30 en El Juglar (c/ Lavapiés, 36). Alberto y yo estaremos pinchando entre un concierto y otro. Se podrán comrpar los discos de los grupos a un precio especial y será el primer momento en el que se pueda adquirir Hipermejores, antes de que llegue a las tiendas. Los que aún usen Last.fm (¿cada vez menos, no?), este es el enlace al evento.

    Flyer fiesta Autoreverse 23 de marzo

    En Playground han publicado un preestreno del disco, comentado canción a canción por Raul.

  • La memoria de los nietos de la derrota

    Se suelen dedicar los libros pero yo, que escribo más corto, tendré que dedicar un artículo: Segundo enterramiento de la Memoria Histórica

    Dedico este artículo a Raimundo Cabrera, mi abuelo, al que no conocí. Y a mi padre, Luis Cabrera, quien tampoco lo conoció. Raimundo Cabrera murió fusilado en una cuneta en 1936 tras haber sido detenido y encarcelado durante un tiempo. Nunca supe si mi abuelo fue un republicano destacado pero siempre intuí que no, pues se había casado con una mujer de una próspera familia toledana más de derechas que de izquierdas, Sagrario Bertolín.

    Raimundo trabajaba de camarero en un bar donde se reunían republicanos (y ahora pienso, durante la República, al fin y al cabo en qué bar no se reunían republicanos; sólo aquellos donde a escondidas conspiraran los sublevados, supongo). E imagino, todo son supusiciones en una historia que me llegó sin detalles, escondida, mal valorada, que a Raimundo le mataron más por lo que sabía que por lo que hacía. Y no sé nada más.

    Mi abuelo sigue vivo en el segundo nombre de mi hermano y en la quebradiza herencia de mi memoria. La memoria de los nietos de la derrota.

  • En ocasiones soy machista

    Estoy muy contenta de que hayamos abierto el melón, pero espero que no sólo para catarlo. Empezar a hablar con perspectiva de género de la cultura y en especial de la música que creamos y consumimos es difícil porque hay muchos posibles interlocutores que no quieren entrar en esta conversación, ya que piensan que no hay ninguna conversación a tener. No ven el tema.

    Les entiendo, yo tampoco lo veía con 20 años, en 1995. Cuando en ese año me preguntaban si me sentía discriminada por ser mujer en un mundo de hombres contestaba que no. Y hoy seguiría contestando que no. Pero hoy entiendo que la discriminación está en la posibilidad de esa pregunta. Y mientras esa pregunta siga siendo posible, seguiré estando discriminada por ser mujer, aunque yo no me sienta así.

    Ser una consumidora glotona de cultura (esencialmente popular, yo no soy académica) me transforma. Me ha construido golpe tras golpe. Leer, tragar con sangre las letras de Morrissey o Martin Gore no sólo me han complementado sino que me han explicado, me han ubicado mejor en el mundo y me han hecho sentir menos sola, en relación a los que escribieron y en relación a oros que escucharon y se sintieron igual. Esta comprensión explica, por ejemplo, que yo encontrara a Alberto Monreal en mi vida y le amara como semejante, desdichado semejante, supongo, arrogante desdichado semejante.

    Pues muy bien ¿no? No. No es suficiente. Diez años después tengo 30 años y es el año 2005 y hace ya mucho que no me parece suficiente. Me cansé de ser una mujer en un mundo de hombres, me harté de ser muy como los chicos, de no parecer una chica, de cambiar el género a las canciones y ver cómo cojeaban. Todos esos yo, yo, yo de las canciones pop son hombres a las que les pasan cosas que generalmente les pasan a los hombres y todas esas cosas que me habían pasado a mis 20 y a mis 30 no estaban escritas en las canciones que yo escuchaba. Por mucho que sienta como siente Martin Gore, a él no le pasan las cosas que me pasan a mí.

    Y de eso es de lo que hablo cuando hablo de machismo. Hablo del discurso de una narración masculina onmipresente sobre todas las demás narraciones: más visible, más elevada, más contada y recontada, tuiteada y favoriteada.

    Para encontrar las narraciones de las cosas que me pasan a mí como mujer tengo que escarbar mucho más que cuando pensaba que el género no era importante, conformarme a veces con estilos que no me gustan, aceptar que no lo encontraré en la portada de una revista o en la homepage de una web: no serán las más visibles ni las más importantes.

    ¿No es acaso machista aceptar que el mundo ha de seguir funcionando de esta manera? Cada día que me conformo con lo tengo, es un día en el que he vuelto a ser una machista más.

    Yo lo admito, los que quieren cerrar el melón una vez abierto, no.

    Lecturas:
    Es política si yo lo digo (mi columna en Playground): Moratones de machismo cultural
    Machismo gafapasta. Artículo de autoría colectiva en Diagonal.
    Durante mucho tiempo quise ser visible. Lucía Lijtmaer.
    Machismo (musicado). Pablo Muñoz.
    Machismo gafapasta. Francisco Nixon.
    Machismo indie: perdiendo el tiempo en las cosas que nos importan. Cómo se gestó el artículo de Diagonal. Marta G. Franco.
    La polémica del día: el machismo en el indie. Carolina Velasco.
    El gran cisma cultural de nuestro tiempo: ¿por qué no leemos a las mujeres? José Rosales.
    No veas cómo duele cuando se rompe el relato. Carolina León.
    Señoras que hablan de música. Sexismo cotidiano en la música pop. Blog colectivo.

    Amanda Palmer & The Grand Theft Orchestra “Do It With a Rockstar” (FULL UNCENSORED – NSFW) from Amanda Palmer on Vimeo.

  • Pan con Nocilla

    Es difícil abarcarlo todo y blablablá. Tiene cierta gracia que la frase esta nos la dicen más de lo que la decimos. Pero nos la dicen con tono condescendiente, con el tono de que nos comprenden, con el tono ese de que saben lo que nos dicen porque a ellos también les pasa. Así que podrían decírselo a ellos mismos. Es decir, me lo podría decir a mí misma: es dífcil abarcarlo todo. Pero no va a ser así. No me lo digo porque yo lo quiero todo.

    Yo quiero tener un sello, quiero ir a los debates que me invitan, quiero escribir todos los artículos que me encargan, quiero hacer propeustas a todos los medios que me entreabren sus puertas, quiero quedar con todo el mundo al que le digo de quedar y quiero escribir todos esos emails pendientes. También quiero charlar con mi novio mientras tomamos el desayuno y jugar con mi hija a que somos robots a la hora en la que debería hacer la comida. Que todo va a salir medio mal ya lo sé yo antes de que venga aquel a decirme que no lo puedo abarcar todo y blablablá.

    Me quedo con la sensación de que no hago las cosas más importantes sino las que parece que son más urgentes. Y las hago mal. Y blablablá.

    Ayer hablé con un hombre a quien su empresa le debe más de 120.000 euros. No ha cobrado dos nóminas ni multitud de horas extras. Por supuesto, ha perdido el piso al dejar de pagar la hipoteca. Su suegra se fue a otro sitio y les dejó su casa para vivir. Hace un año que dejó de pagar las letras del coche y está esperando que se lo embarguen en cualquier momento. La empresa le tiene en casa, ni le paga ni le despide. Ha denunciado todo lo denunciable. Antes compraba cada día dos barras de pan, ahora ninguna. Su hija de cuatro años le pidió el otro día un bocadillo de Nocilla para merendar. Es más triste que lo del piso y lo del coche tener que decirle a tu hija de cuatro años que no hay ni pan ni Nocilla.

  • Se ceban siempre con los más indefensos

    En Eldiario.es estamos publicando artículos que no son noticias propiamente dicho sino historias de cómo nos están yendo las cosas. A gente que no es famosa y su nombre en un titular no significa nada pero la vida y la economía les dan reveses y su historia suma un ladrillo más de esta construcción de la sociedad española precarizada que estamos, quizá, deconstruyendo.

    La de hoy es la historia de José Vidal Lozano, obrero de reformas domésticas -pintura, fontanería, pequeñas chapuzas- que tiene una discapacidad de nacimientos en los tobillos, lo cual le allana el camino para conseguir algún empleo de esa cuota del 3 por ciento que las grandes empresas están obligadas a cubrir. Pero ni con esas. Montárselo por su cuenta, como hacía antes, tampoco es posible. Lo poco que le sale no le da para darse de alta como autónomo. Su asistente social le ha dicho que está en riesgo de exclusión, sobre todo, si deja de percibir la Renta Mínima de Inserción, que es de lo que vive. Con 375 euros al mes. Le llegó una carta de la Comunidad de Madrid para citarle a una reunión anual de su expediente. metió el recibo que el cartero le dejó en su buzón en el bolsillo de una chaqueta. Y se olvidó. Esto pasa. Pero uno siempre espera que el cartero llame dos veces. Lo más probable es que noviembre no lo cobre.

    Lee el artículo en Eldiario.es

  • Ruge, Madrid, ruge

    Hoy publico otra columna (aquí la anterior) en Playground sobre un tema del que ya había escrito, con mucho entusiasmo, en la revista Madriz: la defensa del ruido. Mi opinión es que si vives en Madrid tienes que estar a favor del ruido. Si quieres silencio, vete a vivir a Somaén. Una capital ahogada en el silencio es una capital muerta. En el ruido está todo: está la protesta, está la música, está el movimiento, la acción, la reacción y la revolución.

    Hoy hay ruido, mañana mucho más.

    «El sonido se convierte en ruido cuando supera los 65 dB. Lo normal es que la música de una discoteca se escuche a 100, sólo 10 decibelios más que el rugir de una motocicleta. El infierno de los atascos, el pitido de los coches, los martillos percutores de las obras, los helicópteros, las alarmas de las tiendas que saltan por la noche y nadie acude a desconectar, las sirenas de la policía y los bomberos, el aviso sonoro de una maquinaria pesada que circula marcha atrás, mi vecino de abajo que amenaza de muerte a sus padres y canta libretos de musicales y mi vecina de arriba que cada tarde sale al balcón con la guitarra para cantar “Creep” de Radiohead molestan más, mucho más, que los bares y los botellones…» Sigue leyendo.

  • A bailar tango

    Me voy a desbordar.

    Llevo bebiendo días y días y días. También algunas noches. Estoy tan llena que pienso en el sueño como un agradable escape en el que vaciarme en silencio y muy despacio. Pero, si sigo despierta, voy a reventar.

    Mañana tengo que hacer una entrevista que me atrae y me incomoda. Una entrevista a la que, como a cualquier examen, voy mal preparada. Es justo eso, lo veo ahora: se parece más a un examen que a un trabajo. Como si él me fuera a poner nota a mí, a pesar de que soy yo quien va a hacer las preguntas. A pesar de eso, voy con la cabeza gacha, como si me hubieran puesto un 3 antes de entrar al aula.

    Ya me decía mi madre que mi problema es que no me creo que voy a aprobar, que no sé que me lo sé. Por supuesto, lo negaba tajantemente: ya estaba yo bastante deprimida como para autohumillarme. «Ve a por el sobresaliente», me decía mientras ponía la mano sobre el pomo de la puerta. Al cerrarla tras de mí, ya se me caían las lágrimas antes de que se abriera la puerta del ascensor. Una vez dentro, veía mi cara roja en el espejo. Y bajaba los ojos. Maldición. Con ese cuerpo entraba al examen. A por el sobresaliente. Ya. Un 3, un 4, un 5 con suerte. En general, he sido siempre una examinanda deplorable. La gran decepción de mis mejores profesores. Señorita Cabrera, usted sabe nadar y guardar la ropa. Todavía no tengo ni idea de qué quiere decir eso, pero salí de la sala de profesores pensando que significaba algo. Y veinte años después ya sé que no significa nada.

    A pesar de tanta confusión, yo creo que a las entrevistas no voy a por el sobresaliente sino a nadar y a guardar la ropa, no necesariamente en ese orden.

    Perdonad por el desahogo. Me estaba desbordando.

  • Siempre me miras de la misma forma

    No, no escribo mucho, eso es verdad.

    No tengo mucho tiempo.

    Además, tampoco me siento cómoda.

    Pero esta noche estoy recordando este vídeo en el que Carmen Martín Gaite dice que cuando no puedes conversar, escribes. O algo parecido.

    Si pudiéramos hablar bien no escribiríamos, dice. Y también añade que, cuando no encuentras ese interlocutor, te pones a escribir.

    La búsqueda del interlocutor es todo un tema. Sobre todo si eres Carmen Martín Gaite. Para todos los demás, la búsqueda de interlocutor es una tragedia. Ni tema ni hostias. No hay. No existe. O monologas o escribes.

    Yo no sé monologar. Yo solo sé enredarme.

    Cuando estoy muy desesperada le pido a alguien que me haga alguna pregunta. Pero me toman a broma y no me las hacen. A mí, la periodista, la de las preguntas. A mí, la opaca, esa que se lo guarda todo, resulta que a veces quiero, no, necesito, que me hagan buenas preguntas, o me muero.

    Pero no me las hacen. Yo qué sé. En este país no se puede pedir nada. (En otros, tampoco).

    Es como cuando les pido que me lean. Y no me leen. Hay dos personas a las que les pido que me lean pero no sé muy bien si no quieren o si no me toman en serio.

    A mí también me gusta leer en alto pero nunca nadie me pidió que lo hiciera. A Eleonor le intento leer pero ella prefiera jugar a cerrar el libro que tenga entre mis manos. Aunque a ella le gustan mucho los libros, eso me hace muy feliz. También le gusta la música. Y eso ya me parece brutal.