{"id":1032,"date":"2007-08-26T23:08:24","date_gmt":"2007-08-26T21:08:24","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"post_name","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/2007\/08\/26\/post_name\/","title":{"rendered":"Tirando al monte"},"content":{"rendered":"<p>\tHoy es d\u00eda de romer\u00eda, lejos de aqu\u00ed. Pienso en ello con la nostalgia no del exilio sino del tiempo quebrado, abandonado. Aunque quisiera, no podr\u00eda recuperar Santas Margaritas pasadas, y a\u00fan peor, yo jam\u00e1s podr\u00e9 recuperarlas en el futuro. Hace no mucho a\u00fan resonaba su eco. Y <a href=\"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog\/?p=32\">hace poco volv\u00eda, llevando a gente<\/a>. Forman parte de d\u00edas como hoy, David, los recuerdos del recuerdo del d\u00eda que dibujaste. Y sin t\u00fa quererlo hay algo en nuestros recuerdos, un cuarto de tag que pertenece a otra historia pero que te toca un poco, y tambi\u00e9n formas parte ya de aquello. Lo curioso es que cuando yo viv\u00eda el d\u00eda grande de Santa Margarita era un p\u00e1lido reflejo de lo que fue para nuestros padres, que se esforzaban en perpetuar la tradici\u00f3n, sabiendo que era una opaca imitaci\u00f3n. Pero a nosotros, los ni\u00f1os, nos funcionaba. No nos d\u00e1bamos cuenta de la decadencia. Por la ma\u00f1ana d\u00e1bamos una vuelta por el monte, viendo c\u00f3mo las familias buscaban sitio entre los pinos, desplegando un campamento de manteles y neveras port\u00e1tiles. Hac\u00edamos hambre con el olor de las pulpeiras. Pap\u00e1 y yo mir\u00e1bamos jugar a la calva, hoy m\u00e1s disputada que nunca. Yo miraba las largu\u00edsimas mesas de panes y bollos llegados de los pueblos, en especial de Carral, esperando que me compraran algo. Me daba verg\u00fcenza pedirlo para no aparentar glotoner\u00eda y, como siempre sol\u00eda haber cosas en casa, no me compraban nada. Excepto, de vez en cuando, y ya mayor, un trozo de mi adorada brona. De vuelta a la casa de los abuelos, a quienes nunca conoc\u00ed, los hombres sal\u00edan al patio para asar las sardinas. Las mujeres en la cocina hac\u00edan tortillas y ensaladas. La t\u00eda Irene, que muri\u00f3 hace un par de meses, era la m\u00e1s sargento. Al ser la hermana mayor se ve\u00eda en la obligaci\u00f3n de dirigirlas a todas. Criticaba lo que hac\u00eda una, mandaba lo que ten\u00eda que hacer la otra, procuraba que la comida jam\u00e1s fuera escasa, cantaba, se re\u00eda de sus hermanos, se met\u00eda con ellos sosteniendo un cuchillo en una mano y movi\u00e9ndolo en el aire. Ella llegaba de la aldea para las fiestas y hab\u00eda mucho cotilleo que airear. En un gesto tan propio de mis t\u00edas, paralizan lo que est\u00e9n haciendo como se\u00f1al de que hay algo en la narraci\u00f3n que va a ser extremadamente revelador. El paso se detiene, el cuchillo deja de pasar el filo por la patata, las manos que se estaban secando con el pa\u00f1o se quedan quietas. A veces se pon\u00edan cintas en un cassette con m\u00fasica gallega, las mismas cuatro cintas de siempre. Pero no era necesario y probablemente nadie se ocupara de ello: el barullo familiar tiene su propia musicalidad y lo colma todo. Unas risas se encabalgan con otras, coros femeninos dan paso a los masculinos y se arrebatan la palabra unos a otros. \u00ab\u00a1A ver, nena!\u00bb, la bomba te puede caer en cualquier momento. Los ni\u00f1os asistimos al espect\u00e1culo a nuestra bola, queriendo ver los dibujos en la tele, que han retirado para poder aunar tres o cuatro mesas. Algunos se aburren, yo me emociono. Soy peque\u00f1a pero ya s\u00e9 lo que es la melancol\u00eda de un pasado no vivido y un futuro fr\u00e1gil. As\u00ed que tengo que huir al ba\u00f1o, al patio o al cuartito bajo la escalera para poder escuchar la fiesta desde fuera, con m\u00e1s atenci\u00f3n, para disfrutarla m\u00e1s o que no me queme tanto. Me reconozco ahora en un gesto que se ha vuelto m\u00edo: la huida. Huir incluso en el fragor del festejo, aterrada de diluirme en \u00e9l, que es, en realidad, lo que deseo. Alguna biblioteca de mi cerebro todav\u00eda conserva los aromas, que me desgarran cuando la vida cruza en mi camino olores semejantes. La humedad bajo la escalera, las sardinas en las brasas, la tierra mojada del patio, los orujos. Y las canciones. La combinaci\u00f3n de voces familiares cantando las mismas canciones de siempre en la sobremesa. Unas corrigiendo a las que se olvidaron de la letra. Otras recriminando a mi madre sus faltas con el gallego y la eterna explicaci\u00f3n de que estaba prohibido cuando ella estudi\u00f3 y otra que le dice ay, pues ya podr\u00edas haber aprendido bien despu\u00e9s. Y mi madre, probablemente en venganza, arranc\u00e1ndose por rancheras. Y mi t\u00edo To\u00f1olo, que tambi\u00e9n muriera hace ya a\u00f1os, sigui\u00e9ndola y ah\u00ed todos pero sigo siendo el rey y yo fastidiada, por no me gustaban ni entonces ni ahora y prefer\u00eda el repertorio dom\u00e9stico de Fuxan Os Ventos. Que me sab\u00eda y me s\u00e9 pero me averg\u00fcenza mi mal gallego, mi poco acento, mi falta de o\u00eddo. Peor que fregar era ver marchar. Los coches abandonaban las aceras de la calle R\u00edo Avia y yo sent\u00eda que ah\u00ed comenzaba el oto\u00f1o. Me iba a la cama pensando en los libros, en Madrid, en la lluvia. Hoy siento lo mismo, pero no tengo la fiesta. Qu\u00e9 injusto. Lo sab\u00eda, lo sab\u00eda.\t<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy es d\u00eda de romer\u00eda, lejos de aqu\u00ed. Pienso en ello con la nostalgia no del exilio sino del tiempo quebrado, abandonado. Aunque quisiera, no podr\u00eda recuperar Santas Margaritas pasadas, y a\u00fan peor, yo jam\u00e1s podr\u00e9 recuperarlas en el futuro. Hace no mucho a\u00fan resonaba su eco. Y hace poco volv\u00eda, llevando a gente. Forman [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[],"tags":[],"class_list":["post-1032","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1032","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1032"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1032\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1032"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1032"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1032"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}