{"id":2001333,"date":"2009-12-13T17:55:12","date_gmt":"2009-12-13T16:55:12","guid":{"rendered":""},"modified":"2009-12-13T18:03:06","modified_gmt":"2009-12-13T17:03:06","slug":"anestesia-amnesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/2009\/12\/13\/anestesia-amnesia\/","title":{"rendered":"Anestesia, amnesia"},"content":{"rendered":"<p>El efecto de la anestesia no es como se pinta en las pel\u00edculas. Todos creemos que te inyectan un l\u00edquido transparente con una aguja y, unos segundos despu\u00e9s, empiezas a ver borroso, mientras el anestesista te hace contar de diez a uno. Pero el paciente nunca llega al 1 y a eso dl 5 ya comienza a dormirse. Las sombras verdes de los m\u00e9dicos movi\u00e9ndose se hacen indistinguibles y el paciente lucha por mantener los p\u00e1rpados abiertos. La mano de un enfermero se posa sobre el hombro del enfermo y le pide \u00abrel\u00e1jese\u00bb con tanta naturalidad que el paciente se siente confiado y acepta cerrar los ojos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft\" title=\"Anestesia epidural\" src=\"http:\/\/www.vasg.org\/88159fj.jpg\" alt=\"\" width=\"360\" height=\"239\" \/>Durante la elipsis no sabemos qu\u00e9 pasa pero imaginamos qu\u00e9 sue\u00f1os o pesadillas acosan al enfermo anestesiado mientras los m\u00e9dicos hurgan en su cuerpo sin quejas ni movimientos extra\u00f1os.<\/p>\n<p>El paciente parpadea y advierte que las luces ya no son las del quir\u00f3fano sino las de su luminosa habitaci\u00f3n. Un bulto blanco se mueve a su alrededor, es la enfermera sonriente que le dice \u00abal fin despierta usted\u00bb. Las figuras se van definiendo y el paciente despierta, al fin, y comprende que est\u00e1 de vuelta a su habitaci\u00f3n y ya ha pasado todo.<\/p>\n<p>Eso es el cine. Vayamos ahora a la realidad.<\/p>\n<p>La enfermera me se\u00f1ala mi habitaci\u00f3n. No tiene ventanas. Se parece a los boxes de urgencias pero grande y con puerta. Hay una cama, una mesilla y un asiento que parece confortable. \u00abDesn\u00fadate del todo menos las braguitas, te pones esa bata con la abertura hacia atr\u00e1s, el gorro en la cabeza y las calzas en los pies\u00bb. Me deja dos copias del consentimiento que he de firmar antes de que me anestesien. Me ha dicho que lo firme, no que lo lea. Yo s\u00e9 que no debo leerlo y hago esfuerzos por firmalo sin hacerlo. Pero encima de la firma dice claramente que he le\u00eddo y he entendido lo que se dice en la hoja. Me armo de valor y me pongo a canturrear una canci\u00f3n de Kasabian. Ah\u00ed dice que me pueden romper un diente. Leo en diagonal buscando algo sobre el peligro de muerte. Vengo fantaseando con que no me voy a despertar de la anestesia nunca jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Me quito la ropa con obediencia, tal y como me ha dicho. La bata no est\u00e1 mal, es azul oscuro. En el gorro de ducha prefiero no pensar, me lo puedo imaginar. Lo que es humillante son lo que ella llama calzas. Las calzas son estas medias que yo uso y que llegan hasta la mitad del muslo. Son las calzas largas que llevaba Pipi. Estos pl\u00e1sticos verdes en los pies son bolsas de pl\u00e1stico verdes para los pies. Me siento en la camilla y veo c\u00f3mo me huelgan las piernas. Me miro los pies forrados con los pl\u00e1sticos verdes y digo \u00abson un poco humillantes\u00bb. No para m\u00ed, sino para mis pies. Me compadezco de mis pies colgando desde la camilla, flotando en el aire, juntos, con las bolsas de pl\u00e1stico verde, balance\u00e1ndose. La enfermera no viene.<\/p>\n<p>Miro los consentimientos sin firmar sobre la mesilla de noche. Me aburro. Me dedico a escuchar las conversaciones de los m\u00e9dicos y enfermeros con otros enfermos. Oigo c\u00f3mo una mujer de 65 a\u00f1os os sometida al mismo interrogatorio que me hicieron a m\u00ed hace un rato: \u00bfCu\u00e1nto pesa? \u00bfCu\u00e1ndo fue la \u00faltima vez que comi\u00f3 o bebi\u00f3 algo?<\/p>\n<p>Han pasado quince minutos. Entra la enfermera y me pregunta si estoy preparada y si he firmado el consentimiento. No lo he hecho, no tengo boli. Me deja el suyo. Ahora, me dice, m\u00e9tete dentro de la camita. Yo me asusto cuando las enfermeras empiezan a usar diminutivos porque s\u00e9 que es cuando llega lo peor. Asustada, me met\u00ed dentro de la camita. Tapada con una s\u00e1bana c\u00e1lida que al menos me imped\u00eda ver mis humillados pies.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft\" title=\"Anestesia\" src=\"http:\/\/uy.kalipedia.com\/kalipediamedia\/cienciasnaturales\/media\/200709\/24\/fisicayquimica\/20070924klpcnafyq_189.Ies.SCO.jpg\" alt=\"\" width=\"333\" height=\"232\" \/>\u00ab\u00bfTe han hecho esta prueba alguna vez?\u00bb. S\u00ed, le digo, y no lo pas\u00e9 nada bien porque me la hicieron despierta. \u00abVaya, no te preocupes, que ahora no te vas a enterar de nada\u00bb. Entran dos buenos mozos a darme una vuelta montada en la camilla. Intento disfrutar del viaje, que en ese momento me recuerda a cuando me dejaban pasear dentro del carro por los pasillos del hipermercado. Nos paramos un momento, hay un paciente que dice que se va. Los enfermeros le preguntan cu\u00e1ndo van a venir a buscarle, que no se puede ir solo. El paciente dice que va a llamar por tel\u00e9fono. All\u00ed nadie le cree. Me meten a una sala verde llena de aparatos, encajan mi camita entre ellos. Me presentan a mi anestesista, es una chica unos diez a\u00f1os m\u00e1s joven que yo. Antes de que se cierren las puertas le grita al chico que se quiere ir que ni se le ocurra conducir, que no est\u00e1 en condiciones. La anestesista es guap\u00edsima, tiene unos ojos verdes maravillosos. \u00ab\u00c9ste se va a ir\u00bb, dice mi enfermera. \u00ab\u00a1Pues como coja el coche y se de un golpe la culpa es m\u00eda por haberle anestesiado\u00bb dice, mientras me busca la vena en la mano de la mano derecha. Mi enfermera aprieta fuerte una goma alrededor de mi brazo y le contesta \u00abla culpa ser\u00e1 suya, no tuya, aqu\u00ed hay muchos testigos que nos han visto decirle que no se puede ir solo. \u00bfT\u00fa has venido sola?\u00bb, me pregunta a m\u00ed. S\u00ed, he venido sola, pero vendr\u00e1n a buscarme. \u00abAh, muy bien, porque no te puedes ir sola. Parece que hoy es el d\u00eda en el que todos los pacientes han decidido que no necesitan venir acompa\u00f1ados\u00bb. Yo le digo que Alberto sal\u00eda ahora de trabajar. \u00abBueno, entonces es el d\u00eda en el que los acompa\u00f1antes salen tarde de trabajar\u00bb, esa es la enfermera, intentando conjugar argumentos. \u00abSeguro que ya est\u00e1 ah\u00ed\u00bb, me dice la anestesista de ojos verdes y a\u00f1ade \u00abhoy lo \u00fanico que te va a doler es el pinchazo que yo te voy a dar y ya\u00bb. Pero no encuentra la vena. \u00abBueno -me sonr\u00ede- te dije un pinchazo pero ser\u00e1n dos\u00bb . Yo le sonr\u00edo y pienso que a veces ser tan guapa tiene sus ventajas porque me cae bien y no me enfado con ella por no atinar con la v\u00eda a la primera. Entra el m\u00e9dico y se me presenta. Me preguntan por segunda o tercera vez ya, he perdido la cuenta, cu\u00e1nto peso. Vuelvo a decir que 50, o algo menos. La enfermera aprovecha el momento para hacer un chiste \u00abest\u00e1s muy delgadita, yo creo que son menos de 50, y, con el miedito que tienes, seguro que has perdido alg\u00fan kilo m\u00e1s\u00bb. Le sonr\u00edo torpemente el chiste. Le explica al doctor que estoy cagada de miedo porque s\u00e9 lo que me van a hacer, que ya me lo hicieron hace tres a\u00f1os estando despierta. Es el momento en el que cuelo mi frase preferida sobre este tema: \u00abes la peor perrer\u00eda que me hayan hecho nunca\u00bb. No se me ocurre otra mejor, as\u00ed que la uso siempre. Me miro la mano con la v\u00eda y cierro los ojos para no ver c\u00f3mo meten la aguja. El doctor sonr\u00ede por mi comentario, claro, no me lo hab\u00eda escuchado antes. Abro de nuevo los ojos y un enfermero me pregunta qu\u00e9 tal voy. Le digo que bien, esperando. \u00abTe puedes ir vistiendo\u00bb. Yo le digo que no, que no me han hecho la prueba a\u00fan. \u00ab\u00bfC\u00f3mo que no?\u00bb. Insisto tanto que el chico sale a preguntar. Oigo que mi enfermera y el doctor se r\u00eden a lo lejos y le dicen claro que s\u00ed,\u00a0hace 20 minutos que me lo hicieron. No es posible, no lo recuerdo.<\/p>\n<p>Aparece Alberto por la puerta, sonriendo con un gesto extra\u00f1o. Creo que intent\u00e9 convencerle de que no me lo hab\u00edan hecho. \u00c9l insiste en que s\u00ed. Me dejo que me vista. Apenas recuerdo c\u00f3mo me vest\u00ed, c\u00f3mo entre los dos me vest\u00ed. A partir de ah\u00ed los recuerdos son intermitentes, como los lapsus de una borrachera.<\/p>\n<p>La anestesia hace efecto en un segundo, no viene poco a poco. Tampoco se va poco a poco. Viene y se va r\u00e1pidamente y, con ella, atrapa el tiempo como un agujero negro. No deja nada para sustituir ese tiempo. Cuando dormimos, sabemos que el tiempo transcurre. Es m\u00e1s, antes de mirar el reloj por la ma\u00f1ana tengo consciencia de aproximadamente cu\u00e1nto tiempo he pasado dormida. La anestesia no es as\u00ed, no imprime segundos en blanco sino que destruye el tiempo y empalma el segundo anterior con el segundo siguiente. El desconcierto es brutal. \u00bfD\u00f3nde va a parar ese tiempo? \u00bfHe envejecido durante esos 30 minutos o el tiempo ha sido detenido en m\u00ed?<\/p>\n<p>Y, ahora, me pregunto si estar en coma se parecer\u00e1 m\u00e1s al sue\u00f1o o a la anestesia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El efecto de la anestesia no es como se pinta en las pel\u00edculas. Todos creemos que te inyectan un l\u00edquido transparente con una aguja y, unos segundos despu\u00e9s, empiezas a ver borroso, mientras el anestesista te hace contar de diez a uno. 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