{"id":2002003514,"date":"2020-08-08T17:02:36","date_gmt":"2020-08-08T15:02:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog\/?p=2002003514"},"modified":"2020-10-18T13:31:23","modified_gmt":"2020-10-18T11:31:23","slug":"9-soy-una-de-esas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/2020\/08\/08\/9-soy-una-de-esas\/","title":{"rendered":"9. Soy una de esas"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Est\u00e1n los bares en los que se tiran las servilletas de papel al suelo: haces una pelota, intentas encestar en la papelera y, si fallas, no pasa nada. En Madrid est\u00e1n los del serr\u00edn y las cabezas de gambas, que no s\u00e9 si siguen existiendo o ya se convirti\u00f3 en un mito para asustar  a los de fuera o, quiz\u00e1, alguien mont\u00f3 una recreaci\u00f3n\u00a0<em>vintage<\/em>\u00a0con muebles descoloridos y el serr\u00edn delimitado en cajones de madera. Est\u00e1n  los bancos de la calle que los imaginas a\u00fan calientes porque se les ve rodeados de un manto de c\u00e1scaras de pipas. Est\u00e1n las proximidades de las iglesias llenas de palomas metiendo el pico en las estrechas ranuras  del empedrado para extraer los restos de una batalla de arroz. Est\u00e1n las  puertas de los hospitales con el suelo cubierto por una colcha de  colillas, unas aplastadas, otras intactas y consumidas, otras manchadas  de carm\u00edn.\u00a0        <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n est\u00e1n las aceras grises moteadas de c\u00edrculos m\u00e1s oscuros, que en realidad son bolas de chicles aplastados, que tardan cinco a\u00f1os en desaparecer. Hasta que reformaron la madrile\u00f1a plaza de Callao hubo una mancha grande y oscura en una esquina junto al cine Capitol que provoqu\u00e9 yo el d\u00eda que se me estall\u00f3 contra el suelo una botella de litro de salsa de soja. Y en el suelo de piedra porosa y beis del descansillo del segundo piso de un portal que no dir\u00e9 cu\u00e1l es, hay un extra\u00f1o dibujo en el suelo, imborrable, de forma indeterminada, provocado por m\u00ed hace 25 a\u00f1os, cuando no pude llegar a casa a tiempo y  me me\u00e9 encima. Eran secretos hasta hoy.     <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A todas estas asquerosidades hemos tenido que sumar los guantes y  mascarillas que ruedan por el suelo desde que lleg\u00f3 a Espa\u00f1a la pandemia del coronavirus. Como son livianos, van de un sitio a otro, como ruedas de paja en el desierto, sin que nadie los detenga. Ni siquiera cuando se quedan enredados en nuestros tacones. Nos los sacudimos de encima con aprensi\u00f3n, imagin\u00e1ndolos a tope de carga v\u00edrica, contagiando solo por mirarlos. Nos parecen tan \u00edntimos como los pelos ca\u00eddos de otros, las u\u00f1as cortadas de otros, la cera de las orejas de  los otros. Cosas que preferimos ignorar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-background has-pale-pink-background-color wp-block-paragraph\"><em>Esto es solo el principio. <a href=\"https:\/\/www.eldiario.es\/blog\/el-verano-del-coronavirus\/soy-una-de-esas_132_6154751.html\">Sigue leyendo haciendo clic en este enlace<\/a>. Este art\u00edculo pertenece a la serie El verano del coronavirus, publicada en eldiario.es<\/em><br><em>Todas las ilustraciones de la serie han sido realizadas por Isa Ibaibarriaga.<\/em><br><em>Lee la seria completa <a href=\"https:\/\/static.eldiario.es\/eldiario\/public\/file\/2020\/0720\/17\/cabecera-del-blog-el-verano-del-coronavirus-0907662.png\">aqu\u00ed<\/a>.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A todas las asquerosidades que encontramos hemos tenido que sumar los guantes y mascarillas que ruedan por el suelo desde que lleg\u00f3 a Espa\u00f1a la pandemia del coronavirus. 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