{"id":956,"date":"2007-04-17T23:00:53","date_gmt":"2007-04-17T21:00:53","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"post_name","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog3\/2007\/04\/17\/post_name\/","title":{"rendered":"Un instante convertido en exaltaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>\tCada vez con mayor sinraz\u00f3n adoro esta ciudad. Y algunos d\u00edas, no tantos como quisiera, siento que la ciudad tambi\u00e9n me adora. Durante a\u00f1os he construido estrategias para abandonar Madrid y establecerme en Berl\u00edn, Londres, Buenos Aires o Atenas pero la geograf\u00eda sentimental -una de mis constantes- me ha puesto freno. Hoy estoy emocionalmente injertada en las vidas de personas enraizadas en este caprichoso rompeolas de mesetas y por ello tendr\u00eda que ponerme muy borrica si quisiera abandonarlo. Pero el motivo ya no es ese. Hoy me siento en deuda con la ciudad y necesito, m\u00e1s que nunca, devolverle en acciones algo del entusiasmo que he heredado. Hacer conciertos, fiestas, exposiciones, fotograf\u00edas, reconstruir una casa bonita, escribir sobre la ciudad y en la ciudad. He vivido un 17 de abril de flirteo con las bocacalles y roce de las aceras, de usar las instituciones como interlocutores y los trabajadores como aliados. Hace unas semanas ped\u00ed este d\u00eda de vacaciones en el trabajo y ha sido extremadamente beneficioso para librarme por unas horas de un ritmo insoportable y unas relaciones laborales reducidas al absurdo que me est\u00e1n ocasionando eventuales temblores de p\u00e1rpados y las habituales ronchas de la dermatitis at\u00f3pica avanzando por el interior de los brazos. <a title=\"The Last Dance en abril 2006\" href=\"http:\/\/www.elenacabrera.com\/weblog\/?m=200604\">Hace un a\u00f1o<\/a> pas\u00e9 el 17 de abril en Coru\u00f1a, culminando mi aventura portuguesa. Recuerdo un sol precioso, un aire fresco, las llamadas de los amigos, la risa por lo bonito -y yo insisto en que algo hab\u00eda de absurdo al aplicar el humor en el reconocimiento del otro, del uno en el otro- del reencuentro que lo cambi\u00f3 todo, las gaviotas sobre el tejado de casa y en el alfeizar de mi ventana. Este martes ha sido madrile\u00f1o, mi cuna, mi hogar. He andado las calles de Prosperidad y he sido agradecida con ellas y amable con sus ciudadanos. Me he empadronado en la Junta Municipal del Distrito de Chamart\u00edn, he fotocopiado mi DNI en una copister\u00eda de Pr\u00edncipe de Vergara inundada de sol y sonrisas regentada por varios se\u00f1ores ya al borde de la jubilaci\u00f3n, he entrado en una silenciosa y ordenada tienda de complementos parisinos (no s\u00e9 porqu\u00e9 se me antojaron parisinos) preguntando por una direcci\u00f3n, al dirigirme a un vigilante de seguridad para informarme torpemente si el edificio que ten\u00eda delante era o no era la Junta de Distrito \u00e9l me contest\u00f3 \u00ab\u00a1buenos d\u00edas, se\u00f1orita!\u00bb, C\u00e9sar, el director de la sucursal del banco que ha gestionado mi hipoteca me ha dejado en manos de un compa\u00f1ero suyo que ha resultado ser tan simp\u00e1tico como \u00e9l, tan poco <em>banquero<\/em>&#8230; Camino calle abajo Pr\u00edncipe de Vergara desde Colombia-Concha Espina hasta el Auditorio. Era media ma\u00f1ana y luc\u00eda un sol vibrante que me invit\u00f3 a llevar la chaqueta en la mano. Un viento en staccato tocaba mis hombros y brazos desnudos y as\u00ed, a paso \u00e1gil, pod\u00eda admirar de vez en cuando c\u00f3mo el eccema comenzaba a confundirse con la piel. Delante del <a target=\"_blank\" title=\"Auditorio\" href=\"http:\/\/www.auditorionacional.mcu.es\/\">Auditorio<\/a> he recordado el ciclo de M\u00fasica Viva al que sol\u00eda ir y hace a\u00f1os que le falto. Al pasar por delante del bar que hay enfrente he recordado que Pablo Padilla, asiduo del ciclo, me debe o le debo una llamada. Mi memoria ha vagado a\u00fan mucho m\u00e1s atr\u00e1s, era la tarde en la que Jos\u00e9 Luis me llev\u00f3 al Auditorio por primera vez en mi vida. Nos vestimos un poco. \u00c9l se puso una chaqueta. Su madre dijo, cuando le recog\u00ed en su casa, que est\u00e1bamos muy elegantes. Ten\u00edamos 17 o 18 a\u00f1os. Yo no me sent\u00eda elegante en absoluto pero s\u00ed ansiosa, altamente emocionada, tensa, propensa a la exaltaci\u00f3n. Lleg\u00e1bamos tarde y cogimos un taxi. Tuvimos que correr (a\u00fan menos elegancia) pero llegamos a tiempo. No puedo recordar lo que vimos pero s\u00ed que era la Sala de C\u00e1mara y aquella madera me acogi\u00f3 como si fuera mi hogar. Vibr\u00e9. Me emocion\u00e9. Hubo una pieza, no s\u00e9 de qui\u00e9n aunque algunos nombres flotan en el lodazal de mi memoria, que entend\u00ed perfectamente; me estremeci\u00f3. Me adentro por las callejuelas de Prosperidad &#8211;<em>La Prospe<\/em>, fue siempre aquel barrio, con su centro social y sus vecinos en pie de guerra- prometiendo, ahora que me mudo tan cerca, volver a los conciertos, seguir los ciclos, dejarme regalar una entrada sobrante a las puertas del Auditorio&#8230; Pregunto el precio de un BMW de lujo en un concesionario de coches usados. Es una belleza y le hago creer al vendedor que podr\u00eda estar interesada en comprarlo. \u00c9l me anima a hacerlo, me dice que si lo quiero deber\u00eda comprarlo ya mismo, ya que con el buen tiempo hay demanda en descapotados y se venden r\u00e1pidamente. Adem\u00e1s, es una ganga: cuesta 50.000 y me lo ofrece por 25.000. Giro inesperadamente en la calle Luis Cabrera y le agradezco una vez m\u00e1s al ayuntamiento su homenaje a mi padre. Es una traves\u00eda en calma y estable, y por tanto aburrida, donde viven obreros y se dejan abrir pocos comercios, as\u00ed que pienso que fue una calle adecuada para Luis Cabrera, que le pega mucho m\u00e1s que la plaza Juan Pujol, por poner cualquier ejemplo bullicioso. El ret\u00f3rico m\u00e1s afamado del mundo romano tambi\u00e9n tuvo su hueco en los pensamientos y preocupaciones de la alcald\u00eda madrile\u00f1a. Nacido en Calahorra cuando aproximadamente Jesucristo mor\u00eda, fue el m\u00e1s importante pedagogo de la oratoria, admirador de Cicer\u00f3n y firme convencido de la necesidad de adentrarse en la lectura para adiestrarse en la oratoria. Desde la cocina vemos los garajes, contenedores y ventanucos que dibujan la perspectiva de su calle. Hombres y mujeres aislados en sus cubiles que jam\u00e1s har\u00e1n caso de las indicaciones de este humanista del mundo cl\u00e1sico, sumergidos en su propia ret\u00f3rica y dedicados a sus familias \u00ednfimas y reconcomidas, formadas por hijos que cantan las canciones de Fran Perea y esposas ausentes, silenciosas, invisibles cuyos juicios no traspasan, jam\u00e1s de los jamases, los visillos.\t<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cada vez con mayor sinraz\u00f3n adoro esta ciudad. Y algunos d\u00edas, no tantos como quisiera, siento que la ciudad tambi\u00e9n me adora. 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