Posteo mucho pero escribo poco. Ahora la casa está en calma tras la gran algarabía de escondites, princesas, dráculas que comen cuello, guisante bajo el colchón y petit suisse siempre sin rebañar. Duermen, pero a mí no me entró el sueño (impactada aún por la ensalada de ambrosía que Joyce le ofrece a Edward Manostijeras y la lección de That-s Fucking English de La Hora Chanante), que arrasó por este palacio y se los llevó a todos menos a mí, de mí pasó de largo. ¿Quién narra a los narradores? Cuando se acaba el cuento, ¿quién cuenta el cuento del cuento que se acaba? Enciendo mis velas y acabo en un backend, en este o en otro, escribiendo mi propia historia. En el intento por clasificar los CDs he llegado tan sólo hasta la M, sin llegar a concluir la letra porque siempre aparece un disco de Macromassa donde menos te lo esperas. Se vuelven a plantear dilemas graves, importantes. Al igual que siempre quise tener los discos de Fangoria en la A (al ladito de los de Alaska y Pegamoides, Alaska y Dinarama y de seguido los de Carlos Berlanga), debería de poner a Morrissey en la M, pero sólo por no sacar de la J el horroroso disco de los Healers, me ando negando a reagrupar a los Smiths, a riesgo de comerme los testículos de alguien, como ya dijo Morrissey.
Pregunta con trampa
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