Publicado en el periódico Mediterráneo. A veces el cazador se siente cazado cuando, tras años de esfuerzo, todo se vuelve más sencillo y asombrosamente, más fluido. Quién diría que, tras varios años persiguiendo a Radiohead para escribir las letras de su nombre sobre nuestros carteles, serían ellos los que, prácticamente, llegaran a nosotros. Las timbas, pronósticos y predicciones sobre el cartel del 2002 han sido ‘topic’ recurrente de chats, foros, conciertos y cañitas de mediodía: con un poco de perspicacia, documentación y control sobre la intenciones veraniegas de los grupos más afines, la solución al crucigrama no resultaba tan complicada. Entre tientos y tentaciones, de repente, no hay tanta distancia entre realidad y deseo. En grupos como The Chemical Brothers, Saint Etienne o Primal Scream hemos hecho, más que amigos, emisarios… condición más importante incluso que los hace volver a nuestro recinto con frecuencia. Quizá sin lo que ellos hicieron ayer, The Cure o Paul Weller no hubieran llegado hoy hasta aquí. Uno cree -todos creemos, desde el director al periodista, el técnico de sonido, el scaffolder o el que compra su abono en abril- que de alguna manera el FIB te pertenece. Pero pocas veces nos damos cuenta de que eso ya no es cierto: el FIB es el FIB, y ya no hay quien lo pare. Elena Cabrera
Autor: elenac
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Piano Magic
En el Nasti.
Es extraño el proceso de la familiaridad, no sé si se ha estudiado mucho sobre esto. Yo aún lo encuentro extraño. Incluso lo inalcanzable, mientras permanezca el suficiente tiempo en este estado, se torna familiar y se vuelve costumbre. El tiempo de vida de lo nuevo, la corta duración de lo sorprendente, es tan ínfimo, tan limitado. Joy Division y Disco Inferno han hablado sobre la novedad que se agota. Se han preguntado qué hay después. Por cierto, al término de aquel (este) concierto, alguien del público le dijo a Miguel Marín, batería, -ha sido el momento de mi vida en que más cerca he estado de un concierto de Disco Inferno-. Y sí, es evidente la línea que une a Ian Curtis con Ian Crause y Glen Johnson. Junto con el temor a la pérdida, es el hartazgo, o peor el hastío, el terror que se esconde tras la emoción. Que se vuelva banal al contacto con lo cotidiano. Qué miedo. Aquel día el grupo estaba cansado, viajaban, y llegaron a la noche agotados. A Glen le fallaba la voz pero, lejos de restar calidad o precisión, sumó a la interpretación de las canciones de Piano Magic el riesgo del borde. Si conoces las canciones de Piano Magic ya sabes de qué borde te hablo. Esa escalera mal calzada sobre la que Glen Johnson parece pasar sus días. Glen Johnson, uno de los compositores más importantes de principios de siglo. Lo que más recuerdo es la fiereza con la que se imponían las canciones, la tiranía con que exigían la entrega de los músicos. Después recuerdo mi propia entrega, y la memoria abandonada. Quizás también la imagen de Glen, en parpadeos, sujeto a la guitarra, arrimado al micro, pensando lo poco que le gusta cantar sus propias canciones, es probable que extrañando a Caroline Potter. Ya no les volveremos a ver de esta manera, Piano Magic muta, constantemente. No serán las mismas personas, y las que sí serán, ya no serán las mismas. Elena Cabrera -
Belén Gopegui
Acerca de los no vacantes El farero se pregunta cómo llenar la soledad, su soledad de siempre, de pasión transparente, «inmenso abrazo; El sol, el mar, La oscuridad, la estepa, El hombre y su deseo, La airada muchedumbre, ¿Qué son sino tú misma?» La figura silenciosa ha de elegir entre lo esperado y lo vivido, la realidad y la memoria, el viaje o la estancia. El abandono, la prisión, la vacancia, la disponibilidad. Belén Gopegui, en su cuarta novela –Lo Real– plantea el reto de la opción. Hay destinos que te suceden pero también decisiones que invierten el funcionamiento de las cosas. Tú has hablado de lo que Carmen Martín Gaite no era, de lo que Edmundo Gómez Risco -protagonista de -Lo Real– no quería ser. Sobre ti, ¿decidiste antes lo que no debías ser? No de manera general. Es el trabajo y la experiencia lo que te va colocando en situaciones en las que hay que decir sí o no. Como novelista, ahora, sí hay algunas cosas que no quiero hacer. No quiero jugar a que me parece bien seguir difundiendo los estereotipos de la adolescencia, seguir contando que hay un mundo separado de la vida en donde los contornos están siempre redondeados, no quiero resignarme a la repetición, el tópico, la cursilería, ni escribir lo que me dictan. Creo que he apostado por decir que no me lo creo, que no me creo la retórica sagrada de la literatura, que prefiero los libros en donde no se envuelve con lazos cualquier tema que se trate sino que se muestra por dentro y por fuera, como si se trata del manual de instrucciones de algún aparato. Recorrer de tu primera a la cuarta novela, es como si realmente se discurriera hacia lo real. Como si poco a poco te despojaras de las ideas y los sentimientos expresados más en bruto y buscaras un refinamiento a través de los hechos más reales, de las circunstancias de los personajes. ¿Crees que exagero o se podría ver algo parecido? Sí, estoy de acuerdo. En mis dos primeros libros también trataba de mostrar los mecanismos, pero aún pensaba que podía edificarse una realidad en el lenguaje, una realidad separada de las cosas. Ahora ya no lo pienso. Curiosamente, -La Realidad y el Deseo- se asoma tanto a -La Escala de los Mapas- como a -Lo Real-. ¿Es simbólico?, ¿tiene el libro de Cernuda algún significado especial para ti? Yo me formé leyendo poesía antes de pasar a la novela. Y -La Realidad y el Deseo- fue un libro muy importante, es un libro muy importante que condensa una actitud ante el mundo. En -La Escala de los Mapas- el personaje se dejaba invadir por esa actitud, en -Lo Real- el personaje discute con ella, opone a un argumento otro argumento, y creo que al final llega a una síntesis menos idealista y, en este sentido, más optimista. Me gusta mucho la importancia de las profesiones -más bien vocaciones- en tus personajes. El geógrafo Sergio Prim, el teatro para Sandra y Simón Cátero, o el esfuerzo de Irene y Edmundo, que son periodistas, por desengancharse de la realidad que estriñe a los otros. Sé que las profesiones no son lo importante, no tanto como las acciones, pero cala mucho en ellos. ¿Cómo surgen estos entornos, de dónde vienen? En cada novela vienen de un sitio. En el caso de Sergio Prim, puesto que era un personaje que se debatía con la idea del espacio, me parecía lógico que le interesara la geografía y bueno, así en cada historia. Estoy de acuerdo con lo que dices de las acciones, pero al fin y al cabo la profesión determina un porcentaje muy alto de las acciones que vamos a llevar a cabo en la vida. Por eso desconfío un poco de las novelas que resuelven la profesión del personaje en dos líneas, como si el trabajo fuera lo de menos, como si lo más importante fuese la vida que está al otro lado, en las fantasías que se tienen fuera del trabajo. El trabajo que hacemos construye también nuestras fantasías, creo que por eso Edmundo decide enfrentarse a la obligación de vender a otros su vida. Has estado muy cerca de Carmen Martín Gaite, ¿cómo fue vuestra relación?, ¿qué aprendiste, de ella? O ¿qué te ha enseñado? De Carmen Martín Gaite aprendí muchas cosas, sobre todo rigor a la hora de trabajar y también a la hora de vivir. Era de las pocas personas con que podías Hablar de lo que habías leído y no para de decir «me ha gustado o no me ha gustado» sino comentar la estructura de los libros, qué cuentan, por qué lo cuentan. Pero no se puede resumir una relación en pocas palabras. Las relaciones nos hacen. Y cada vez que me preguntan lo que más pienso es: ojalá no su hubiera muerto tan pronto. La música es algo muy poco presente en tu literatura. Quizás porque la música sí es demasiado importante para mí, y me cuesta eludirla, tengo curiosidad por preguntarte si significa algo para ti. La narración es un discurso. La música, aunque sé que esto sería refutado por muchas personas, no es un discurso. El lenguaje exige un cierto acuerdo común, a las notas podemos darles un significado, pero no nos hemos puesto de acuerdo en común sobre el significado de las notas. Por eso me resulta difícil narrar con ella. Que se hiciera una película basada en -La Conquista del Aire- –Las Razones de mis Amigos–, ¿es algo que casi se te ha olvidado ya, o ha significado? El cambio de título me permitió distanciarme del proyecto, aun cuando participara informalmente y lo apoyara. Me alegró que se hiciera, me alegró que parte de los materiales de la novela pudieran alcanzar mayor difusión gracias a la película. Pero, de algún modo, la película pertenece al equipo que la hizo. Una amiga acaba de sacar un disco, se titula -Cuando termines con todo habrá terminado contigo-. Suele ser la respuesta de su padre cuando ella le dice cosas como -me pondré a estudiar los exámenes cuando acabe con la grabación del disco-, o -volveré a llevar una vida normal, a comer y a dormir bien, cuando haya terminado de maquetar el fanzine-. Lógicamente, un disco sucede a otro, un artículo a otro y a este número del fanzine el siguiente. ¿Qué piensas de esto? Y, ¿qué haces?, ¿qué vas a hacer? Ahora estoy preguntándome si tiene sentido hacer tantas entrevistas, tantas presentaciones. Nunca me había ocurrido esto, tampoco es que sean muchísimas, pero sí en relación a los anteriores libros. Creo que tiene sentido que los escritores y escritoras intervengamos en la vida pública, pero no estoy segura de cuál sea la mejor manera de hacerlo. Por lo demás, detrás de esta novela escribiré otra o no lo haré, supongo que lo normal es que lo haga, aunque a veces me gustaría cambiar de género y de profesión, o al menos escribir en condiciones diferentes. Sigo dando vueltas, como ese disco que dices. Elena Cabrera
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El fuego del poder
El sábado, noche de Carnaval, vino David a presentar su tetería en Madrid Cómics. Tras la obligada parada en el Batela, fuimos al Nasti a ver a Humbert Humbert (fantásticos, como siempre, me revoluciona verles en directo), a cenar y a tomar unos algos por ahí: de nuevo Nasti, luego Louie Louie y por última la cola del Wurlitzer Ballroom, que abandoné antes de entrar.
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Propósitos
Marzz pasó por Madrid y fue como un ensueño: tranquilo, fulgurante, fugaz.
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Mayo de 2008
Torpemente esperando una revolución cultural desde hace 15 años, y no ha pasado nada. Porque las revoluciones políticas, estaba segura, comenzaban por la cultura. Si inoculas un virus terrible en el arte, se acaba reproduciendo en la mente de los individuos; estaba segura de ello. Me he quedado sentada en una silla de madera colocada en medio de una habitación casi vacía, esperando que algo sucediera. Los que tienen 15 años menos deberían saber que nada va a suceder. Y los que tienen 15 años más, deberían haber dicho la verdad.