Yo no ten?a mucha idea de qui?n era Dar?o Adanti hasta que Nacho Casanova me regal? La ballena tatuada en un Sal?n del C?mic. Los dibujos me sonaban, el nombre tambi?n, pero como tantas otras veces en ese lodazal que es mi memoria, los datos no se hab?an quedado fijados.

Una riada de amigos comunes tra?an su nombre una y otra vez en formato de cita voladera, rese?a de una noche pasada o planes de futuro. Y yo
quer?a conocer a Dar?o Adanti aunque a veces, estaba tan acostumbrada a su nombre, que olvidaba que no lo conoc?a todav?a. As? que cuando al fin le conoc?, la noche del estreno de
Kyrie, la obra de teatro basada en las tiras de Miguel ?ngel Mart?n, me sent?a tan c?moda que de nuevo me olvid? de que no le conoc?a. ?l contribuy? a esa sensaci?n porque Dar?o es as?, creo, pone la familiaridad por delante y es como entrar en casa de alguien en zapatillas, o sentarte en su sal?n y descalzarte como primer acto reflejo.
Nos vimos tambi?n en su sesi?n de firmas en
Madrid C?mics, donde fui con mx, y fue s?lo un rato, pero ten?a la sensaci?n de conocerle desde antiguo. Desde antes del encuentro, en mi calidad de directora, me asign? a mi misma la entrevista de cierre en
TRAMA, esa p?gina en la que hablamos con dibujantes sobre un tema que les interese mucho, ajeno a su trabajo. Siguiendo esta premisa, en septiembre hablamos con Max sobre pol?tica y en octubre con Pedro Vera sobre parapsicolog?a. El viernes quedamos para realizar la entrevista y las fotos. La hicimos en el que durante a?os fue
mi caf? favorito de Malasa?a, en tiempos de Instituto. El caf? de primera hora de la tarde sol?a caer all?, para leer con tranquilidad, quedar con amigos, discutir con ellos, acalorados sobre pol?tica, literatura y m?sica, nuestros topics recurrentes en un mundo reci?n inaugurado. Si con alguien compart? mesa y tazas all? fue con mi primer novio de verdad, la primera persona a la que quise de verdad. Los flujos de las cosas, que son as? de pu?eteros, nada inocentes, quiso que Dar?o, M?nica y Manuel escogieran para sentarnos la ?nica mesa del local que he evitado en los ?ltimos dos lustros. Durante los primeros a?os ni siquiera quise volver al Caf? de Ruiz, al menos pasaron cinco hasta que me anim? a entrar de nuevo, nunca sola, siempre llevando a alguien, como con miedo de irme sola a la cama por si me visitan los fantasmas. Esa persona que quer?a me dej? en esa precisa mesa, estando yo sentada en el mismo asiento en el que me toc? estar sentada, fumando nervioso ?l en el mismo asiento que ahora ocupaban Dar?o y Mo. Mir? por la ventana y record? la luz que entraba aquella tarde, el polvo iluminado por el sol, revolvi?ndose lento. La incredulidad. Los motivos. Todo eso que nunca te crees.

Antes de comenzar la entrevista decidimos cambiarnos de rinc?n, ya que una avispada M?nica apunt? que ah? se colar?an en la grabadora las conversaciones ajenas. Me pareci? bien, ya que en esa mesa ya se hab?an colado unas vidas ajenas, dos personas de hace diez a?os con sus problemas y sus querencias, sus ambiciones y, sobre todo, sus ganas de perderse. Los seis no cab?amos. Ya reubicados, la entrevista se ve postergando con diferentes pr?logos: la petici?n de la comanda, la llegada de sus cervezas y mi caf?, M?nica le pregunta a Manuel
?qu? tal en Valencia? y ?l contesta
estuvo guay la verdad es que parece que hace como mil a?os, entonces Dar?o le pregunta
?qu? tal el libro? y Manuel contesta
?el de los weblogs? pero no, Dar?o no se refiere a ese, se refiere a otro y le pregunta
pero tienes que tener una parva de p?ginas ?no? y Manuel asiente, porque dice que ser?n
54 o 56 y debo tener ahora mismo cerca de 30, me hice un planning para acabarlo en diciembre pero voy hasta arriba de curro. Dar?o le interrumpe:
Yo con el Calavera tambi?n me hice un planning y acab? termin?ndolo dos a?os despu?s. En este pr?logo
Manuel, que har? las fotos un rato m?s tarde en casa de
Jorge Riera, es el entrevistado y Dario Adanti el entrevistador. Bebo un sorbo de mi descafeinado de m?quina con leche, se est? quedando fr?o. Sus cervezas parecen congeladas.
Dar?o Adanti comienza habl?ndome de su madre, despu?s de Jordi Costa y, sobre todo, de
Rodrigo Fres?n. Fres?n es tambi?n argentino, vive en Barcelona, es escritor y traductor, buen amigo de Dar?o. Es tambi?n, me cuenta Adanti, el consejero editorial tras el boom
Next Generation, vendido en Espa?a por Mondadori. (Atenci?n a
ese enlace, que curiosamente est? firmado por Jordi Costa y adem?s, casualidades, lleva un breve sobre TRAMA al final). De la entrevista con Dar?o salgo con un buen pu?ado de novelas recomendadas que ya me muero por leer, las apunto en una lista que llevo en la agenda. El ?ltimo titulo apuntado, antes de la descarga americana que Dar?o fue dejando caer durante la entrevista, era
Los detectives salvajes de Roberto Bola?o, alguien en quien no hab?a reparado hasta su fallecimiento. Y desde entonces quiero leerle, Vidal y
Carolink me insistieron, pero no he tenido a?n el tiempo ni la oportunidad. A prop?sito de la desaparici?n del chileno Bola?o, Rodrigo Fres?n public? en un peri?dico algo que me entusiasm?:
Escribir necrol?gicas no es otra cosa que desarmar al vivo para ensamblar al muerto. Pocas ganas de hacer eso con Roberto Bola?o. Y muy dif?cil: Roberto era una persona definitivamente viva. Por eso, porque se lo merece, porque es lo ?nico que sale a la hora de su todav?a inveros?mil muerte, mejor, una vital?gica antes que una necrol?gica. Y llegamos al final -por qu? no- de esta entrada, con tintes vital?gicos, homenajes y recuerdos.