En la recta final de TRAMA 41 (TRM 41) apareci?, triunfante, mi torpeza. Nunca se va, siempre latente, apostada detr?s de una esquina para hacerme tropezar con un se?or, debajo de la arruga de una alfombra para que protagonice el n?mero c?mico, en la pastilla escurridiza de jab?n, en la copa en el fregadero, en los libros mal puestos en la tienda. El otro d?a mi amiguita me esperaba en el contorno de mi ibook, exactamente en la curva izquierda del monitor abierto, la concha, que la llaman en la tienda, la sandwichera, que la llamamos nosotros. Ella me esperaba en la curva y yo me dirig?a a su encuentro con una taza -?la de Buffy?, ?la de Psicosis?- de leche con Nesquick en la mano. Como resultado de la colisi?n creo una marejadilla dentro de la taza, agarrada por el asa, que empapa el teclado y filtra el Nesquick hacia abajo. Pocas veces he recorrido con tanta rapidez la distancia entre el estudio y el rollo de papel higi?nico. Desconecto. Desenchufo. Seco con cuidado. Hay leche marr?n por todas partes, incluso dentro del altavoz. Poco a poco el ibook ha ido recobrando sus funciones vitales, todas menos una que ahora me parece esencial. Desde que dej? de jugr al Intelec hbi olvidado que hb? tnts plbrs con «a» en cstellno. Y en mi tecldo y no existe, a no ser que coja una de alg?n sitio y despu?s la pegue en todas las ausencias que dejo ahora al escribir.

