que vuelvan a importar los blogs

  • El panaroma es &muy Disney&

    Gustavo Cerati vislumbra el actual panorama general de la música como “muy Disney”. “Es la idea de venderle a chicos como una cascarita, es entretenido, poco profundo, y eso contagia el panorama musical. Por otro lado, quieren resolver el idioma latino para venderlo a los americanos y reforzar nuestras raíces a costa de producir híbridos espantosos, intragables. Yo no me siento más cerca de una tumbadora que de una guitarra eléctrica… ¿Por qué tengo que mentir?, como hacerme el latino que mueve caderas si yo no viví así”, señaló anoche en conferencia de prensa, previos al concierto que hoy presentará en la ex Feria del Hogar. En el periódico peruano Correo.

  • Amor, juventud, libertad

    Como si fuera una mujer cortejada aquí tenemos el mítico agosto madrileño, todo sofoco él, ¡en septiembre! Ya no le esperábamos pero prefirió llegar tarde. Marcelo: repudiarías Madrid si estuvieras, digamos, por aquí de paso hacia Venecia. Sobrevivo a mi segundo día de trabajo con la sensación de que llevo dos semanas. Para ir recuperando el ritmo metropolitano hoy he ido de acá para allá todo el día y acabo de regresar a casa molida, con la sensación de que una exprime la ciudad antes de que la ciudad la exprima a una, pues es así como se sobrevive en las ciudades. Al salir de la oficina he caminado cincuenta minutos hasta esas salas de cine que una vez fueron los Alphaville. Es definitivo: del ensueño de aquel lugar tan sólo quedan las remembranzas que evocan su nombre. Toda valiente, me he animado a sacar una entrada para la Sala 2. (¿He oído aullidos de admiración? Gracias). Sí, con los 35º a la sombra de Plaza de España yo, voluntariamente, me he metido en la sala sin climatizar de los Alphaville. Y no exagero al decir que ha sido uno de los temas de conversación del verano: «¿Has visto esta película?», «no, es que sólo la ponen en la Sala 2″… La taquillera me ha dejado entrar a comprobar la temperatura tras explicarme que, con las obras, habían suspendido la primera sesión y, por consiguiente, la sala estaba más fresca. «Entra, entra», me anima. En la puerta, el mozo que corta los tickets responde a mi cara de susto con explicaciones científicas: «la tenemos a oscuras, con las puertas cerradas y no se ha encendido aún la pantalla… no se está tan mal». «Ya puede valer la pena la película», mascullo para mis adentros. Maldita la hora en la que pongo tanta responsabilidad sobre una película elegida a ciegas. Una combinación de horario, título y nacionalidad me hizo escoger la película china “Tiempos de amor, juventud y libertad” en su pase de las 19:45. Éramos pocos y la mitad se fueron incluso antes de llegar a la mitad de los imprevisibles 120 minutos que ha durado el filme de Hou Hsiao Hsien, el director de la genial «Millenium Mambo» (gracias Marzz) cuya protagonista es también la erótica Qi Shu. Mientras en las tres historias de amor ubicadas en 1966, 1911 y 2005 no pasaba nada de interés a mí me han pasado muchas cosas: no saber qué pensar, saber qué pensar, dormir, despertar, decir qué belleza tan grande ese plano, bostezar, contemplar la oreja de un compañero de filas, reflexionar sobre la película, reflexionar sobre el cine, reflexionar sobre mi vida. Cuando me levanté de la butaca miré hacia atrás: éramos seis; he visto caras más emocionadas en la cola del pan. Decido que, tras la insatisfactoria experiencia (no he sido la única, leo con muy buena pluma en el Blog de cine), me merezco unos nachos al frijol regados con Coronita y me lo paso genial mientras ceno leyendo un artículo en El País de hoy escrito por Enric González desde la Mostra de Cine de Venecia. Me agrada compartir frustraciones y, pese a que me hace sangrar que arremeta contra directores que aprecio, probablemente tiene razón al usar la lanza (y la chanza). La verdad es que es un gusto despacharse con generosidad contra aquello que nos decepciona: “andaba el público afligido tras soportar la tediosa ‘No quiero dormir solo’, del cineasta malayo Tsai Ming-Liang, cuando ‘The Fountain’, del no menos celebrado Darren Aronofsky, cayó como un alud de memez y pedantería”, comienza. No copio el párrafo final sobre Aronofsky porque es demasiado largo y extractado no se entendería pero merece la pena leerlo. Una lástima que los directores de «Requiem por un sueño» y «Goodbye, Dragon Inn» no me vaya a regalar nada bueno en 2007. Aunque… ¿quién se fía de los críticos?

  • Celebración ardiente

    Que digo yo que no había que llevar hasta la literalidad la expresión «calurosa bienvenida»… …y así, podríamos seguir haciendo chistes toda la noche. Fotos de ktzar. (Y lo que se dice por ahí, en La Belleza del Desencanto).

  • Ajustes lógicos

    Me he comprado una tarjeta AirPort y la base AirPort Express y no consigo comunicarlas vía wifi. Tampoco consigo hacer que se entienda el iMac con el router wifi de Imagenio. Así que, a todo lo del post anterior, hemos de unir a mi contienda este nuevo frente, para el que he trasladado el ordenador al salón porque es ahí donde está el router (junto al televisor). Y también he tenido que trasladar la minicadena por el mismo motivo (usar AirTunes por la base AirPort… que tiene que estar junto al router). Llevo varios días pringada con esto. Antes de dar más detalles. ¿Hay alguien que se haya enfrentado a problemas similares y pueda ayudarme?

  • Ajustes mecánicos

    Me desespero y eso me lleva al bloqueo y, con frecuencia, al colapso. Me gustaría tener nervios de acero pero no es así, son de cristal. Para colmo, tensa mis nervios los procesos abiertos, inacabables y, en realidad, inabarcables. Le estoy metiendo mano a mi casa porque ya no puedo seguir viviendo aquí (y tendré que hacerlo hasta que encuentre un piso que quiera y pueda comprar) y lleno varias veces carritos de la compra con revistas que me apena pero he de tirar, libero libros mediante bookcrossing y los dejo en Francisco Silvela, me deshago de catálogos, me pierdo en los recortes de periódicos, me encuentro en lugares que había olvidado, afloran los recuerdos de trece años de música en forma de flyers, entradas, hojas de promo y notas para entrevistas. Mientras me rajo las manos con el papel y el polvo pienso que no soy capaz de hacer esto sola y compenso el intento de huida explicándome que nadie sabría cómo ayudarme a discernir que debo guardar y que no, sólo yo. Estoy en faena y quiero abandonar. Me siento como un empleado de Gallardón que ha metido una tuneladora por el centro histórico y tiene que escoger entre cumplir su trabajo y arrasar, avanzando ciegamente y sin compasión, con ciertos restos arqueológicos que quizá no le interesan a nadie o parar la máquina, remangarse y catalogar las piezas, pedazos rotos, muestras de vida pasada.

  • CONCIERTO ROLLING SUSPENDIDO

    Soy fan del redactor de los mensajes luminosos de las carreteras. Ya. Sería un valor más seguro ser fan de Juan José Millás o Xavi Sancho pero a mí me ponen ciertos hallazgos anónimos, como cuando estaba fascinada por la redacción de los prospectos de un laboratorio farmacéutico en concreto, uno en el que suelo invertir mucho por su amplia gama de pomadas para los que sufrimos de dermatitis atópica. Recuerdo que hace unos años, cuando tiraba más de los corticoides, solía leerle a cualquiera que no estuviera lo suficientemente cansado de mis locuras pasajeras, y con delectación, las contraindicaciones de esa crema. La prosa era refinada y la puntuación exacta, cada párrafo tenía ritmo y de la posología pasabas a los efectos secundarios sin transiciones abruptas. Juro que era delicioso. Volviendo a mis obsesiones contemporáneas, cuando conduzco imagino cuánta gente habrá detrás de esos rótulos y cómo será el proceso de aprobación de los mensajes. Supongo que ha de haber un creativo publicitario detrás del “42 MUERTOS MISMO PUENTE AÑO PASADO”, porque es un mensaje muy certero como para que alguien en la DGT se le ocurra sin más. Este verano se lleva, en cuestión de mensajes de tráfico, el paternalismo combinado con ese toque de ‘sé lo que te gusta’ o ‘te doy ahí donde te duele’. Un ejemplo de lo primero: “NO PIERDA PUNTOS POR FAVOR”. No es lo mismo colocar el “POR FAVOR” delante o detrás. Delante sería autoritario, en la opción elegida es sentimental. El redactor estuvo apunto de añadir entre paréntesis en la segunda línea “(UN POQUITO DE)” pero alguno de sus jefes pensó que el humor sería un recurso con un grado de distracción arriesgado, como aquellas cintas con chiste de Gomaespuma que regalaba la DGT en los peajes, con consejos para los conductores y chistes de taxistas. No quiero saber cuántos coches se salieron en curvas mientras la persona al volante cerraba los ojos para aguantar una carcajada. Para comprender estos mensajes en el 100% de su semántica necesitas bastante conocimiento anterior. ¿Cómo se enfrentaría un extranjero a este mensaje? Con desconcierto. ¿Qué son puntos? ¿Cómo, dónde los pierdes? ¿Me habré pasado la salida? En la línea del servicio público que cuida de tu ocio a la par que de tu salud, el lunes pasado no daba crédito ante el repetido aviso “CONCIERTO ROLLING SUSPENDIDO”. ¿Cuánto background necesitas para comprender un mensaje así? ¿El de qué ciudad? ¿ROLLING qué? ¡¿Desde cuándo avisan de los conciertos que se suspenden en las señales verticales de tráfico!? Imagino que este tipo de mensajes abre vigorosamente el abanico de temas tratables y espero que mi redactor favorito mañana, cuando conduzca, me agasaje con grandes perlas en mi periplo interprovincial, del tipo: “JESSICA ABEL FIRMA EN MADRID COMICS”, “PATATAS SUBEN 4,50 /” o “ELENA CABRERA VUELVE A MADRID”.

  • Desde Coruña, un agosto más

    Refugio frío de verano, lugar para templar los ánimos y tomar decisiones pensadas pero arriesgadas. Recapitular un curso y atreverse a abrir los brazos a septiembre. Para esp, además de para dormir, comer y soñar me sirve esta ciudad. He abandonado Paredes de Coura por motivos que no explicaré aquí, pero he de decir que me parecía mucho menos hermoso de lo que era. En un comentario de la entrada anterior me hablaban del río. La playa fluvial junto a la que se desarrolla el festival parece un lugar acogedor, sobre todo la ribera, en cuya ladera viví uno de los mejores momentos de mi estancia allí. Sola, rodeada de muchísima gente –“alone when you’re not alone”- tumbada en la ladera en cuesta sobre mi toalla de infancia, mirando las nubes y escuchando en el iPod el disco “Cascade” de Peter Murphy, pensando en 101 cosas, siendo la 102 el concierto de Bauhaus que habrá terminado hace ahora pocos minutos, a 200 kilómetros de mí cuando en aquel momento esperaba estar a apenas 2 metros de él. Morrissey en Paredes de Coura El martes por la noche –velocidad de vértigo, me parece ayer- llovían agujones y yo cantaba casi todo lo que me sé de memoria de Morrissey en silencio, moviendo los labios como en los rezos, concentrada en él, su contoneo, cómo suenan las palabras en su boca, sus golpes de látigo, sus impertinencias. Inexplicablemente abandonó “Panic” a la mitad y el grupo, a la orden de Boz Borer, puso fin a la canción en un “ta-chán” final tan propio de las orquesta de pueblo en fiestas (qué otra cosa son los grupos, sino, en festivales). Él salió corriendo y la incredulidad del público se convirtió en descrédito en menos de lo que se canta un gallo en “This Charming Man”. Los abucheos provocaron que la lluvia descampara, creo yo, y eso me dio fuerzas para ir hasta la tienda de campaña y recoger mis cosas, abandonando mi iglú podrido allí mismo. Siento haber dejado el regalito para los chicos que tengan que devolver ese terreno a su normalidad de recreo familiar pero no podía, ni quería, hacer otra cosa. Por otro lado, me imagino el terreno embarrado cuando ya todos se hayan ido mañana y mi tienda de campaña, sola, abandonada, agujereada y reina del campamento. Me gusta. Conduje luchando contra el sueño. La primera lectura de viaje que escogí fueron los “Episodios Sinfónicos” de Gustavo Cerati pero, antes de que me diera tiempo a parar para conectar el iPod a la casetera, me sobrecogió un accidente en la carretera que conecta la autopista que traspasa la frontera con Paredes de Coura. En uno de los muchos estrechamientos de esta calzada sin pintar con un carril para cada sentido se había producido un choque frontal de dos automóviles cargados de juventudes. Varias personas nos pedían reducir la velocidad unos metros antes del tremendo cuadro de morros metálicos arrugados y, aparentemente, todo el mundo ileso. Me sirvió de advertencia aunque el incidente no impidió que me pasara la salida a la autopista y recorriera cinco o seis kilómetros de una vía oscura, enmoquetada con niebla espesa agarrada al asfalto –“¡mierda! ¿Será esté botón de la luz trasera antiniebla?”- hasta encontrar un lugar en el que dar la vuelta. No vi por ningún coche por delante ni por detrás durante todo ese rato, ni por supuesto casas o luces lejanas. Revisé varias veces los pestillos, aparté (mentira, no se iban) de mi cabeza las imágenes más temibles de avistamientos, espectros y asaltadores de perdidas jovencitas conductoras y tragué saliva dos veces. Una vez enderezada y ya enfilada la vía rápida y sus periódicos peajes, tuve que lucha contra el sueño. Necesitaba cosas que pudiera cantar así que agarré a Miranda!, y luego a Depeche Mode y luego ¡bzzzz!, el sonido de las bandas rugosas del arcén llamándome tonta más que tonta. Aguanté otros 30 kilómetros hasta encontrar un área de servicio abierta (las dos primeras por las que pasé eran ciudades fantasmas, cerradas de doce a seis de la mañana) y, ya parada, saqué de la maleta almohada, sábanas y toalla, me acurruqué y adoré mi coche, mi cucaracha, sobre todas las cosas. La noche empapada estaba algo iluminada por las luces de la gasolinera y la cafetería de guardia para viajeros insomnes. Me daba tranquilidad. Miré mi móvil una vez más: no había mensajes nuevos. Cuando desperté estaba amaneciendo y decidí proseguir la marcha. Pero los párpados seguían pesándome y tuve que parar por segunda vez aunque, en esta ocasión, acomodé mi cama en el asiento trasero y el sueño fue aún mucho más bendito que en la parada anterior. Cuando me sentí descansada salí, tomé un café con caracola y, animada, conduje del tirón hasta Coruña, donde recibí asilo del juntaviñetas más ensoñador del ala noroeste. Estos días es la semana grande de la bd coruñesa, los cartunistas se agolpan a un lado y a al otro de los mostradores de los stands, hay fiestas, encuentros y reencuentros. ¡Y está Jessica Alba! (lapsus!). Que es justo como la imaginaba tras haber leído, hace ya tiempo, “Mirror Window”. Hoy me estoy leyendo “La Perdida” así que mañana lo llevaré en el bolso para ir a su caza y captura de una primera página dibujada y firmada. Juanjo está haciendo un fanzine diario llamado Puñetas desde el Atlántico. Sí, está loco. Gracias por los comentarios al último post. Y mañana hay fiesta Polaqia en Alfaiate. Ya no llueve pero rezo igual.

  • Desde Paredes de Coura

    Ya tengo frío. No entiendo este clima. Hace muchísimo frío por la noche y demasiado calor por el día. Aún no ha anochecido y ya estoy congelada, agarrándome a mi única chaqueta en esta pequenia carpa Internet sorprendentemente vacía. Están tocando Gómez, que no me interesan y no sé si es por eso o porque sencillamente quién desea conectarse a Internet en medio de este hermoso enclave montanioso cuando puede estar viendo conciertos, bebiendo la cerveza verde o haciendo amigos? Yo, por supuesto, sí. Esto es como leer en la playa, disfrutas de lo mejor de dos mundos: el sea, sex and sun y el mundo paralelo de las páginas que narran. Pues aquí es lo mismo, estoy escribiendo mientras miro a Gómez de reojo y, más allá, un tupido bosque que se alza, con ímpetu. Es cierto lo que decían del sitio, es precioso, a pesar de que yo lo había imaginado más. Miro hacia arriba, por detrás del escenario y veo una casa moderna solitaria, en medio de los árboles. Me quedo embobada mirándola. Qué sentirá el que viva allí. He querido postear en flickr desd el móvil pero no funciona y no sé porqué. Así que no puedo mostrar qué es exactamente a lo que me refiero cuando hablo de «enclave», tendrías que verlo.

    White Rose Movement en Paredes de Coura

    Gómez dice que va a hacer una última canción y darnos «some fucking action»… si fuera verdad… El caso es que, a pesar del rollo enclave, no estoy a gusto aquí. Cuando llegamos con el coche tuvimos que enfrentarnos por primera vez al caos desinformativo de voluntarios y seguridad, a la mala senialización (ni siquiera está advertido, desde la carretera, cuál es la entrada al recinto y te ves presa, en varias ocasiones, de los sagaces vecinos montando negocio con zonas de acampada y parking privadas; no sabes qué es oficial y qué no) y a la sensación de que eres la única persona en tu mismo caso, por que si no comprendas que te tengan que dar soluciones individuales para problemas comunes (dónde recogo la acreditación?). Cuando al fin recibí la pulsera como coronación al proceso de acreditación, encontré un lugar donde dejar la cucaracha y Javi Weas y yo cargamos, no sin dificultad, los bultos -muchos y pesados- a la zona de acampada, llegó el momento de encontrar sitio -no fue muy difícil, lo mejor ya estaba cogido- y montar la tienda a oscuras… Vale, había farola, hecho que ayudó a percartarme, casi al instante, del lamentable estado de la tienda de campania. La humedad con la que seguramente fue guardada después del Doctor Music del ??98?? provocó agujeros, manchas negras y… bueno, está en un estado lamentable, no se puede usar. Aún así me empenié en montarla, en medio de un ataque de risa que luego se convirtió en un ataque de pena porque, tsk, yo quería mi tienda. La dejaré aquí, no volverá a Madrid.

    La tienda de campaña de los Munsters
    Espero que Morrissey pueda con todo. Con la anioranza, la incomodidad, el frío y la sensación de desapego.