En la expo de Alfred Hitchcock de la Fundación Telefónica está el storyboard de Saul Bass de la escena de la ducha de Psicosis.
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La materia negra avanza

Dark Matter es toda aquella información que existe en internet y que un motor de búsqueda como Google no puede encontrar ni indexar. Toneladas de información cautivas en apps, servicios de mensajería, visuales sin metadatos o grandes estructuras blindadas como Facebook son los albergues de esta materia negra.
No se sabe cuánta cantidad de materia negra hay en internet (¿90 por ciento?, ¿85 por ciento?, ) pero podemos hacer una proyección sabiendo que en un minuto se publican 4 millones de piezas de contenido en Facebook, Twitter e Instagram. En esos mismos 60 segundos, YouTube recibe una ingesta de 400 horas de video. Durante este tiempo, Google ha procesado 3 millones de búsquedas.
Hay una única persona en la Tierra, llamada Mark Zuckerberg, que puede decidir cuánta materia negra quiere que haya en el mundo, abriendo o cerrando las redes sociales de las que es dueño: Facebook, Instagram y WhastApp. El 31 por ciento de la humanidad tiene un perfil en alguna red social.
Para mí, Facebook es mi Leviatán. Simboliza el reverso tenebroso de lo mejor que tiene internet. Es un clásico ejemplo de apropiación de la libertad ajena para el enriquecimiento personal aderazado con la devolución de una fantasía, una ilusión, de libertad de sus usuarios.
Me emociona mucho encontrar gente trabajando no ya en tirar torpeditos a Facebook (causa perdida) como hago yo, sino pensar a lo grande: cambiemos la estructura de internet para que Facebook deje de ser necesario.
Me gustaría llamar vuestra atención sobre G, The Universal Database.
G es una potente plataforma social media que permite a la gente usar de manera sencilla graph databases para construir repositorios colaborativos de conocimiento.
G mostrará al momento el contexto y el impacto de las noticias en sistemas complejos. Cada granito de información contribuirá a un marco general.
G proveé una herramienta que hemos perdido en el ecossitema de los social media. Es todo un logro para el mapeo de la información y los entornos colaborativos, desde los proyectos escolares al análisis de datos de las grandes empresas.
G es el wiki del futuro y una nueva manera de usar los social media.
Forma parte de los impulsores de este proyecto la activista Heather Marsh, a quien he tenido la suerte de conocer hace poco. Explicar lo que está haciendo a una chica de letras un poco berzotas como yo no es fácil, pero con estos dibujos me hice una buena idea. No se trata de crear un nuevo Twitter ni un nuevo Facebook sino de abrir un agujero en lo que tenemos que permita acceder a información confiable saltándonos la materia oscura. Darle a internet una estructura alternativa. Subvertir el sistema.
Imagina un cubo. Internet es el agua, es el cubo y es todo lo que hay dentro. Las plataformas que usamos para comunicarnos son pequeños cubos introducidos dentro de ese cubo. Es como un viejo bar de Madrid al que iban los universitarios en los 90. La especialidad eran los submarinos: una buen ajarra de cerveza con un chupito de whisky en su interior. Cojamos ese cubo y hagámosle un agujero en su base. Eso es G.
El siguiente esquema es menos poético. Arriba a la izquierda vemos dos cuadrados. El primero, en la esquina, es una página web con información. La www se crea cuando subios a un servidor otra página que enlaza a la primera. Que la indexa, quizá. Esto funcionaba muy bien. Pero llegaron las grandes plataformas y construyeron un muro de información (ese largo pie que vemos dibujado bajo cada una de esas páginas). Son paredes estancas y la comunicación es puramente vertical. A la derecha del boceto vemos la propuesta de Heather Marsh. Abajo del todo tenemos una capa de información de bases de datos y networks confiables («Data» en el dibujo) . ¿Cómo accedemos a ella? La mejor manera es saltarnos las plataformas, el spam, la propaganda, los social media y todas aquellas vías de entrada estancas y mediatizadas, apoyandonos en una red de fuentes cofniables, que se configuran como constelaciones o redes de confianza. Serán nuestras redes de confianza (cada uno tiene las suyas, no siempre son las mismas) las que decidan cuándo algo es importante, en lugar de Facebook o Google.
Aquí una imagen de cómo sería el interfaz de G, tomada del blog de Marsh:
Es más complicado de lo que yo torpemente he conseguido explicar. Para una aproximación al detalle, he aquí este texto. Digo que es complicado, pero en realidad la idea es muy sencilla y por eso es tan brutal. Este proyecto necesita manos y donaciones. Ambas contribuciones pueden canalizarse desde aquí.
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Para qué sirve el periodismo

Hay adolescentes de 14 años que no están interesados en las noticias que dan los medios y solo confían en lo que les cuentan sus amigos vía Instagram. En realidad sus amigos sacan las noticias de los medios pero ellos no lo ven así. Ellos entienden las noticias como un (no usarán jamás esta palabra) procomún. Es la realidad, está en el aire y es de todos. El amigo la caza de ese mar común, la transmite y se convierte en fuente confiable. El medio no solo no es amigo sino que es sospechoso de mentir pero sobre todo de aburrir.
Me dan miedo.
Algo estamos haciendo muy mal cuando los adolescentes desconfían de esta manera en el periodismo. Para la comunidad, los periodistas deberíamos ser como los pediatras: cuidadores, imprescindibles, tranquilizadores; un servicio público.
Comporto con ellos la idea de la información como un procomún y no como una mercancía. Creo que haberla convertido en mercanía es lo que ha propiciado que lo vean como un mercado. Y, ante él, se convierten en ultraliberales. Piensan que se autorregula, que no hay que intervenir, que las noticias fluyen solas.
Cualquiera que alguna vez haya tenido el encargo de practicar periodismo sabrá que no, radicalmente no, no es así. La verdad es difícil de extraer y aún más de distribuir. Solo fluye la información a la que se le inyecta dinero, produce diversión o es de naturaleza impactante.
Lo que propongo es que enseñemos a los adolescentes de 14 años a hacer periodismo. No a comunicar ni a comunicarse entre sí, que eso ya lo hacen muy bien, sino a levantar las noticias a contar una verdad cuando nadie antes la ha contado.
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Estallando burbujas
Recientemente vengo colaborando en los podcast Debate Directo que realiza el encomiable Colectivo Burbuja, un grupo crítico de analistas desde el pensamiento, la política y la acción de izquierdas.

Aquí os los dejo:
Los medios de comunicación alternativos III
Cómo los principales medios de comunicación oficiales son controlados por las grandes corporaciones vinculadas a los poderes políticos para generar opinión pública. Y el papel de los medios de comunicación alternativos como posible contrahegemonía de los grandes medios.
Mujeres trabajadoras: otro rostro de la precariedad laboral
Hablamos de las cifras de la precariedad femenina: a día de hoy el Estado español es el segundo país de la Unión Europea con mayor índice de paro femenino, por encima tan solo está Grecia.
¿Se puede trabajar menos y cobrar más?
Sobre las conclusiones que va arrojando el experimento sueco con el mercado laboral, en el que se han planteado reducir las jornadas laborales, sobre el papel de la Fiscalía en el procesamiento del PP por el borrado de los discos duros, sobre las nuevas filtraciones que revelan el apoyo de Hillary Clinton a los “rebeldes sirios” y, por último, sobre los presupuestos participativos en Madrid. -
Spirit
Hola, depecheras.Este par de pobres-chavales que somos Lord Monreal y la que os escribe somos capaces de no publicar un episodio del podcast en cinco meses y, después, parir un par de ellos en cinco días.
Así que nos hemos saltado la cronología, por la que hubiera tocado un episodio 13 dedicado al Songs of Faith and Devotion, y reaccionamos a la rueda de prensa milanesa del 13 de octubre en la que Depeche Mode presentó el Global Spirit Tour, correspondiente al nuevo disco Spirit, que se publicará en la primavera de 2017.
Alberto: «Global Spirit me suena a chicle de fresa».
Elena: «A mi me suena a los grupos de etnotrance que estaban de moda en los noventa». -
El madrigosto
Madrigosto. Dícese de la vivencia a resultas de pasar el mes de agosto en Madrid.
Qué quieres que te diga, a mí me gusta pasar agosto en Madrid.
El problema es que no soy la única y eso produce un madrigosto cada vez más descafeinado. Se ha convertido en tópico de las conversaciones ligeras de este mes el señalar que «agosto ya no es lo que era» a pesar de que «se va bastante gente fuera». Los mayores recuerdan que «en el agosto de antes» todas las tiendas cerraban por vacaciones y en las calles no se veía un alma. Los pocos que quedaban eso sí, eso sí, tomaban al asalto las terracitas de verano durante la noche. (Ese es mi recuerdo mítico de Madrid en los 80: terrazas en la Castellana, camisas blancas, nombres de bares escritos con neon, altavoces en la acera por los que se oye música rock).
Agosto ya no es lo que era. Desde que no se puede fumar en los bares, las terracitas nocturnas de verano están puestas todo el año a cualquier hora y son, de tamaño, tres o cuatro veces más grandes que el interior del bar.
Pero el madrigosto es más que calles desiertas, (más…)
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Medio año en un suspiro
Me gustaría muchísimo escribir con frecuencia aquí. Es más, me gustaría, muchísimo, escribir. Pero no tengo tiempo. Han pasado seis meses en un suspiro. Durante este tiempo he estado trabajando de una manera intensa en porCausa. Como ya dije aquí, he venido editando el site para Univision Desigualdad. Pero también, desde enero, entré a trabajar al núcleo duro de la fundación, coordinando el área de periodismo. Todo el que me conoce sabe lo feliz que estoy aquí. Necesitaba un proyecto, un equipo, una oficina. Y he encontrado eso y más.
En este tiempo, hemos rediseñado la web, lanzado el proyecto sobre migración, montado un peculiar encuentro en el CaixaForum. Tengo un equipo creciente y lleno de energía que me enseña a mirar el mundo con sus ojos; personas con las que me río y converso. Es una gozada. Y la oficina, en si misma, es un lugar genial, compartido con ISGlobal y la Fundación Carasso, confluyendo en la cocina, el baño o la terraza. Oh, la terraza. Merece un post solo para ella.
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Mi primera experiencia en biciloca
La semana pasada cogí una bicimad por primera vez. A las ocho de la mañana me registré en la web, pagué el carnet anual (25 euros), hice una carga de saldo (10 euros) y a las 9:15 estaba junto a la estación número 140 de la calle Velázquez haciendo un esfuerzo por figurarme cómo funcionaba aquello sin que se me notara mucho.
No fue hasta el cuarto intento que la máquina me dijo que sí, que efectivamente tenía un abono para retirar. La pantalla me pedía «número de documento». ¿De qué? ¿De identidad, de usuaria? Probé lo segundo y, antes de darle al enter ya me estaba arrepintiendo. Le vi más lógica a que fuera el DNI, aunque no lo especificara. Lo puse. Error. ¿Había que poner la letra? La puse. Error. Estaba a punto de buscar el macanismo para reclamar y aceptar el triste destino de ir en metro a trabajar cuando se me ocurrió poner un cero por delante (mi número de DNI tiene siete cifras). Acierto. Ahí estaba mi tarjeta.
Vale. ¿Y ahora qué? Busqué instrucciones, pero en ningún sitio decía qué había que hacer con la tarjeta. Ni en los menús de la pantalla ni en las pegatinas del totem. Sintiéndome imbécil, me aproximé a (más…) -
Muchísimo
—Ya no te veo firmar nada, dice un tío mío.
—Ya, es que ahora tengo un trabajo.Conversación real que sucedió en la más reciente de las reuniones familiares navidescas. Así es. Mi intención no era hacer un chiste, pero a mí me hizo mucha gracia. Mi tío no se rió; entiendo que no es fácil pillarlo. La ocurrencia me dio pié a mi enésimo sermón sobre la explotación de los periodistas colaboradores para, en la soberana conclusión final, revelarles que el freelancismo periodístico estuvo a punto de expulsarme del periodismo. Vale…, autoexpulsarme. Llámalo suicidio, pero es muerte igualmente.
Aquello que conté el pasado 16 de octubre fue el deus ex machina que impidió que me inventara un curriculum que me permitiera optar a un trabajo asalariado en una tienda de decoración hogareña donde todo es blanco y de madera, o bien en un Primark, dos sectores en evidente expansión y donde era capaz de visualizarme, más o menos contenta. Lo digo de verdad. Me encanta doblar ropa y se me da bien.
El problema es la edad. Esto es algo de lo que habla mucha gente. Es vox populi que Mercadona no contrata a menores de 40. Y si me envías una foto de alguien que trabaje en un H&M y aparente menos de 30, te invito a un Chupa-Chups.

Otra cosa es la simpatía, pero creo que con los años he aprendido a fingir en los primeros momentos. He oído de mí, alguna y otra vez, que soy una chica simpática. Esto solo lo dicen los que me acaban de conocer. Por lo general, creo que la definicion que mejor me encaja es la de (más…)




