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  • Pan con Nocilla

    Es difícil abarcarlo todo y blablablá. Tiene cierta gracia que la frase esta nos la dicen más de lo que la decimos. Pero nos la dicen con tono condescendiente, con el tono de que nos comprenden, con el tono ese de que saben lo que nos dicen porque a ellos también les pasa. Así que podrían decírselo a ellos mismos. Es decir, me lo podría decir a mí misma: es dífcil abarcarlo todo. Pero no va a ser así. No me lo digo porque yo lo quiero todo.

    Yo quiero tener un sello, quiero ir a los debates que me invitan, quiero escribir todos los artículos que me encargan, quiero hacer propeustas a todos los medios que me entreabren sus puertas, quiero quedar con todo el mundo al que le digo de quedar y quiero escribir todos esos emails pendientes. También quiero charlar con mi novio mientras tomamos el desayuno y jugar con mi hija a que somos robots a la hora en la que debería hacer la comida. Que todo va a salir medio mal ya lo sé yo antes de que venga aquel a decirme que no lo puedo abarcar todo y blablablá.

    Me quedo con la sensación de que no hago las cosas más importantes sino las que parece que son más urgentes. Y las hago mal. Y blablablá.

    Ayer hablé con un hombre a quien su empresa le debe más de 120.000 euros. No ha cobrado dos nóminas ni multitud de horas extras. Por supuesto, ha perdido el piso al dejar de pagar la hipoteca. Su suegra se fue a otro sitio y les dejó su casa para vivir. Hace un año que dejó de pagar las letras del coche y está esperando que se lo embarguen en cualquier momento. La empresa le tiene en casa, ni le paga ni le despide. Ha denunciado todo lo denunciable. Antes compraba cada día dos barras de pan, ahora ninguna. Su hija de cuatro años le pidió el otro día un bocadillo de Nocilla para merendar. Es más triste que lo del piso y lo del coche tener que decirle a tu hija de cuatro años que no hay ni pan ni Nocilla.

  • Se ceban siempre con los más indefensos

    En Eldiario.es estamos publicando artículos que no son noticias propiamente dicho sino historias de cómo nos están yendo las cosas. A gente que no es famosa y su nombre en un titular no significa nada pero la vida y la economía les dan reveses y su historia suma un ladrillo más de esta construcción de la sociedad española precarizada que estamos, quizá, deconstruyendo.

    La de hoy es la historia de José Vidal Lozano, obrero de reformas domésticas -pintura, fontanería, pequeñas chapuzas- que tiene una discapacidad de nacimientos en los tobillos, lo cual le allana el camino para conseguir algún empleo de esa cuota del 3 por ciento que las grandes empresas están obligadas a cubrir. Pero ni con esas. Montárselo por su cuenta, como hacía antes, tampoco es posible. Lo poco que le sale no le da para darse de alta como autónomo. Su asistente social le ha dicho que está en riesgo de exclusión, sobre todo, si deja de percibir la Renta Mínima de Inserción, que es de lo que vive. Con 375 euros al mes. Le llegó una carta de la Comunidad de Madrid para citarle a una reunión anual de su expediente. metió el recibo que el cartero le dejó en su buzón en el bolsillo de una chaqueta. Y se olvidó. Esto pasa. Pero uno siempre espera que el cartero llame dos veces. Lo más probable es que noviembre no lo cobre.

    Lee el artículo en Eldiario.es

  • Ruge, Madrid, ruge

    Hoy publico otra columna (aquí la anterior) en Playground sobre un tema del que ya había escrito, con mucho entusiasmo, en la revista Madriz: la defensa del ruido. Mi opinión es que si vives en Madrid tienes que estar a favor del ruido. Si quieres silencio, vete a vivir a Somaén. Una capital ahogada en el silencio es una capital muerta. En el ruido está todo: está la protesta, está la música, está el movimiento, la acción, la reacción y la revolución.

    Hoy hay ruido, mañana mucho más.

    «El sonido se convierte en ruido cuando supera los 65 dB. Lo normal es que la música de una discoteca se escuche a 100, sólo 10 decibelios más que el rugir de una motocicleta. El infierno de los atascos, el pitido de los coches, los martillos percutores de las obras, los helicópteros, las alarmas de las tiendas que saltan por la noche y nadie acude a desconectar, las sirenas de la policía y los bomberos, el aviso sonoro de una maquinaria pesada que circula marcha atrás, mi vecino de abajo que amenaza de muerte a sus padres y canta libretos de musicales y mi vecina de arriba que cada tarde sale al balcón con la guitarra para cantar “Creep” de Radiohead molestan más, mucho más, que los bares y los botellones…» Sigue leyendo.

  • A bailar tango

    Me voy a desbordar.

    Llevo bebiendo días y días y días. También algunas noches. Estoy tan llena que pienso en el sueño como un agradable escape en el que vaciarme en silencio y muy despacio. Pero, si sigo despierta, voy a reventar.

    Mañana tengo que hacer una entrevista que me atrae y me incomoda. Una entrevista a la que, como a cualquier examen, voy mal preparada. Es justo eso, lo veo ahora: se parece más a un examen que a un trabajo. Como si él me fuera a poner nota a mí, a pesar de que soy yo quien va a hacer las preguntas. A pesar de eso, voy con la cabeza gacha, como si me hubieran puesto un 3 antes de entrar al aula.

    Ya me decía mi madre que mi problema es que no me creo que voy a aprobar, que no sé que me lo sé. Por supuesto, lo negaba tajantemente: ya estaba yo bastante deprimida como para autohumillarme. «Ve a por el sobresaliente», me decía mientras ponía la mano sobre el pomo de la puerta. Al cerrarla tras de mí, ya se me caían las lágrimas antes de que se abriera la puerta del ascensor. Una vez dentro, veía mi cara roja en el espejo. Y bajaba los ojos. Maldición. Con ese cuerpo entraba al examen. A por el sobresaliente. Ya. Un 3, un 4, un 5 con suerte. En general, he sido siempre una examinanda deplorable. La gran decepción de mis mejores profesores. Señorita Cabrera, usted sabe nadar y guardar la ropa. Todavía no tengo ni idea de qué quiere decir eso, pero salí de la sala de profesores pensando que significaba algo. Y veinte años después ya sé que no significa nada.

    A pesar de tanta confusión, yo creo que a las entrevistas no voy a por el sobresaliente sino a nadar y a guardar la ropa, no necesariamente en ese orden.

    Perdonad por el desahogo. Me estaba desbordando.

  • Siempre me miras de la misma forma

    No, no escribo mucho, eso es verdad.

    No tengo mucho tiempo.

    Además, tampoco me siento cómoda.

    Pero esta noche estoy recordando este vídeo en el que Carmen Martín Gaite dice que cuando no puedes conversar, escribes. O algo parecido.

    Si pudiéramos hablar bien no escribiríamos, dice. Y también añade que, cuando no encuentras ese interlocutor, te pones a escribir.

    La búsqueda del interlocutor es todo un tema. Sobre todo si eres Carmen Martín Gaite. Para todos los demás, la búsqueda de interlocutor es una tragedia. Ni tema ni hostias. No hay. No existe. O monologas o escribes.

    Yo no sé monologar. Yo solo sé enredarme.

    Cuando estoy muy desesperada le pido a alguien que me haga alguna pregunta. Pero me toman a broma y no me las hacen. A mí, la periodista, la de las preguntas. A mí, la opaca, esa que se lo guarda todo, resulta que a veces quiero, no, necesito, que me hagan buenas preguntas, o me muero.

    Pero no me las hacen. Yo qué sé. En este país no se puede pedir nada. (En otros, tampoco).

    Es como cuando les pido que me lean. Y no me leen. Hay dos personas a las que les pido que me lean pero no sé muy bien si no quieren o si no me toman en serio.

    A mí también me gusta leer en alto pero nunca nadie me pidió que lo hiciera. A Eleonor le intento leer pero ella prefiera jugar a cerrar el libro que tenga entre mis manos. Aunque a ella le gustan mucho los libros, eso me hace muy feliz. También le gusta la música. Y eso ya me parece brutal.

  • ¡Muerte al peluche!

    Autoreverse presenta su primera referencia exclusivamente digital: una referencia de cuatro canciones. Se trata de dos temas originales de Comando Suzie y las remezclas de ambos construidas por F Metamars. Es, por tanto, un diálogo entre dos músicos del sello: Raúl López (Comando Suzie) y Javier Piñango (Ankitoner Metamars). En esta conversación, Metamars realizó su aportación utilizando las canciones Muerte al peluche y E.I.T. tal y como aparecen en el disco. Es decir, no usó las pistas por separado, lo cual, a mí entender, hace de esto un verdadero remix sobre la obra y no tanto una reconstrucción, como sucede en otros casos.

    La idea de remezcla a Comando fue del propio Javier Piñango, a quien la escucha de esas dos canciones le sugirió lo que él tituló como «Comando Suzie oxidados en el infierno». ¡Ese maldito cerebro suyo! El techno-pop se convierte en algo sí, oxidado, industrial, al pasar por los filtros de F Metamars.

    Hace un año que tenía estas dos remezclas pero esta referencia se ha ido retrasando por diferentes motivos. Primero porque soñamos con la idea de editar un maxi en vinilo. Pero no hay dinero, imposible. Después de admitir que la referencia solo podría ser digital, me emperré en que la portada la hiciera un dibujante del que soy muy fan pero no fue posible primero por falta de tiempo y luego porque no le acababan de cuajar las ideas. Y ya por último pasó más tiempo en blanco sin que supiera qué hacer con la portada, hasta que se cruzaron por mi camino las fotos en blanco y negro de Unidad de Sueño. Y en ese momento vi claro que él podría encargarse del diseño.

    A partir de ahí todo ha ido muy rápido. Metamars le ha aplicado una masterización al conjunto de cuatro canciones y Javier Martínez (Unidad de Sueño) ha trabajado en la portada y el inlay en cuestión de una semana.

    La fecha oficial de salida fue el pasado lunes 9 de julio. La semana anterior lo subí al agregador digital pero debido a los largos retrasos que acumula Spotify e iTunes, quién sabe cuándo estará en estas plataformas.

    Donde sí está desde el viernes es en Soundcloud. Algunos os estáis preguntando cómo se descarga, ya que su licencia es Creative Commons Compartir Igual. La respuesta es: todavía no está disponible para descarga. En Autoreverse primero ponemos los discos en circulación en streaming, después en compra y finalmente en descarga libre. Es solo una cuestión de tiempo.

    En septiembre y octubre editaré dos cedés, uno de ellos es el tercero de Comando Suzie y el otro es de un grupo que os va a gustar, es un grupo conocido de la escena electrónica que cambia ligeramente de nombre. No doy más pistas. Para realizar estos lanzamientos necesitamos financiación, si te ha gustado Muerte al peluche, cualquier contribución a la hucha de Autoreverse para pagar la fabricación de los próximos discos es muy apreciada.





  • Nos vamos de feria

    El domingo 1 de julio Autoreverse venderá también sus discos en la I Feria del Disco Independiente de Madrid.

    Es en The Wall (Corredera Baja de San Pablo, 47) a partir de las 11 de la mañana.

    Como dice una canción del próximo disco de Comando Suzie, y yo te prometí feria

  • Preguntas y respuestas sobre la CT

    En mi opinión CT o la Cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española, es el libro más importante en el ámbito de la reflexión sobre nuestra cultura, como poco, de este año.

    Para hablar sobre él y, en concreto, de cómo funciona la CT en la música, he escrito este artículo que se ha publicado en Lainformacion.com, siendo mi última colaboración para este medio: Cae un torpedo en la línea de flotación de la cultura española. El torpedo es varias cosas: lo que no es CT haciéndose un hueco en la CT, el libro en si mismo y mi propio artículo insertado en Lainformacion.com

    Siguiendo con mis intenciones de clarificar el trabjo que realizo, me gustaría contar que el artículo está realizado con la lectura incompleta del libro (no me ha dado tiempo a leer todos los capítulos), con la escucha de la grabación de la presentación en Traficantes de Sueños, con conversaciones previas con algunos de los escritores del libro y con tres entrevistas realizadas por escrito.

    Como mi negociado en Lainformacion.com ha sido la música, enfoqué por ahí el tema y por ello decidí entrevistar a las dos personas que abordan el tema en el libro: Víctor Lenore (Música y CT) y David G. Arístegui (Sgae). Para conseguir una visión general, entrevisté también a Guillem Martínez, que es el coordinador de este manual.

    Aunque hago tres preguntas a cada uno de ellos, solo he usado dos de ellas en el texto, por motivos de espacio. A pesar de ello, ya que me quedó bastante largo. (Ese sigue siendo uno de mis problemas al escribir en medios online). Estas son las preguntas y respuestas sin editar:

    Guillem Martínez:

    – ¿Hubieras preferido construir este libro antes del 15 de mayo de 2011? Porque tu denuncia de que la CT existe viene muy de atrás. Este libro antes del 15M habría sido más negro y en cambio ahora tiene ejemplos de que la CT se puede doblegar.

    Este libro es una construcción colectiva. Consiste en diversas personas llevando lejos, y en su disciplina y en sus coordenadas ideológicas, el concepto CT. Es un intento, me parece que exitoso, de luchar por un lector que, al menos formalmente, no existía antes del 15M. Como casi todo. Antes del 15M, la soledad era extrema. Había datos –MerÇè Molist, Amador Fernández-Savater-, que indicaban que se estaba fraguando algo bestia, una nueva cultura, un cambio de paradigma, un enfrentamiento cultural. Yo no los ví. Como profeta, soy una XXXXX pinchada en un palo.

    – Antes te he dicho que tu denuncia de la CT viene de muy atrás. Pero, ¿desde cuándo exactamente? ¿Cuándo empiezas tú a usar el término y a señalar, por decirlo así, dónde la CT opera con malicia y dónde nos escurrimos de ella?

    Por mi parte, me empecé a interesar por el tema hacia 2000, con un librito que se llamaba Franquismo Pop, en 2004 con un librito que se llamaba Pásalo, a través de un blog en el que, desde 2005 a 2007 intenté describir la CT a tiempo real, y con el prólogo a La Canción del Verano, en el que explicaba lo que sabía de la CT. En todo ese trayecto, me cayeron los chuzos de punta, lo que indica que sí, en efecto, todo era muy negro y hacía mucho frío antes del 15M. EL concepto CT, esa construcción colectiva, es, si se me permite, la meditación sobre la cultura española más profunda en décadas. Esta mañana a primera hora
    es un discurso incontestable. Es lo que siempre ha sido. Algo sexy, apasionante, atractivo, abierto. Una castaña. Hace apenas un año, las personas que utilizaban el concepto eran lo que la CT calificaba como marginales, cerrados, resentidos, picha-tristes, aburridos. El hecho de que ahora la CT sea lo viejuno, lo reaccionario, lo soso, indica cierta, aunque precaria,
    normalización cultural.

    – ¿Cómo está siendo tratado este libro por la propia CT a la que critica? Entiendo que según el análisis «cerca es bueno; lejos no es cultura» este libro debería ser ninguneado, a pesar de ser editado por Mondadori (aunque en su colección de bolsillo, lo cual no desestabiliza el universo) y de contar con algunos autores que reciben cierta consideración en los medios.

    Hasta este libro, el concepto era tratado por la CT como frikada, como radicalismo fanático y fuera de lugar. Algo falso y fácilmente desmontable: lo que nosotros proponemos supone mayor abertura, mayor libertad, mayor amplitud. Bueno, en tanto que cosa extraña y antagónica a ella, nuestro concepto recibía el trato Premium que la CT dedica a lo que la desestabiliza. El silencio. Por ahora, el libro no ha recibido silencio. Los medios y autores más implicados con la CT, hablan de nosotros. Y nos perdonan la vida. Es decir, tenemos-cosas-buenas-aunque-no-todas, etc. La CT carece de discurso para valorarnos. Salvo, lo dicho, el silencio, opción por la que ahora no puede optar aunque lo desee. Creo que ha quedado claro que el concepto CT es un torpedo a la línea de flotación de la cultura española, que algo muy gordo se está hundiendo, y que nuestro concepto es básico para hablar de cosas que, sin él, resulta difícil no sólo explicar, sino tan solo percibir. Hemos creado una buena herramienta.

    Víctor Lenore:

    -En tu artículo mencionas que los medios de comunicación «desde hace décadas ejercen un implacable control de contenidos, sin que nadie examine sus criterios». En el caso de los medios especializados en música, ¿cómo analizas su relación con la CT?

    No creo que haya grandes conspiraciones. Simplemente, los puestos de periodista cultural siempre los han ocupado gente de clase media o media alta. Además suelen ser hombres, bastante esnobs, muy poco interesados en los mecanismos sociales. Desde un presunto refinamiento cultural, se ve como algo barato y de mal tono hacer un artículo sobre Camela, el rock radikal vasco, la cumbia, el techno de Detroit , la salsa, el gangsta hip hop o el reggaetón. Justamente los géneros que han salido de las clases desposeídas. Se trata de estilos demasiado horizontales, orientados al hedonismo, la relación social y la pista de baile. Se hacen críticas de los conciertos que cuestan de 40 a 100 euros la entrada, pero nunca se cubrieron las raves ilegales. Otro ejemplo palmario es el flamenco: no se informa del flamenco tradicional porque su origen rural y popular nos queda muy lejos. Sólo empieza a entrar en los medios con el invento del nuevo flamenco. Hemos heredado los tics bastante rancios, desde el culto a lo anglófilo hasta el rechazo a mezclar arte con política (como si fuera posible mantenerlos separados). La relación más directa con la CT es entender la cultura como una fiesta donde no caben los antagonismos. Para mí es una celebración donde sí deberían caber posturas problemáticas, especialmente en tiempos tan hostiles y opresivos como los que vivimos. Dicho esto, no creo que la música popular tenga ninguna importancia política, más allá de acompañar o visibilizar ciertos conflictos (la música es más o menos política dependiendo del empeño del sistema en esconder su homogeneidad y autoritarismo, del tipo que sea). El control de contenidos en los medios es en gran parte inconsciente. La mayoría se limitan a responder a prejuicios culturales e intereses de la industria. Antes era la discográfica, ahora la del directo, la moda o la cerveza. Si nadie ha examinado estos criterios es porque en la cultura española hay muy poca propensión al debate, más allá de tres o cuatro rencillas personales.

    – Haces repaso a momentos muy simbólicos de la música de las últimas décadas intoxicados por el dominio de la CT, ¿podrías destacar algunos momentos de lo contrario que hayas vivido o conocido de cerca?

    Hoy puedes encontrar veinte entrevistas a la Habitación Roja por cada una a Óscar Mulero y eso es uno de los disparates más grandes de la prensa musical en España. No hay color entre la relevancia artística y el impacto social de uno y otro. La ruta del bakalao se cubrió en la sección de sucesos en vez de en cultura. El reggaetón se rechazó por sucio, vulgar y negro, que son exactamente los mismos argumentos que usaban cantantes melódicos como Frank Sinatra para despreciar el rock and roll. Es un paralelismo bastante revelador. No hemos aprendido nada. Se rechaza la música negra de baile como música baja, cuando en realidad cumple una función tradicional de la música popular: servir de calentamiento para el sexo. Además de ser mucho más sofisticada sonoramente (lo que pasa es que no nos han enseñado a apreciar los matices de la música de bajo). En la prensa se habla mucho de la música como experiencia místico-narcisista y poco de la música como experiencia vital. Fíjate que en las entrevistas es clásica la pregunta de qué discos te llevarías a una isla desierta, pero nadie se interesa por qué cinco canciones pondrías en una fiesta con amigos. El prisma individualista queda muy claro. Les importa muy poco las condiciones sociales de creación, cuando la música es uno de los medios más sociales que existen. Otro problema de los críticos españoles es la solemnidad. Hablamos de un colectivo poco propenso a bailar, que piensa que los estilos musicales más dramáticos son los más intensos. Pues no, una canción sobre todo es alegría. No hace falta haber leído a Bourdieu para darse cuenta de que la mayoría de críticos conciben las música como factor de distinción, más que de conexión con el entorno.

    – ¿Cómo es el mecanismo con el que opera la CT para desarticular un discurso crítico en el mundo de la música en España?

    Pues un mecanismo muy clásico nuestro: pasar olimpícamente de todo lo que resulta problemático o ajeno a nuestros esquemas mentales preestablecidos. Los medios se limitan a ignorar lo que les resulta raro o incómodo. Ya puede ser a un rapero como Arma X o a un estudio sesudo sobre la financiarización de la editorial Traficantes de Sueños. La radiofórmula ha sido un factor de homogeneización, machacando treinta canciones al año, todas muy similares. En la prensa especializada la música indie/hipster/moderna (como la quieras llamar) ejerce de tapón del resto de estilos, ya sea la música africana, jamaicana o latina (me refiero a la que no se hace en Miami). Estos últimos estilos apenas se cubren. Conocemos treinta grupos neofolk de Kentucky y no podemos citar tres de Marrakech o Bogotá, que son territorios que nos quedan más cerca en muchos sentidos. Por suerte Internet está deshaciendo bloqueos de los medios tradicionales, que llevan bastantes años dormidos en los laureles y solo ahora empiezan a ponerse las pilas. Otro cosa interesante es nuestra incapacidad para relacionarnos con la música de los migrantes. Si te fijas en Madrid, los carteles de música latina se pegan en Legazpi, los de música africana en Lavapiés y los de música anglosajona en Malasaña. Son fronteras invisibles que no hemos logrado borrar. Tampoco es que lo hayamos intentado mucho.

    David García Arístegui:

    – Visto el caso de la Sgae, ¿cómo encajas la aparición de vuestro proyecto Cultura Libre en un escenario donde el dinero es lo que contribuye a desactivar la cultura resistente (tal y como concluyes en tu artículo)?

    Me temo que voy a tener que ser un poco extenso para que se me entienda. El dinero de los derechos de autor ayudó a desactivar la cultura, ya que históricamente se ha recaudado en función de intereses corporativos e institucionales convergentes, es decir, de manera totalmente interesada. Aquí la SGAE consiguió que se implantara el modelo que los anglosajones caracterizan como «winner-take-all» (el ganador se lleva todo, como en las casinos). Y los números cantan: sólo el 4% de los socios de la SGAE cobra más del salario mínimo interprofesional en concepto de derechos de autor. Y Teddy Bautista lo tenía claro, cuando afirmaba que «la SGAE no es un sindicato, sino una entidad administrativa de representación proporcional en la que los votos son como acciones».

    En el capítulo revindico, en contraposición a Teddy Bautista y su nefasto modelo Bankia de gestión colectiva de derechos, a la figura del olvidado sindicalista y autor Ángel María de Lera. Lera estaba más interesado en conseguir derechos sociales para las y los autores que en la propiedad intelectual per se. Cultura Libre quiere recoger esa olvidada herencia y visión social de los derechos de autor, que es la de implementar un modelo que por un lado posibilite unos ingresos dignos y estables a todas las personas que crean, no sólo a las de éxito (un modelo redistributivo que las entidades de gestión ni se plantean), y que por otro permita un acceso universal a la cultura (erradicar el canon a bibliotecas públicas, permitir el intercambio de contenidos en redes P2P…).

    – ¿Cómo ves el cambio de la Junta Directiva de la Sgae y sus intenciones de transparencia y cambios en la casa?, ¿has detectado algún comportamiento no CT en la Sgae de Antón Reixa?

    Espero equivocarme, de verdad, pero creo firmemente que Reixa no va a cambiar nada sustancial en la SGAE, nada. Pienso que sólo le obsesiona mejorar la imagen de la entidad, pero para mantener exactamente el mismo modelo, con cara un poco más amable. Sus alusiones al copyleft y Creative Commons durante la campaña electoral han resultado ser puro humo, y es otro que quiere mantener esa guerra demencial y perdida de antemano con el intercambio de archivos. Que en un país con la banda ancha más cara y de peor calidad de Europa el señor Reixa se descuelgue, recién elegido, con declaraciones hablando de que la banda ancha no es necesaria y «sólo sirve para descargar megas y megas pesadisimos» dice mucho de la supuesta «ruptura» que iba a hacer con el pasado de la entidad. Ha salido elegido presidente porque las editoriales musicales le han votado en bloque. Las editoriales musicales son tortugas tecnológicas, son las que menos entienden el actual contexto tecnológico y social en lo que a productos culturales se refiere.

    Dijo Alberto Olmos [en la entrevista que le hicimos en el programa de radio] que las Creative Commons son una etiqueta que se cuelgan los artistas como reclamo para parecer modernos. ¿Puede tener algo de razón?, ¿puede ser que la música con licencias libres también esté siendo neutralizada por la CT?

    Totalmente de acuerdo. Al igual que el poner el Estatuto de los Trabajadores o el Convenio de turno encima de tu mesa no supone absolutamente nada para RRHH de tu empresa, si no hay una acción colectiva que lo respalde, el poner el logo de Creative Commons no implica nada, si no hay instancias colectivas que lo hagan valer. Si el gordo de Megaupload se pasaba por el arco del triunfo el copyright de las «majors», pues imagínate de contenidos copyleft, con licencias más o menos laxas. O empezamos a organizarnos para defender la cultura libre y el copyleft, o los Creative Commons van a ser el equivalente 2.0 de las camisetas con la cara del Ché. Bonitos, pero inútiles, y casi contraproducentes.