



Son maravillosos.
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Esperar te chupa la sangre
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Un aporte a Periodismohumano
Desde hoy, ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? se suma al collage que está construyendo Periodismohumano para ir levantando poco a poco el que puede ser un improtante medio -y, lo peor, el único- para hacer periodismo crítico desde un enfoque de derechos humanos.
Radioactivos y el programa/podcast de libros que hago con Carolina León todos los lunes en Radio Carcoma forman parte de la sección de cultura de Periodismohumano.
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Gefirofilia y gefirofobia en un mismo puente
Lo mejor de la radio son las entrevistas. A veces piensas que lo más especial es escuchar el retorno de tu voz por los auriculares y creerte que es otra persona la que habla. Pero, superada la fascinación del egocentrismo adolescente -bueh, no dura mucho, menos mal- te das cuenta de que lo que tienes que hacer es callarte. El trabajo bueno en la radio es pues el que no se ve: los emails que se envían para convencer a alguien de que venga a una emisora subterránea camuflada tras el cartel de un locutorio. Carolina hizo muy buen trabajo trayendo ayer a Iván de los Ríos a ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? y lo mejor que pudimos hacer fue darle a Iván todo el tiempo que cabe en 60 minutos. Iván es profesor de filosofía, traductor y ensayista y fue invitado por el capítulo que aporta al libro Los Soprano forever, editado por Errata Naturae.
Además de herramienta de entretenimiento, algunas series de televisión también realizan una función de análisis crítica de la sociedad occidental post-industrial y el capitalismo sobre el que se asientan. Así son Los Soprano y The Wire, por ejemplo. Series difíciles que aún así son vistas por mucha gente (menos de la que ve House o Lost, eso sí). Si series como House sirven como autoayuda (dijimos en el programa), las otras que he mencionado también son una especie de autoayuda, pues nos ayudan a enfrentarnos fríamente con la sociedad que tenemos, la de un mafioso que no puede admitir entre sus compañeros que le come el coño a su mujer o que va a un psiquiatra porque perdería su reconocimiento. ¿Qué mejor ayuda que la que te provoca un shock? Y todo eso sin bajarnos de la sociedad del espectáculo, que parece ser el único empaquetado posible con el que se nos pueden servir los mensajes. Si no son espectaculares, son invisibles.De estas cosas hablamos con Iván de los Ríos, antes, durante y después. En realidad ayer hubo tres programas, tres conversaciones: una antes en una cafetería encantadora que decubrimos cerca de la radio, una con los micrófonos abiertos y otra en la puerta de la radio, en la acera, con algo de frío y el casco de la moto en la mano. Ya para irnos pero sin querer. Bueno, yo no quería, porque hablábamos de Bolaño. Pero, a la vez, quería irme a casa a leer a Bolaño. Los mejores escritores, decía Iván, los que más le gustan, son los que te hacen desear leer a los escritores de los que te hablan. Bolaño es de esos. Qué escritores tan generosos que te ceden en lugar de retenerte con argucias. Se me ocurrió que debíamos hacer un programa sobre tipos de escritores: los que te dan ganas de seguir leyendo, los que te dan ganas de escribir, los que te dan ganas de cerrar el libro y ponerte a vivir.
Bolaño es de esos que te empujan a cruzar puentes y, quizá él no lo sepa, pero Iván de los Ríos también es de esos.
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El sexo negativo
Agradezco vuestros comentarios y consejos sobre la moto. Han pasado dos semanas y he cogido confianza. A pesar de ello, voy tan alerta y tensa que he contracturado aún más mis músculos.
Definitivamente he declarado la guerra a los taxistas. De entre todos los conductores -no digo nada nuevo- los trabajadores del taxi son los peores. Hartos de pasar horas al volante tratan al resto de ocupantes de la vía como piedras en el camino que o bien son invisibles o bien son un estorbo que hay que esquivar con rapidez mientras buscan desesperados un cliente que cargar.
Por eso, no usan los intermitentes (se aburren de tanto dar a la palanquita), paran donde quieren, giran sin previo aviso, abren la puerta como un dominguero que se para en la cuneta de la carretera nacional para respirar aire puro y tratan el carril bus-taxi como si no fuera bus-taxi-moto. Esto último ha sido una revelación, un dato totalmente desconocido hasta hace unos días: ¡las motos pueden usar el carril bus! Desde que lo sé no lo suelto. Me siento como en un pasillo vip. Aunque tiene sus peligros, siendo el más destacable los giros a la derecha. Me explico: si un coche está situado en el carril anexo al reservado para bus, taxi y moto y quiere girar a la derecha para tomar una bocacalle puede que respete al autobús, porque es enorme, pero la motocicleta ni la ve. No sé aún qué esperan de mí, si que corra mucho para que no me pillen o vaya lenta para cederles el paso. En verdad pienso que lo que quieren es aplastarme.
Otro lujo, junto al del carril vip, que he descubierto es el placer de aparcar donde me de la gana, subirme por las aceras y dejar la moto en la puta puerta de allá donde vaya. Igual resulta que está prohibido pero, ¿cómo saber dónde se puede estacionar una moto? Un día la dejé en una plaza verde mientras entraba en una panadería a comprar un suizo. Un conductor me miró con cara de odio, como si le estuviera robado. Estos días estoy yendo a la Muestra de cine fantástico de Syfy y, ya digo, en la puta puerta. Diez minutos tardé en llegar al cine desde mi casa. Si, ya lo dice mi novio, desde que estoy motorizada estoy insoportable.
La Muestra de Syfy es uno de los mejores momentos del año. Es una de esas cosas que hacen a Madrid, Madrid. Ves el cine Luchana lleno y te preguntas de dónde sale tanta gente a la que le gusta lo mismo. Siempre piensas que hay cuatro y luego en cambio se puede llenar un cine con ellos. La nueva película Vicenzo Natali, el de Cube, es una mierda. Se llama Splice y es de vergüenza ajena, menudas risas en el cine. Ya pintaba mal que el protagonista fuera Adrian Brody. Es muy gracioso que su mujer en la película se llama Elsa (como Pataky), el papel lo hace Sarah Polley. La de Johnnie To, Vengeance, está muy bien, esa sí la recomiendo. Un western hongkonés con mafiosos, asesinos a sueldos y honor. Con Johnny Hallyday de protagonista. Y el anime Summer Wars también estupendo, me ha gustado mucho.
Leticia Rodera -grande, me encanta, presenta todos los años las películas- dijo de Amer que era para amarla o para odiarla. Yo en realidad me aburrí mucho hasta las escenas de corte con navaja. Es una película experimental francesa que, si me preguntas, no te la aconsejo. Y de The Crazies, un remake de Romero producido por el propio maestro, también estuvo muy bien. Y eso es todo lo que visto porque ayer tocaba IAMX y no pude ir a ver ninguna película.Ya que estamos en plan crítica cultural diré que el concierto de IAMX habría sido maravilloso si no fuera porque la mierda de sonido me impedía darme cuenta de ello. QUÉ HORROR. Normalmente el sonido en Caracol es bueno pero ayer la cagaron y bien cagada. Los graves lo tapaban todo, incluidas las voces, sonaba saturado y empastado, la vibración que producía era incluso molesta. Qué lástima porque IAMX es uno de los mejores artistas del mundo. Eso sí, estaba lleno, ¿de dónde le salieron tantos fans? Casi me quedo sin poder entrar.
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Entrevista con un muerto. La doble identidad de Jorge Carrión
Me gustaría escribir un poco sobre cómo y porqué hicimos así esta entrevista. El día anterior Jorge Carrión presentaba el libro junto a Isaac Rosa y Jordi Costa en una librería de Madrid. Allí el escritor contó que estaba algo fastidiado por el nivel de spoilers que se estaban vertiendo sbre la novela. En algunas críticas se desvelaba ya en la primera línea lo que en realidad el libro es. Ese día me faltaban algunas páginas para terminar la lectura e incluso a esas alturas recibí en la presentación algunas sorpresas que aún no había averiguado por mí misma.
Debido a eso, decidí que en la entrevista del día siguiente no quería analizar ni contar nada que desvelara mucho sobre Los muertos, sino continuar con la ficción. Pefería hablar sobre Jorge Carrión que sobre la novela pero no quería dejarla de lado, por lo cual le pedí a Carrión que actuara de adivino (un oficio que aparece en la novela) y yo sería una mujer sin identidad a la que el adivino le revela que se llama Jorge Carrión.
La realización es de David Tesouro, también conocido en la redacción como David El Joven.
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Los coches son asesinos y los peatones, suicidas
Hoy ha sido mi primer día circulando en moto por Madrid. Mi bella Kymko Like 125 negra con destellos azules y yo, con mi enorme casco, mi chaqueta air-bag y mis guantes de orangután.
He aprendido algunas cosas sobre el tráfico de Madrid, siendo la primera y más importante la que titula este post: los coches son asesinos y los peatones son suicidas. A pesar de ser yo, en otros momentos del día, automovilista y peatón, nunca me he visto tan culpable de actos tan arriesgados como les he visto cometer a ellos hoy.
Los coches no consideran que las motos tengan tantos privilegios como el resto de coches, por ello, si un automóvil está asomando el morro desde una calle con ceda el paso, dejará pasar a los coches que vienen pero no a la moto. Por tres veces hoy he tenido que frenar para que no me comieran las fauces de esos enormes bichos de hojalata con cuatro ruedas, radio y calefacción. ¡Cuánto he echado hoy esas tres cosas de menos! Mientras se me congelaban las yemas de los dedos pensaba en nuestro viejo Xantia.
Y luego están los peatones, que opinan de las motos lo mismo que los coches: que se joda el motorista. Y, bajo esa regla, salen inesperadamente entre dos coches por medio de la calzada, se bajan de sus taxis sin mirar y cruzan por lugares por donde yo no veo un paso de cebra.
Todos miran mal a los motoristas salvo los que van en otras motos. A no ser que la otra moto sea más grande o corra más que la tuya, que en mi caso es lo más usual.
El problema más grande con el que me encuentro es el aparcamiento de la moto: no tengo fuerza para subirla al caballete. A pesar de que hoy he aprendido un truco, al llegar a casa he comprobado que el truco sólo funciona en llano. En cuesta, que es donde yo vivo, provoca mis sudores, desesperación y casi, casi, llanto por impotencia. Hoy ha sucedido lo mismo que me ocurría cuando era una conductora inexperta y tras retener el tráfico de una calle estrecha durante diez minutos alguien se ofrecía a aparcar el Ibiza por mí. Ahora, cuando lo recuerdo, pienso que debía estar loca al dejar que un desconocido se pusiera al volante de mi coche para aparcarlo. En aquel entonces la desesperación me hacía confiar en los que me prestaban su ayuda. Esta noche, delante de casa, un vecino desconocido ha pasado delante de mis ridículos esfuerzos por levantar la moto sobre su caballete. El chico llevaba una bolsa de basura. Al rato, ha vuelto sobre sus pasos y, con su mejor sonrisa, ha preguntado ¿quieres que te ayude?
Con mi mejor sonrisa me he levanto la visera del casco y le he contestado: estaría genial.
Otra cosa aprendida hoy: no puedo ir en falda y en moto a la vez. Creo que he cogido todas las posibles infecciones del mundo por culpa del frío. Apenas tengo pantalones y odio los vaqueros, de manera que vislumbro un futuro cercano y continuo de cambios de ropa en el lavabo de la redacción.
Y el firme. ¿Por qué lo llaman firme si parece un camino de cabras? Cuando circulas con el coche por Madrid crees que el suelo es recto y no te importan los agujeros. Con la moto, en cambio, los veo todos muy de cerca y boto de miedo incluso antes de llegar a ellos. Madrid está lleno de hoyos, baches, tremendos agujeros en el asfalto. ¡Es una vergüenza! Hay grava aquí y allá, tierra y pequeños escombros que convierten la conducción es un rally. Es evidente: no es ciudad para motos.
Y luego está la M30, ese anillo de fuego donde hay que correr, ser el más fuerte, el más listo, el más salvaje. Hoy la he cogido por error (la costumbre) y he tenido que evacuarme por la primera salida, con la consecuencia de callejear durante quince minutos más de lo previsto.
Ayer y hoy Madrid anticipa la primavera (mientras en Barcelona nieva como si se adentraran en una nueva glaciación), con un sol maravilloso pero un frío de perros. Tengo las manos cortadas por el frío y los pies entumecidos. Pero eso es justo lo que siempre he deseado.
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La pesadilla continúa (más allá de la muerte)
Domingo por la mañana. Desayuno en la mesa del salón mientras escucho singles que me he comprado en La Metralleta. A la vez, miro el correo, miro los periódicos, miro por la ventana y me asombro del impresionante y soleado día de invierno que hace hoy tras ciclogénesis explosiva de ayer que, total, ni tan explosiva ni tan nada: un poco de viento.
Como el vinilo no hace scrobbling a Last.fm, esta vez os quedáis sin cotillear en qué estoy escuchando. Todas son canciones estupendas. Entre las nuevas adquisiciones hay un single de The Cure que tiene en la cara B una versión en directo de Last Dance, que era la sintonía que usaban en mi anterior programa en Radio Carcoma.
Más cosas sobre la mesa: periódicos del sábado con artículos a medio leer. DVDs de música que he comprado recientemente (el documental de Vincent Moon para The National, Meeting people is easy de Grant Gee sobre Radiohead y vídeos de Soft Cell). Todas las notas para el artículo que llevo una semana escribiendo en lainformacion.com y un borrador del texto, el cual no me gusta y tengo que reelaborar. También en la mesa: discos, un libro para el programa de mañana y más periódicos atrasados.
En ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? hablaremos mañana por la noche de la muerte, los escritores tanato-obsesivos y Emily Dickinson. El traductor de la antología Poemas a la muerte de la poeta americana, editado por Bartleby, nos atenderá por teléfono desde un autobús. Ya hay una lista en Spotify de las canciones que sonarán mañana.
Nadie osa nombrar la Soledad –
acaso preferimos intuirla
como si sondeáramos su Tumba
para medir la hondura –El peor miedo de la Soledad
es que a sí misma se pudiera ver
y hubiera de morir antes de tiempo
por sólo una mirada –El abismo de no ser contemplada –
marginada en la Oscuridad –
con la Conciencia suspendida –
y la Existencia bajo Llave –Temo que esto – es la Soledad –
la Creadora del alma
sus Pasadizos y Cavernas
que iluminan – o sellan –Por los pasadizos y cavernas de los hospitales he hecho transcurrir la semana de hoy, poco productiva pero muy diagnóstica. Y, justo en el centro, Piano Magic. Vinieron a tocar las canciones de Ovations un disco que tiene la gigantesca The Nightmare Goes On como apertura, cantada por Brendan Perry. Aunque adoro la voz de Glen Johnson, cuanto éste la interpretó en directo eché mucho de menos al de Dead Can Dance, quien estará, por cierto, tocando en Madrid el 16 de marzo. Me he obsesionado con esa canción y la escucho incansablemente. Esa voz que llega más allá de las fronteras del sueño, rogando que alguien le despierte de su pesadilla. Interrogué a Glen sobre Brendan Perry hasta la saciedad, a él también le fascina así que me contó bastantes cosas.
Hace un día maravilloso de esos que sacan a relucir todos los tópicos meteorológicos. Hace un día maravilloso para darse una vuelta en moto.
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Lo mío con Sôber
Sôber y Savia son grupos a los que tengo cariño (con Skizoo no tuve roce) porque los entrevisté estando en MTV.es y porque me encantan los chicos que van de malotes pero luego son un pedazo de pan. También porque me agrada que gente que vende tanto en este país no me vengan con actitudes y, por último, porque me impactó la muerte de Alberto Madrid en un accidente en la M-40 unos meses después de haberle entrevistado. Me había caído tan bien.
El viernes pasado fuimos a su estudio de grabación y pudimos hablar un poco con ellos. Lainformacion.com es el primer medio online (y, en realidad, el primer medio) en dar las primeras imágenes del grupo reunificado, amigos de nuevo:
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Con el diablo, suavemente
A estas alturas de la noche casi todo el mundo habrá visto ya el nuevo vídeo de Massive Attack –Paradise Circus-en el que aparece entrevistada la actriz Georgina Spelvin, imágenes de su película más famosa –El diablo en la señorita Jones– y la voz de Hope Sandoval. Para quien quiera entender algo más sobre esta combinación, recomiendo leer a Óscar Palmer en su blog y, también, comprar el libro El otro Hollywood, editado por él en Es Pop. Óscar, además, ha subtitulado el vídeo (lo podéis ver en su blog), para que entendamos mejor las exquisitas y certeras palabras de Georgina sobre su relación con el porno y con el sexo. Qué oportuno recuperarlas en estos días en los que nos sometemos a la censura diaria y constante de los que enrarecen el sexo a fuerza de querer invisibilizarlo.
Robert del Naja, lo digo siempre, es una de mis estrellas del rock’n’roll. Lo que más adoro de él es su actitud, su gesto de odio, su incapacidad para la sonrisa. Él es quien pone la mala leche en Massive Attack y ese es el componente que más me gusta del grupo: me gusta cuando son muy oscuros, no cuando son suaves. La semana pasada el Guardian le dedicó un artículo recorriendo sus colaboraciones creativas, plásticas. Del Naja (nombre en clave: 3D) comenzó haciendo grafiti y stencil en las calles de Bristol. Este año, además de girar ellos dando concierto, también lo harán las obras gráficas de la carrera de Massive Attack por diferentes galerías.
Es curioso que, hablando del diablo, el nuevo disco de Hope Sandoval se llame Through The Devil Softly.



