Blog

  • Mis años con Anaïs

    Mis años con Anaïs

    A finales del siglo XX, cuando había que saber un poco de HTML para publicar en la web, cuando la neutralidad de la red no estaba en entredicho, yo escribía una página en internet sobre Anaïs Nin que era la única que existía en español.

    Llevaba unos años buscando sus diarios y novelas, que todavía no se habían publicado en sus versiones sin censurar, y no era complicado encontrar las ediciones de Plaza y Janés y Bruguera en las tiendas de segunda mano. Anaïs Nin había pasado de moda.

    Puedo ver las fechas en los ex libris de cada uno de esos libros, así como anotaciones de dónde los fui encontrando y en qué circunstancias (quién me acompaña, en qué lugar sucedió, cómo me sentía), pues cada hallazgo era un acontecimiento para mí. Las datas van de 1995 a 1999.

    En 1996 me compré la correspondencia entre Anaïs y Henry Miller editsada por Siruela. Era la primera vez que leía a Anaïs Nin sin olor a viejo. Me pareció que la habían extraído de su mundo (que eran esas páginas amarillentas, guesas, de tipografías irregulares), que también era el mío, y la hubieran inoculado en el presente, donde ambas nos sentíamos extranjeras. Ese libro fue importante porque completaba la correspondencia de la que hasta ese momento solo conocíamos las cartas de Henry a Anaïs. Al fin ella había dejado de ser el objeto del escritor y su voz emergía. Recuerdo que el libro me costó carísimo e invertí en él toda mi paga.

    Simultáneamente a los diarios, fui encontrando sus novelas editadas por Grijalbo (En una campana de cristal, Invierno de artificio, La seducción del minotauro, Escaleras hacia el fuego, Una espía en la casa del amor), que me resultaban farragosas, aburridas, difíciles de leer. No tenía paciencia, prefería mil veces los diarios.

    En unos viajes a Londres en 1998, me compré allí, nuevos, Little Birds (cuya marca de lectura hoy me indica que no pasé de la página 13) y la muy cuestionada biografía de Noël Riley Fitch The Erotic life of Anaïs Nin. En ese mismo año, apareció en la sección en lengua inglesa de La Casa del Libro, Conversations with Anaïs Nin: transcripciones de entrevistas en estilo directo, todo un tesoro en bruto que me compré.

    Entonces, Siruela comenzó a llenar los huecos en blanco y empezó a editar los diarios sin expurgar. Todo lo que habíamos leído hasta ese momento era la versión que la escritora accedió a publicar extrayendo de su inabarcable continuo autobiográfico todo aquello que pensó que pudiera herir a sus maridos. Tras las cartas, en 1995 Siruela publicó Incesto y, en 1996, Fuego. Ahí estaba todo. Yo vivía en esos huecos. Yo quería para mí la libertad de alma que mostraba Anaïs, pero me sentía en una cárcel.

    Yo quería fugarme con ella.

    Con todas estas lecturas en mi habitación, comencé a escribir aquella página web. Un día me llegó un email procedente de un hombre cuyo nombre se repetía una y otra vez en todos esos libros: Gunther Stuhlmann, agente y editor de Anaïs Nin. Gunther me felicitó por la página, me agradeció lo que estaba haciendo, el cariño que le ponía y mi interés por Anaïs. Me contó que editaba una revista sobre ella, llamada ANAIS, y que si yo lo deseaba, podía mandarme un número por correo desde Estados Unidos. En ese momento, internet me pareció lo más grande del mundo, una magia que hacía que alguien que había conocido a mi escritora favorita, me contactara. Se lo agradecí mucho, le di mi dirección (de casa de mis padres) y muy poco tiempo después llegó un paquete.

    El número de ANAIS que me envió Gunther

    Además del volumen 15 de la revista (con artículos sobre su correspondencia con Miller, la influencia de DH Lawrence sobre ella o un interesante artículo del propio Gunther sobre la artista queer surrealista Claude Cahun / Lucy Schwob (sobrina del decadentista Marcel Schwob); es decir, no solo se hablaba de Anaïs sino también sobre su universo expandido, sus referencias y sus influencias ) había más cosas en el paquete enviado desde Becket, Massachusetts. Stuhlmann me enviaba algunas ediciones de los diarios en español que no eran las ediciones de bolsillo que hasta ahora había encontrado, sino unas mejores de Plaza y Janés descatalogadas: el Diario de infancia y el Diario de adolescencia, que él consideraba que estaban infravalorados o a los que al menos no se les había prestado la suficiente atención, por ser anterior a la aparición de Miller.

    Me desbordó la generosidad y la atención del editor, que me recordaba a la propia Anaïs y sus envíos postales de libros, cartas y lo que fuera necesario.

    Gunther compartía el trabajo con su esposa Barbara, a la que alude este «our» en la breve nota mecanografiada que adjuntó al envío. Ambos han fallecido ya. Él en 2002 a causa de una leucemia y ella en 2012. Su legado lo custodia esta fundación de Massachusetts.

    La nota, que conservo en el interior del Diario de adolescencia

    En uno de los libros que me envío, el diario adolescente que va de enero de 1919 a junio de 1920, se habla mucho de «Joaquinito» y Thorvald, los hermanos de Anaïs con los que se traslado a Nueva York junto a su madre, mientras su padre Joaquín Nin se quedaba en Barcelona, tras abandonar a la familia para liarse con una mujer más joven y rica.

    En uno de los libros que tengo, una edición de la Editorial RM más lujosa que las de bolsillo, del Diario III (1939-44), comprado no sé dónde el 17 de febrero de 1998, guardo un recorte de una revista. Son varias páginas de El País Semanal donde Arcadi Espada entrevista a Joaquín Nin-Culmell («Joaquinito»). No apunté la fecha pero supongo que ronda ese mismo año. El hermano pequeño de Anaïs, compositor como el padre, falleció en 2004. En la entrevista, Joaquín habla muy amargamente de su hermana.

    La publicación de Incesto en español estaba reciente, «unos meses», escribe Espada, así que le pregunta a Joaquín por la relación incestuosa entre Anaïs y el padre de ambos. El músico dice que «no hay pruebas». Arcadi le contesta qe existe el testimonio de uno de los dos protagonistas. Joaquín contesta que «Anaïs era una mitómana» y que «puede ser perfectamente que lo que describe no sucediera nunca».

    Visiblemente resentido, Nin-Culmell dice que la publicación de Incesto le va a «impedir» escribir el libro que él quería hacer sobre Anaïs, a quien dice que quiso «demasiado».

    «Anaïs tenía, tal vez, el derecho de hablar sobre sus relaciones. Tal vez. Pero lo que es seguro es que no tenía ningún derecho a hablar de las relaciones entre mi padre y mi madre, entre nuestros padres. El retrato que hace mi padre de mi madre, a través de Anaïs, es intolerable. Y si yo escribiera ahora sobre Anaïs, sobre nuestra vida en común, tendría que hablar de eso y parecería una venganza. Y lo sería seguramente, porque yo no podría eludir la crítica de esas página injustificables, ni podría soportar que el único retrato que hubiera de mi madre fuese precisamente el que hizo alguien que la abandonó», explica Joaquín.

    Posteriormente, revela que ha entregado a «la Universidad de San Francisco» tres mil cartas de Anaïs Nin: «creo que tengo un pedazo de Anaïs, un pedazo desmitificado, humano, que es el que falta sobre ella», dice. «Pero ya digo, no creo que nunca lo escriba. En cualquier caso, en esas cartas está el trozo para el que quiera identificarlo».

    Es cierto, Joaquín Nin-Cumell muere sin escribir ese libro. Lo más que hizo fue redactar un prefacio en 1978 de tres páginas para Linotte, el diario de infancia que me había mandado Gunther. En él, se refiere a su «hermana extraordinaria» con un cariño por aquella niña que resuma un poco desilusión por la mujer en la que se convirtió, sin decirlo literalmente.

    Tras investigar un poco, quiero entender que la depositoria del legado de Nin-Culmell no es esa «Universidad de San Francisco» sino la Universidad de California, en Berkeley, que guarda tres colecciones de la familia (ARCHIVES NIN-CULMELL 1 (su colección musical), MS 076 (la documentación familiar, relativa tanto a Nin-Cumell como a su padre, Nin y Castellanos entre 1863 y 2006) y la colección 2066, documentación legada por Anïs Nin), así como la de Henry Miller (LSC.0110).

    En la colección MS 076 hay decenas de cajas. Una gran parte de esta colección es la biográfica, siendo la subserie 1.5 la dedicada a la correspondencia, donde hay varios centenares de carpetas. Entre ellas, no están la cartas de su hermana que él menciona en la entrevista, tan solo una fotocopia del prefacio de Linotte y unas misivas intercambiadas con una monja (Joaquín era un ferviente católico, dice que gracias a su hermana) al respecto de Anaïs y su marido Rupert Pole.

    La entrevista de Arcadi Espada a Joaquín Nin-Culmell

    En cambio, en el legado de Anaïs sí cartas escritas por Joaquín Nin-Culmell, dirigidas a ella, durante los años 50 y 60.

    ¿Dónde están esas tres mil cartas de Anaïs a Joaquinito?

    Del journal de Gunther, ANAIS, surgió un libro esencial (que no tengo), A book of mirrors, que también marca el inicio de la actividad de Sky Blue Press, la editorial que Paul Herron crea en 1996 para publicar por fin en buenas condiciones y sin expurgar la obra de Nin. Herron continuará la labor académica que había iniciado Gunther con un nuevo journal: A Café in Space. Y publicará los diarios sin expurgar de años posteriores: Mirages (1939-47) y Trapeze (1947-55), que todavía no hemos visto en España.

    Una de las últimas aportaciones de Sky Press, en marzo de 2020, son las cartas entre Anaïs y su padre Joaquín, que se creían destruidas. En 2006, se halló una carpeta escondida en la casa de Anaïs en Los Ángeles. Con este volumen se complementa y contrasta Incesto, aportando la visión del padre. Otra es la de las cartas de Anaïs a Lawrence Durrell.

    Lo de las cartas de Anaïs a su hermano sigue siendo un misterio para mí.

    Desconocía que Paul Herron está realizando un podcast sobre Anaïs Nin, se puede escuchar aquí.
    El último episodio, el 38, Paul nos habla de quién es él (y quién no es), y con mucho cariño de su relación con Gunther Stuhlmann y las obras de Anaïs. En él cuenta cómo Gunther hizo con él lo mismo que conmigo, generosamente le envió copias de las publicaciones de Anaïs. Paul heredó, o se sintió contagiado, por la misión de hacer llegar a las lectoras y lectores la obra de Nin.
    Este es:

  • Dejando escapar ‘Algunas lagunas’

    Dejando escapar ‘Algunas lagunas’

    Cuando tuve en mis manos mi primer libro no podía dejar de acariciarlo. No lo pensé en ese instante pero, ahora que lo recuerdo (y siento caer en el lugar común del parto), me evoca al momento en el que los sanitarios pusieron a mi hija sobre mí y yo le acariciaba la cabeza y la espalda, por un lado para darle calor y por otro para sentir que era real. En mi barriga era una idea, intocable. Fuera, era física, contundente, y desde el primer minuto comenzaba a hacerse un lugar en el mundo, a consumir aire, recursos, a generar deshechos.

    Junto al mostrador de La Imprenta, Miguel Ángel puso un libro en mis manos y yo palpaba con la yema de los dedos la cartulina de la portada, que me parecía reconfortantemente suave. Como la tapa es un mapa, lo que sí me vino a la cabeza en ese instante fue un viaje que hice sola en coche a Portugal y, de allí, a Galicia, por carreteras que desconocía pues en lugar de ir hacia Vigo, di un rodeo por Ourense. Los móviles todavía no tenían GPS y yo me apañaba con un mapa de carreteras, que es un instrumento al que siempre he tenido mucho apego. En mi coche llevaba uno antiguo, que no solo había marcado mis destinos sino el de mi amigo Juanjo, que me lo regaló cuando él se compró uno más nuevo. Pero a mí me gustaba el viejo, porque ya había ido a muchos sitios.

    También tocaba los bordes, los cantos, las esquinas, sin atreverme a abrirlo. Más que falta de valentía, lo que tenía era falta de ganas. Todas esas letros de dentro… no me interesaban mucho. Quería seguir viendo la caja por fuera. Le di la vuelta. En algunos libros aparece la foto de la autora en la contraportada. En el mío, es una pareja que camina del brazo. Son mis abuelos, de novios o recién casados. Sagrario mira hacia otro lado. Raimundo, hacia algún lugar de la acera, delante de él. No son conscientes de que están siendo fotografiados. Están a punto de llegar a la puerta de Bisagra, en Toledo. Yo no habría sabido ubicar el lugar en el mapa, pero Carlos Vega se dio cuenta de que era la calle Real del Arrabal, delante de la casa en la que muchos hijos después viviría un gran amigo del hijo todavía no concebido de Raimundo y Sagrario.

    Un libro, en su función reprográfica, copia no infinita pero numerosa de un original, no deja de ser un cuerpo extraño. Es mío porque lo hice yo, pero no es tan mío como un lugar que tengo en la muñeca. No es como un cuadro o un dibujo, que solo hay uno. La reproducción mecánica del objeto libro lo hace incontrolable, ajeno.

    Me han llamado valiente dos veces porque he escrito cosas muy íntimas en ese libro. Cosas que otras personas guardan en secreto. Esas dos veces me he asustado, como como cuando recuerdas a la mañana siguiente, entre brumas, que borracha dijsite algo que deberías haber callado. No me siento valiente sino insconsciente. Me es imposible escribir pensando en que cada línea será publicada: me bloqueo y no acabo diciendo lo que pretendía. La única manera es tirar para adelante y sentirlo como un acto íntimo. Después, al publicar, la mala memoria arrastra, como el torrente de un río, las dudas.

  • Algunas lagunas

    Algunas lagunas

    En el año 2013 comencé a escribir lo que pensaba que sería un reportaje: qué recursos hay para buscar a un familiar desaparecido en la Guerra Civil o la represión franquista. En lugar de preguntarle a alguien, me pregunté a mí misma. No sabía dónde estaba enterrado mi abuelo. Tampoco nunca me lo había preguntado, hasta ese día.

    El reportaje se desbordó. Mi vida, también. Un nudo personal relacionado con la muerte, la sensación de abandono, el duelo incompleto, apretaba mi día a día y se manifestaba cuando escribía sobre memoria histórica o al visitar un cementerio. Después, la ansiedad lo inundó todo.

    El reportaje se fue convirtiendo en un libro que tuve que abandonar durante los peores años de la depresión. Cuando me recobré a mí misma, pude retomar el libro, aunque las constantes lagunas y huecos del pasado me atrancaban una y otra vez.

    Para completar el proceso de recuperación, de restauración, de curación, era necesario terminar el libro y hacerlo público. En un cajón, los silencios que rellenaban esos agujeros se harían aún más grandes.

    Algunas lagunas es el libro que cuenta todo lo que sé de Raimundo Cabrera pero también el proceso de averigüarlo. No solo cómo lo hago sino también qué pienso mientras lo hago. Es un relato del proceso y una reflexión abierta sobre los límites de la narrativa de la memoria.

    Se publica el 14 de abril en la recién nacida editorial La Imprenta, que tiene también un precioso espacio-librería en Malasaña (Monteleón, 5), donde se hará la presentación, a las siete de la tarde. Estaré acompañada de Francisco Ferrándiz. A partir de las 19:45, os dedico el libro si queréis, que estará a la venta allí en primicia a 15 euros.

    Como el aforo es muy reducido (solo pueden estar dentro 10 personas), la presentación se retransmitirá por streaming (Instagram y YouTube), pero a las 19:45 puede venir más gente para comprar el libro.

  • Colas y algún recelo en el regreso de la vacuna de AstraZeneca: «Cuanto antes lo hagamos, antes salimos de esta»

    España ha reanudado este miércoles la vacunación con el suero de AstraZeneca tras una semana de parón en los que la EMA evaluó los once casos de trombosis en personas que previamente se habían vacunado. «Los beneficios de AstraZeneca superan los riesgos», concluyó la Agencia Europea de Medicamentos (EMA). 

    Muy similar al parecer de la EMA era el sentir de los cientos de personas que esperaban a pie, avanzando lentamente durante más de dos horas en dos colas que daban la vuelta al estadio Wanda Metropolitano de Madrid, en la mañana en la que el recinto se había reactivado para la vacunación de este suero, junto al hospital de pandemias Isabel Zendal. La gran mayoría habían recibido un sms el día anterior. Además de la reanudación de los pinchazos, la novedad de esta jornada ha sido la llegada de personas mayores de 55 y hasta los 65, una franja etaria que, con el cambio de criterio del pasado 22 de marzo, ya está autorizada a recibir la vacuna de Oxford.

    A ellas corresponden Jesús (60) y Toni (56), dos conductores de centros de día para mayores, que han recibido la vacuna sin nervios pero con ganas: «Era esencial que nos vacunaran cuanto antes, todos los días recogemos a los abuelos en sus casas, somos la primera persona que ven y aunque trabajamos con EPI, es un riesgo». Junto a la puerta de salida de las personas ya vacunadas esperan pacientemente los acompañantes, aprovechando la sombra y las escaleras que llevan a los pisos superiores del estadio. Una amiga espera a que salga Lola, que está interesándose por una compañera de trabajo que se ha mareado tras la inyección. Han estado dos horas y media haciendo la cola en el exterior pero una vez dentro todo va rápido. Sale Lola (59 años), administrativa, ella se siente bien físicamente pero confiesa que trae un «acojonamiento total» desde que el día anterior recibió el sms con la cita: «Hay que vacunarse pero si hubiera podido elegir, hubiese preferido la vacuna de Pfizer, que se la han puesto a mi madre de 86 años y no ha tenido ningún efecto secundario y en cambio la mayoría de mis compañeras han pasado un día con dolor de cabeza y fiebre».

    Sigue leyendo en elDiario.es

  • 6 mil euros, 200 mecenas y mucho amor

    6 mil euros, 200 mecenas y mucho amor

    La campaña de crowdfunding de ‘La mujer enmascarada’ ha llegado exitosamente a su fin. Hasta que entregue el manuscrito a la editorial, la página seguirá abierta (y, posteriormente, el libro se podrá reservar antes de que vaya a imprenta y, cuando ya exista, también se podrá comprar en la web de Libros.com y en librerías: siendo mis recomendadas El Buscón y La Negra).

    Ha recogido 200 apoyos de mecenas que han sumado 6.000 euros. ¡Me parece alucinante! Muchísimas gracias a todas y a todos por confiar en mí y poner vuestras pesetas en este proyecto que hará realidad este libro muy personal, que narra el día a día del confinamiento de la primavera de 2020.

    Y como hemos llegado a los 6.000, tal y como había prometido, el libro llevará un epílogo que es una entrevista hoy, un año después, a la verdadera protagonista del libro, Eleonor. Ahí en el video podéis verla amenazándome con qué puedo o no contar. Una entrevistada difícil. Un hueso duro de roer.

  • Los pacientes de salud mental rompen el estigma y reclaman más recursos

    “Estigmatizar la enfermedad mental es algo propio de siglos oscuros e ignorantes”, ha publicado en Twitter la periodista Ana Ruiz Echauri. “Muchas de las personas que he conocido han pasado por experiencias semejantes. Es algo de lo que no se habla porque somos cobardes”, ha dicho en la misma red la escritora Noelia Pena. “Estigma, prejuicios y orgullito (pero del malo) porque ‘no me va a decir nada que no sepa’”, ha tuiteado ‘el Nega’ del grupo Chikos del Maíz, sobre la opinión pública ante la consulta psicológica. El pasado miércoles, las redes sociales vivieron una apertura de la intimidad de muchas personas que quisieron llamar la atención sobre el silencio que se cierne ante las enfermedades de salud mental, utilizando el hashtag #YoTambienVoyAlMédico.

    Este #MeToo de la atención psiquiátrica es una reacción al sonoro comentario del diputado del Partido Popular por Huelva, Carmelo Romero, quien gritó «¡Vete al médico!» tras la intervención de Íñigo Errejón, el cual pidió una actualización de la Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud, que tiene diez años de antigüedad. El Presidente del Gobierno le contestó que hay una nueva estrategia en desarrollo que viene de la mano de 2,5 millones de euros en los Presupuestos Generales.

    Nel Zapico, presidente de la Confederación de Salud Mental de España, participa en el comité redactor de esta estrategia recalca que ese dinero solo es para dar a conocer la estrategia: “no tiene nada que ver con la inversión que necesita la salud mental, que es muchísimo más grande”. La morbilidad (cantidad de personas que enferman) de la salud mental supone un 20% de los gastos de la sanidad en España y, sin embargo, los recursos destinados a ella no llegan al 6%, “por lo que habría que subir si no al 20, al menos al 15%”, señala Zapico, “para atender a la gente adecuadamente”. Zapico estima que la Estrategia estará lista para ser publicada a lo largo de este año.

    Sigue leyendo en elDiario.es

  • Cómo se forjó la ‘operación Saga’: un viacrucis de diez años para la SGAE

    La fotografía era inevitable: un coche de la Guardia Civil prácticamente empotrado en la puerta del Palacio de Longoria, aparcado sobre la estrecha acera que da paso a la sede de la Sociedad General de Autores. Era 1 de julio de 2011. Unos estudiantes presentaban en el salón de actos sus trabajos de fin de máster y eran desalojados sin recibir explicaciones. Mientras ellos salían, los guardias civiles entraban. Esa imagen marcó el futuro de la historia de la SGAE de una manera indeleble.

    Ha sido necesaria una década para cerrar judicialmente esa herida, cuyas repercusiones en términos reputacionales van mucho más allá. El caso Saga, cuya sentencia absolutoria acaba de conocerse, es la punta del iceberg de una deriva que ha dejado a la casa de los autores al borde de la ruina, asolada por luchas intestinas y una perniciosa inercia conocida como ‘la Rueda’, donde unos pocos autores se beneficiaban de la explotación de repertorio en la franja nocturna de la televisión.

    Aquel 1 de julio, la Guardia Civil se llevó detenido a Teddy Bautista por supuestos delitos de apropiación indebida y malversación de fondos, cuya sentencia de absolución es la que ahora ha visto la luz. Esa mañana de verano detuvieron a ocho personas más, una de ellas era José Luis Rodríguez Neri, miembro de la Junta Directiva de la SGAE entre el año 2000 y 2007, director de Gestión de la Información de la entidad y director general de la SDAE, una sociedad creada para ofrecer servicios que facilitaran la difusión en internet de los autores de la SGAE, con el objetivo ulterior de fomentar la recaudación de derechos digitales. Además, Neri estaba era consejero, apoderado y administrador solidario en otra empresa nueva asociada a la SGAE, Portal Latino, un sello para publicar a algunos autores y promover su obra en Internet. Eso era lo que se contó en su día, pero la investigación judicial que asomó a la opinión pública ese día expuso unas intenciones diferentes: una trama de desvío de fondos para el enriquecimiento personal de Neri y su entorno. Es la conocida como ‘Operación Saga’.

    Sigue leyendo en elDiario.es

  • Luciérnagas separadas: el pesimismo en el mundo poscovid

    Viene advirtiendo Noam Chomsky de que el origen de la pandemia es algo llamado capitalismo y que, aunque ya en 2003 los científicos avisaron de que podría haber otra epidemia por coronavirus, los laboratorios farmacéuticos no sacan beneficio de algo que vaya a ocurrir dentro de unos años. Los sistemas de salud y los Estados del bienestar no estaban lo suficientemente bien preparados, sino más bien agujereados por la termita neoliberalista que tanto teme Chomsky. En su libro ¡Pandemia! Slavoj Zizek se lanza a proponer cómo habría que reaccionar para que una siguiente crisis no nos vuelva a pillar con los deberes sin hacer: “comunismo o barbarie” es la muy aludida cita final de su libro, entendiendo comunismo de una manera “reinventada”, apelando más bien al espíritu de los comunes.

    Dice otro pensador, el italiano Paolo Flores d’Arcais, que la consigna más lúcida para salir de esta debería ser “la igualdad”: políticas de igualdad, inversión en igualdad, conciencia de igualdad porque, según la filósofa Judit Butler, la COVID-19 es “la enfermedad de la desigualdad”. “La esencia del desafío del desconfinamiento”, dice Jeffrey V Lazarus, Jefe del Grupo de Investigación de Sistemas de Salud en ISGlobal, escribe en una nota de debate de esta organización, al respecto de la equidad y la pandemia. Para ello, hay que asegurar la protección económica para las poblaciones vulnerables, fortalecer la atención primaria en salud, abordar las necesidades de salud de las personas migrantes, promover la protección de la vivienda —haciéndola asequible, limitando los desalojos, deteniendo la suspensión de los servicios públicos— y mantener y ampliar los espacios públicos abiertos y seguros.En el estudio del CIS sobre los efectos y consecuencias del coronavirus, se realizó una pregunta sobre cómo la pandemia había cambiado los hábitos o el modo de pensar. El 60% de los encuestados dijo que había cambiado sus valores y que ahora valoraba y apreciaba cosas que antes no; un arrollador 79,3% se preocupaba más por su seres queridos y un 74,8% valoraba más las relaciones sociales pero apenas un 52,5% afirmaba que le interesaba el futuro más que antes. Para desazón de Chomsky, el coronavirus no parece curar nuestro mal cortoplacista. Es probable, incluso, que la población sienta aún con más convicción que lo importante es vivir el presente y mañana ya se verá, una actitud contraproducente para seguir trabajando en la emergencia climática y la protección de la biodiversidad, como recuerda el profesor Fernando Valladares.

    Sigue leyendo en elDiario.es

  • La onda expansiva del mural de Ciudad Lineal se propaga por España

    El colectivo Unlogic Crew, creador del mural feminista vandalizado del polideportivo de Ciudad Lineal y sus réplicas en Getafe y Alcalá de Henares, ha sido invitado a otras ciudades para seguir replicando el homenaje a las mujeres pioneras.

    Durante el mes de marzo y abril, los artistas visitarán Soria, La Rioja y la localidad madrileña de Rivas Vaciamadrid para pintar murales que son total o parcialmente copia del original, con los rostros de quince mujeres, o una versión con la misma estética en colores morados, violetas y rosas. El alcalde de Rivas, Pedro del Cura, ya había ofrecido una pared de su municipio para replicar el mural a finales de enero, cuando el Pleno del distrito votó su sustitución.

    El colectivo autor del mural, Unlogic Crew, formado por artistas madrileños —la mayoría del propio distrito de Ciudad Lineal— han recibido docenas de propuestas de toda España, también desde Aragón, Murcia y Sevilla, bien para pintarlos ellos o para que dieran su consentimiento para replicar la obra. Unlogic ha renunciado a los derechos de explotación de la obra, por lo que no pone ningún inconveniente en que esto se realice.

    Sigue leyendo en elDiario.es

  • Los hombres jóvenes no identifican igualdad de género con feminismo

    Apenas un 54% de los jóvenes varones (entre 15 y 29 años) se identifican con los valores del feminismo, a pesar de que el 69,9% sí lo hace con los de la igualdad de género, según la radiografía general que dibuja el ‘Informe Juventud en España 2020’, del Instituto de la Juventud (INJUVE) presentado este pasado miércoles 10 de marzo.

    De todas las causas movilizadoras de esta juventud, que «ha tomado las banderas verde y morada como causas de su generación», en palabras de Pablo Simón, investigador principal del estudio, la igualdad de género es la más importante. Aunque las cifras de los varones que lo apoyan son importantes, están unos veinte puntos por debajo de las mujeres, que abrumadoramente se ven comprometidas con el feminismo (80,9%) y con la igualdad de género (84,6%). Los hombres adolescentes (15-19) son los menos conscientes de los estereotipos. Se ha llegado a estas conclusiones mediante el «experimento», en palabras de Simón, de preguntar a la mitad de la muestra —que es de casi 6.500 entrevistas— por un término y a la otra mitad, por el otro. Esta contradicción indica, según el politólogo, que «la etiqueta [feminismo] empieza a estar políticamente connotada».

    En general, en la suma de hombres y mujeres, el estudio detecta que aunque tienen esta posición frente a la igualdad de género, en el ámbito doméstico actúan de otra manera, sobre todo cuando tienen hijos, pues se produce un reparto desigualitario del trabajo doméstico y de cuidados, donde ellas asumen una carga mayor del trabajo reproductivo. Mientras la mujer en pareja de entre 25 y 29 años invierte casi cuatro horas diarias en estas tareas, en los hombres es la mitad: dos horas.

    Sigue leyendo en elDiario.es