La mudanza fue agónica y duró demasiado. Días y días llenando cajas de libros, revistas y discos que a duras penas resistían armadas debido al intolerable peso de tantos años de consumo acumulado. Todas, aunque han sido pocas, mis mudanzas las recuerdo traumáticas y emocionalmente devastadoras. Esta ha sido la mejor en el terreno emotivo pero sin duda la peor logísticamente hablando.
El paso de Tesoro a Béjar no podría haberlo dado sin los forzudos de Mudanzas Martín y en este caso fueron otros forzudos menos profesionales, los de Mudanzas Monreal, los que cargaron con el peso del traslado. Y os juro que pesaba lo indecible, sobre todo el maldito canapé, que al final acabó sucio en varios de sus lados.
A menudo me hundía, en una rebelión depresiva, vencida por mi falta de fuerza. Me parecía injusto no poder levantar cajas como ellos, no valerme por mí misma. Pequeños esfuerzos me dejaban agotada. Siempre he considerado ser pequeña y débil como una virtud elegante… hasta que te ves incapaz de arrastrar la lavadora fuera de la cocina, entonces mandas la elegancia a tomar por culo.
