Con el tiempo he aprendido a querer el lumpen, viejo, perenne, histórico. El lugar por el que el tiempo pasa, abrasado, quemado, ardiente. Este hotel de Barcelona desde el que escribo, cuyo pago agradezco al CCCB, está limpio y huele a vainilla. Las lámparas son de (algún) diseño, las pantallas son de plasma, la moqueta continúa la perspectiva del dibujo de vinilo pegado sobre el espejo, la conexión de estos dos ordenadores que componen su «media center» es rápida y en la recepción me llaman Señora Cabrera. Pero jamás podría quererlo. Las horas aquí se han descontado con agilidad y el día se agotó rápido. No dio tiempo a nada, salvo a cumplir con mi misión. Llevé la mesa de BCN MP7 que me habían encomendado Roger e Isaac y lo hice con ganas y nervios. Lo pasé tan bien que cuando descubrió con estupor que estábamos comenzando y ya nos habíamos pulido el 80% del tiempo tuve un ataque de tristeza que me destrozó intensamente durante tres segundos. Al cuarto segundo ya le estaba preguntando alguna cosa a Genís, o a Fernando Alfaro, a Cristian Negre o a Joan Elies Adell, mis compañeros de trinchera. Por si alguno de ellos me lee -lo de las fotos en bragas en cuartos de baño ya me quedó claro de que sí- me encantaría dejar por escrito que ha sido un placer, he disfrutado mucho con la conversación, que hubiera prolongado durante horas. Se me quedaron cosas por contar, así que al primer momento que tenga para escribirlas en The Last Dance harñe el post La música del futuro, para quedarme del todo a gusto. Pero sobre todo mil gracias a Roger Roca, un periodista al que siempre, y digo siempre, le brillan los ojos. Alguien a quien adoro y confío desde que conozco, años ha ya; cuando le veo detrás de actos como este, renuevo mis votos. Y también a Isaac Monclus, que se ha portado estupendamente conmigo y es todo un ángel. Y Jordi Turtós, a quien no conocía en persona pero ha sido un placer hablar tan largo rato con él durante la cena. Dice que con los años se vuelve más radical, y eso me ha emocionado. Porque a mí me pasa igual, y quiero seguir diciendo lo mismo cuando tenga su edad. ¡Por los imprevistos!
¡Por los imprevistos!
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