Josetxo Anitua, ¿difícil, hosco, lejano y extraño?

La tarde que conocí a Josetxo Anitua ya era un mito y sólo llevábamos mediada la década de los noventa. Acudí a una entrevista que habíamos concertado tan atemorizada que fue él mismo quien tuvo que ocuparse de ir derribando la imagen que yo me había hecho de él: hombre difícil, hosco, lejano, extraño. Que fuera alto y enjuto no eran motivos suficientes para mis prejuicios, esa fama le precedía y me habían advertido. Luego no fue así. Josetxo Anitua era encantador -oscuro y reflexivo, sí, como los hombres que me gustan- y hubiera hablado con él durante horas y horas. Se empeñó en quitarle hierro al asunto de Moor Room, que a mí -y, conmigo, la crítica musical unánimemente- me parecía un disco impresionante que me pasaba por encima como una apisonadora. Me hablaba mirando intermitentemente su taza y mis ojos. Yo contenía la respiración y sólo me relajaba cuando veía sus párpados. Creo que estábamos en una esquina del Café de Ruíz. Voy a rebuscar entre las cintas para intentar encontrar la entrevista y subirla. Josetxo Anitua, creador del grupo Cancer Moon, ha muerto antes de ayer. Cuando los obituarios no aclaran la causa, usualmente quieren decir suicidio; y así lo confirma Txema Mamorro. Josetxo Anitua