que vuelvan a importar los blogs

  • Brumas tras el faro

    Desde el fin de la tierra se viven las noticias con amortiguación. Leo que se ha muerto Lee Hazleewood y estoy segura de que dentro de unas semanas dudaré de ello, pues la noticia pasará a algún lugar brumoso de la memoria, entre la realidad y la irrealidad. Escucho sobre el incendio en Cinecittá y me resulta difícil de creer, un eco ardiente que llega desde la ficción, tan difícil de ubicar en la memoria como lo es distinguir un sueño de la duermevela.

  • Cuerdas bocales

    Feria do Libro da Coruña. Voy a la presentación de Eume de César Antonio Molina para descubrir cómo se defiende un ministro cuando se quita la gorra de ministro y lo que descubro, finalmente, es otro tipo de cosas. Entre ellas, que si a uno le invitan para escudar a un amigo, o al menos conocido, o sino sencillamente colega, resulta desagradable ocupar la palabra durante el 95% del tiempo. La impresión con la que me fui a tomar mi café sólo con hielo al Copacabana cuando temrinó el acto fue: para lamer calcetines, mejor hacerlo en privado. Deberían haberme advertido de que tras escuchar impacientemente los análisis, confesiones y predicciones del director, del ilustrador, del fotógrafo y del filósofo, me esperaban apenas cinco minutos de discurso de agradecimiento en un gallego rudo y sin acento del protagonista de la convocatoria. Que todo aquello era un homenaje al fluir, fue lo único que saqué en claro. Pero no sólo el poemario y su título, sino también el acto en sí, y yo en él, y la memoria en ello y este verano en mi vida. Eumes Un segundo descubrimiento, más importante, fue la voz de la poeta gallega Estíbaliz Espinosa, cuyo nombre me resonaba de la antología de mujeres poetas As Sonoras de Cordas. Le pidieron que leyera unos poemas de Molina y en sus labios fluyeron espumosos. Me emocioné siendo consciente de que su lectura en papel me habría traspasado como agua siendo, en realidad, los matices de un idioma bello en su voz vibrante y sus ojos hipnóticos lo que me sedujo de un plumazo. Su atuendo y maquillaje -la de una gótica en horario diurno, agosto y acto oficial- ridiculizaba en cierta medida el deplorable sport mimético de los invitados, el plástico blanco de la carpa, la moqueta falsa, la sonrisa del coruñés ocioso en temporada de festejos. Y eso sí que lo celebré.

  • Fogonazos

    ¿Cuántas veces te miró Hedi Slimane de todas las que nos le cruzamos? Al menos 3, que recuerde. Pero no te fotografió, a ellos sí.

  • EXCLUSIVA! AVANCE! ACTUALIDAD!

    Se desvela el misterio del bajón de actividad en los blogs personales de estas personas. [tags]adn, adn.es[/tags]

  • Más de los cuadernos (aporías)

    Encuentro anotaciones vitales, letras de canciones imaginarias o reales, biografías en breve, acusaciones que no sé si llegué a pronunciar. Me parecen todas tan ajenas. Todas parecen de otra época. O de otra persona: «Me parezco tanto a ti pero (a la vez) me siento tan lejos y tan sola». «Quiero odiarte, quiero hacerte daño, quiero que desaparezcas». «Me dan morbo las chicas que no pronuncian bien las vocales, de Persiguiendo a Amy«. «Titular -(Mi) Cuento de Hadas-«. «Privacy Policy» «Errores típicos de cuando se trabaja con nocturnidad, dijo David Hernández sobre Fiber», pero sé que apunté la frase porque quería aplicarla a otras cosas. «We all feel better in the dark». «Te acompaño en el sentimiento». «Julia Swalha». «Roma Fiumichino». «Líneas aéreas». «Piano Magic nos traerá la nieve». «La vida nos lleva hasta otros amantes». «…cómo cambio el curso de la biografía de mis afectos» (de Belén Gopegui en La Escala de los Mapas). «Podría ser más cabrón que ellos porque soy más inteligente» (a su lado aparece el nombre de quien lo dijo, pero lo omito). «Anton Rayser, siglo XVIII». «No sabes con cuántas de esas personas con las que hablo por teléfono me ha follado». «Llevo dos años levantándome con un mal día» (otra vez omito el nombre). Esto sí es mío: «Estoy leyendo a otros». «Pertenecer al sitio que entiendes, no al que amas, sino al que entiendes». De Anna Ajmatova: «A los poetas no le sientan bien los pecados». «Quedan sueltos los impares». «Aporías: dificultad lógica que presenta un problema especulativo». «Miro a los niños jugando y me doy cuenta de que a loso niños no les importa perder el tiempo con imposibles». «Las cosas pequeñas siempre le ponen a uno nervioso», me dijo el argentino Sebastian mientras intentaba reparar mi portátil. «Mercedes dice que he de dormir con la cabeza hacia el Este».

  • No encuentro orden

    Abro alguno de los cuadernos que tengo que ordenar y descubro cosas que no recordaba en absoluto. Por ejemplo, que la última tarde del año 1999 la pasé leyendo «Intimidad» de Hanif Kureishi, escuchando en repeat los dos vinilos de un disco de Alpha tumbada sobre la cama, «vestida pero con bata». Recibí llamadas de César, Pablo, Roger y Manuel. Con Roger hablé de su nuevo trabajo. De los demás, no sé. Supongo que del milenio que se acababa.

  • Concepto

    He escuchado esta definición tan madrileño del «mar»: la piscina de la playa.

  • Miguel Brieva, jinete apocalíptico

    Parafraseándole, diría que nos encontramos frente a un magno divulgador que recoge la antorcha de aquel espíritu ilustrado que otrora iluminara los destinos y sueños de nuestra especie, un glosador, un aventurero de la epopeya de la vida, un alienígena.
    Sus amigos (creo) Paco Alcázar y Miguel B. Núñez, músicos y dibujantes definidos por Brieva como “pos-retro-neo-oldfashion-new-no-hair-no-hope-trashontherocks”, no utilizan los apelativos empleados en el párrafo anterior para referirse a nuestro protagonista de hoy, sino que lo sintetizan en un conclusivo “El Hippy”. “Tal vez tienen razón” se defiende Miguel, “Desde luego siempre me sentiré más identificado con un hippy que, por poner el caso, con un punk, un mod, un plix, un electro-turb o un chonpf, pero yo creo más bien que el motivo último de ese etiquetado por su parte es, esencialmente, que yo no tengo problemas de alopecia incipiente y ellos sí”. Una vez más nuestro amigo da en el clavo, como cuando dijo que el bulto es la forma que toma nuestra conciencia cuando se humedece de cierta culpa.

    Miguel Brieva se ha atribuido una gran parte del saber popular estampando su firma en la Enciclopedia Universal Clismón (Reservoir Books, Mondadori, 2007), conmovedoramente subtitulada Bienvenido al mundo. Su actitud ante éste le convierte, a mi modo de ver, en un político. Él no lo ve de la misma forma:  “’Un político’ es de las cosas más feas que hay, más fea aún que recoger algo chupado del suelo. Preferiría ‘político’ a secas, o ‘poli’ para los amigos, o incluso ‘tico’, cuando era niño y mis primos mayores me llevaban de aquí para allá como una mascota. Pero por encima de todo, prefiero ser dibujante, aunque en el fondo no hay cosa que más deteste que dibujar, ¿me explico?”. Es un tico que se dio a conocer con su fanzine Dinero y sus colaboraciones en –mira qué bien aquí también tienen un dibujo de Brieva- demasiados medios como para listarlos aquí; podéis leerlos en la solapa de su libro. Otra cosa es que a la gente le haga gracia o realmente le impacte su denuncia del capitalismo, la deshumanización o la vida adulta, “considerando que al 98,76 % de los lectores, según recientes estudios científicos, no les importa un pimiento aquello que lee, ni les cala en lo más mínimo, sólo nos queda un exiguo y desalentador 1,24 % para ser traspasados, aunque ahora no recuerdo bien si era con un arpón o con qué”.

    A un “apocalíptico de mente y utópico de corazón» se le pueden pedir una fe infinita en la raza humana. Acostumbrado a perfilar las inmundicias de nuestro sistema, ¿será capaz de ver el lado bueno de las cosas este sevillano, nacido en 1974, rubio tirando a castañito, experto en snooker dice él, galardonado con el Premio Boquete 2006 insiste él? Venga: ¿Lo mejor de España?: “El salmorejo, el flamenco, los carnavales de Cádiz, la sana pachorra y gente como Chicho Sánchez Ferlosio, que en gloria esté”. ¿Lo mejor de la televisión?: “Que se gasta menos energía aún que, por ejemplo, mirando una pared. Cuando finalmente se decidan a mandar hombres a Saturno, que se dejen de hibernaciones, criogenizaciones y esas historias; les ponen a todos viendo la tele durante 7 meses y llegan allí más rollizos que los clones que gobiernan Polonia”. Y lo mejor de ti, chato: “Los cuartos traseros y la punta de solomillo, pero poco hecho, que luego repite”.

    Elena Cabrera. Publicado en El Manglar.