

«Ten?a 15 a?os y [al salir de la c?rcel] volv? a casa de mi madre y conoc? a un chico que viv?a enfrente. John Cummings, que m?s tarde se convertir?a en Johnny Ramone. ?l trabajaba en una lavander?a, a veces le ve?a por ah?, haciendo encargos. Me gustaba porque vest?a como le daba la gana, incluso cuando estaba trabajando. Llevaba el pelo largo hasta la cintura, una cinta para el pelo deste?ida, tejanos, una cazadora Levi-s y zapatillas de deporte baratas. […] Yo no conoc?a mucho a Johnny pero un d?a nos pusimo a hablar y los dos coincidimos en que nos gustaban los Stooges. No me lo pod?a creer, porque en aquella ?poca a nadie le gustaban los Stooges». Dee Dee Ramone en Por favor, m?tame. La historia oral del punk.

?ltimamente he pensado en las tiendas. ?Qui?n, de ni?o, no ha deseado tener una tienda con una gran variedad de peque?as cosas sin estrenar, bien ordenadas, clasificadas? Yo quer?a tener una papeler?a o bien una librer?a. De m?s mayor (hace unos d?as) acarici? la idea de tener una tienda de discos. Pero es un atraso: el peque?o comercio sigue en crisis, se va a pique. Me gusta tener mis tiendas favoritas. de las dos mejores tiendas de discos de Espa?a, ya solo que da CD-Drome. Me escandaliza pensar que nadie llora la p?rdida de Del Sur. En Madrid ya no tenemos una tienda de discos de verdad, de esas donde un mismo disco lo puedes comprar en CD o en vinilo, de las que tienen secci?n de singles y, mientras est?s all?, siempre suena alguna canci?n que te gusta mucho. Una tienda donde puedes acodarte en el mostrador y charlar con los tenderos sobre un sello indie noruego, el ?ltimo cotilleo de la escena o el juicio de Michael Jackson. Un lugar donde te guardan cosas, te recomiendan otras y si no encuentras lo que quieras, siempre hay algo bueno que llevarte a cambio. Echo de menos a los Javis de Del Sur, hecho de menos Del Sur. ?ltimamente estaba feliz por la existencia de una tienda en la calle Luna llamada Shake Cobra Shake!: rarezas siniestras y rockanrolleras, merchandising, mu?equitos, todo medio vamp. Una locura de sitio; el cartel de SE TRASPASA colgado del r?tulo sobre la puerta me sent? como una patada en el h?gado. Hablando de la calle Luna, London Calling, una tienda cl?sica y clave para el indie de los 90 en Madrid, tambi?n ha cerrado. Son los estragos de la crisis del disco. Al menos, la gente sigue leyendo y mis librer?as favoritas no me fallan. Tengo dos, una muy cerca de la otra y tambi?n cerca de la calle Luna. Son muy diferentes pero ambas son fabulosas. Madrid C?mics y Fuentetaja. Madrid C?mics acaba de ampliar metros y me pregunto si cambiar? mucho su morfolog?a y su esencia con el s?tano que est? a punto de abrir. Nos acostumbraremos a bajar escalones y esto formar? parte de nuestras rutinas. Fuentetaja es la mejor librer?a no especializada que conozco, pienso en ella como un t?nel o una serpiente en forma de U invertida, debido a esas peque?as salitas que es preciso ir recorriendo con tranquilidad. Me gusta su silencio, el olor, la madera y la tranquilidad. Como Madrid C?mics, no cierran al mediod?a y permanece abierto hasta las 9 de la noche. Qu? gran horario. Una nunca sabe cu?ndo puede tener una urgencia. Como el lunes, por ejemplo, un d?a que no pod?a terminar sin comprar El lado fr?o de la almohada as? que me acerqu? a Fuentetaja y apret? un ejemplar contra mi pecho mientras vagaba un rato por las estanter?as, mientras me fijaba, una vez m?s, en la hoja manuscrita por Bel?n Gopegui que tienen enmarcada en el pasillo, un trozo de novela, repleto de todas esas tachaduras que quisiera desentra?ar. Yo no s? vender. Para m? el comercio tiene dos lados: el fr?o que es vender y el caliente que es comprar. Soy compradora, tampoco soy una buena compradora, pero me hace feliz llevarme a casa un ?lbum de c?mic y morirme de ganas por llegar a casa, arrinconarme en el sof? y abrir el libro, sentir su olor a papel nuevo y tinta reciente y desear con todas mis fuerzas que el mundo no me moleste, que mi cerebro no me traicione. Me cuesta superar la tristeza del trabajo, cierto pesar que me recuerda mi papel de eslab?n de una cadena de compra-venta. No soy el vendedor pero mi parte del proceso est? destinada a favorecer el intercambio de dinero por producto. No deber?a pensar que esto es algo malo, pero no duermo tranquila, he de admitir.
Ayer H?ctor me di? una gran noticia: hay un nuevo libro de mi escritora favorita. ?Puede ocurrir un suceso m?s importante en el mundo? ?Algo que lo mejore m?s? Durante 236 p?ginas, no.


Me palpita la cabeza, un juguet?n centro de gravedad que se corretea entre mis costillas hace que el suelo se mueva, siento n?useas y todo me estorba. No, no estoy embarazada: tengo resaca. Ayer fuimos a la fiesta de fin del verano en casa de Rubenimichi+Luisjo y abus?; tendr?a que llevar (a las fiestas) la lecci?n mejor aprendida pero hab?a una circunstancia que me hizo olvidar mi cautela de los ?ltimos tiempos: la celebraci?n. Ya sab?is, ese desenfreno irracional que te lleva a bailar canciones que no te gustan, a nadar sin ropa en una playa al amanecer, a mezclar los alcoholes que en circunstancias cabales ni siquiera sus botellas permanecen juntas en el mueble bar. Obligadme a no beber, que me sienta mal, hago y digo cosas que luego no recuerdo y me voy de las fiestas sin despedirme de mis amigos. A pesar de esta circunstancia, la fiesta de la buena vecindad fue divertida: jugamos a toma-tomate y todo (yo perd? una vez y me toc? beso con mi compa?era de palmada). Sigo frustrantemente anclada en la proporci?n de poblaci?n que no tiene c?mara digital, as? que: no hay fotos. Si mis vecinos tienen, por favor, env?en. Volvamos a ese interesante punto de la celebraci?n. Ayer alimentaba la festividad de la primera destramaci?n. Mi primer TRAMA, perd?n nuestro y nuestro primer TRAMA. Seis d?as de cierre, el doble de lo previsto, con momentos de cansancio, euforia y dudas repartidos sin mucho m?todo durante esta semana. Casi sin tiempo para hacer otra cosa que no fuera estar frente al ordenador (mi ibook se vino conmigo a la redacci?n TRAMA @ Lavapi?s), dormir (nunca m?s de seis horas) y comer (40 minutos, lo que dura un Buffy). Casi todas las noches so?? con la revista, siempre pesadillas donde defraudaba a la gente, o la gente a m?. Pero ah? est?, ya lo hicimos y estar? en las librer?as el viernes, con un amable demonio en la portada, quisiera colgarla ya pero mantendr? la emoci?n durante unos d?as, dejar? que ?l lo haga primero.
Hoy he aprendido lo que en el c?mic es un fill-in. Manuel Bartual me lo ha explicado as?: Un fill-in es un n?mero de una serie realizado por un autor o autores que no son los que est?n trabajando en ese momento en ella. Por regla general lo que en ?l sucede siempre es una historia independiente de la trama que se est? contando. Marvel y DC suelen tener fill-ins preparados para la mayor?a de sus series con m?s ventas, por si el equipo habitual de una de estas series no puede cumplir con las fechas de entrega alg?n mes y entonces le dan salida a estos n?meros de relleno. Y entonces, al encender la tele al mediod?a, he encontrado un ejemplo pr?ctico:
?Marco Melandri en el papel de Spiderman (y van 2) en Moto GP en Estoril!

Y siempre en los peores momentos. No me refiero a los ya cl?sicos dolores cervicales, me refiero a algo peor: ?por qu? en la semana de mi primer cierre al cargo de una revista nueva, mi cuerpo me disfunciona por tres veces, rompi?ndose, escarall?ndose, dej?ndome al l?mite de mi resistencia? Ayer fue as?. Quer?a ir al hospital, que me extirparan el sistema digestivo, que me durmieran, que el mundo recuperara la calma. Hoy, racionada a sopas y Primperan, busco una explicaci?n a estas crisis cuyo principal antecedente sufr? en el FIB 2003, en el bochornoso momento-desvanecimiento del que no volver? a hablar. Ya me lo dijeron los m?dicos: somatizo. As? que es posible que las jud?as verdes realmente estuvieran en mal estado despu?s de m?s de un a?o congeladas en el frigor?fico pero la otra realidad es que mi sistema nervioso ejerce tal presi?n sobre el resto de sistemas que el cuerpo se descompone, las defensas bajan y soy atacada, por mi misma, en mis puntos d?biles. El enemigo en casa. ?Y qu? le pasa a mis nervios? Pues que tienen miedo, supongo, a no poder sacar el trabajo, a fallar, a no alcanzar mis objetivos.
Me pregunto porqu? salen desnudos del colegio, los ni?os de Beslan. Y, ese gimnasio… no. Tendr? pesadillas si sigo imagin?ndolo. Espero que no haya im?genes. Que no las habr?, ya se ocupar? ras-Putin de ello.
?Por qu? mi vecina Everilda ha decidido pintar hoy su casa? ?Es ese ruido renqueante y estruendoso el motor de una p?gina de gotel?? Los papeles pintados son infinitamente m?s silenciosos. Veo a mi vecina Everilda moverse torpemente entre los pintores y los pl?sticos, a trav?s de las diferentes ventanas que dan al patio que compartimos. Se ha puesto un gorro de ba?o, de esos de pl?stico transparente, en la cabeza. Y creo que lo que le cubre el cuerpo es una bata vieja. ?Por qu? hoy, este ruido? Parece que no tuviera suficiente con el incansable trasiego de los obreros que trabajan en la rehabilitaci?n de mi edificio. Hoy, primer d?a de septiembre, Everilda decide poner patas arriba su pisito. Lo cierto es que le hac?a falta. Pero a mi tambi?n me hace falta intentar concentrarme en todas estas rese?as que tengo que editar; en los colaboradores que esperan con suspicacia mis emails con respuestas y propuestas; en todos los textos que he reservado para m? y que a?n no he escrito. Esta trepidante actividad coordinadora se combina con un estado de salud que me ha pasado la peor jugada del verano. Aqu?, en mi casa, en la habitaci?n que es despacho-redacci?n-estudio, echo de menos algo que apenas he vivido: una redacci?n real y, en cambio, creo que no soportar?a ya ese entorno. Me gusta trabajar as?. Hace una hora han llegado por correo las respuestas a una entrevista y, hace s?lo unos minutos, un colaborador acaba de llamarme para confirmar que una de las entrevistas m?s importantes de este mes acaba de finalizar muy satisfactoriamente. Esto ocurre mientras escucho a la lind?sima Jang Na-Ra en Oriente es Oriente en la radio y nos acercamos a la medianoche, que para mi es un momento del d?a de absoluta disposici?n laboral, nada que ver con un 9 a 5. Esta ma?ana he le?do, al hilo de este entorno de trabajo, de esta manera de administrar el tiempo y el espacio, un informe de Trendwatching sobre lo que han dado en llamar Insperiences. Estos analistas de tendencias vienen a explicar que estamos sustituyendo las experiencias al aire libre hacia recintos que dominamos y transformamos. En lo que respecta a las casas que transformamos en oficinas, nos dicen: Home Offices: In 2004, nearly a third of the US workforce, or 44 million individuals, is expected to regularly work at home on at least a part-time basis. Similar numbers apply to many EU countries. The Creative Class is making waves, and home offices are fast becoming a serious INSPERIENCE battleground: from high speed WiFi and professional coffee machines to high performance furniture and stylish in-house meeting spaces, home offices will exceed traditional office experiences. (…) As ads (popping up in business mags like Entrepreneur) for the new furniture line put it: «If you wanted your home office to look like an office, you-d work in an office»! And «Can you spot the office in this home office?».