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  • No me abandono (2)

    ?Record?is a El Quitapesares? Recibe su nombre por una casualidad. Ernesto (Gonz?lez), hace varias semanas, mencion? ese nombre ya no s? porqu?. Me gust? y, envi?ndolo a ese retortero que son las anotaciones en mi peque?a libreta de bolsillo, lo escrib? en una p?gina en blanco. D?as despu?s, cuando buscaba en mi bolso el cuadernito para entretenerme mientras se disipaba el mareo en el hall de este motel de Sa?ca, se abri? justo por donde hab?a realizado la anotaci?n y all? mismo me puse a dibujar el camarero que parec?a velarme desde lejos, tras haberme preparado varios remedios caseros que calmaran mis tripas. Algunos de vosotros conoc?is la casa de Soma?n, para mi es como una mansi?n, su lujo es su historia, los recuerdos, la historia amarrada en sus paredes. All? me siento bien, aunque el piso de arriba (el tercero, la azotea, o «el palomar» como lo llama mi padrino, con el mismo nombre que Aldo llama a la buhardilla de la calle Tesoro) me de algo de miedo y uno -solo- se sienta all? extra?amente acompa?ado. Ese fr?o silencioso de Soria te ayuda a pensar, te incita a seguir adelante, a hacer cosas sin barullo, con calma. Hubiera sido feliz del todo all? si la cabeza no me hubiera dolido tanto, hasta el punto de asustarme, de marearme y de preocupar a mi amigo m?s R?pido, el cartunista m?s veloz de la meseta espa?ola, quien, en casi una hora, se plant? en la tierra de castillos para rescatarme cuando yo ya intentaba calcular a cu?ntos kil?metros del hospital m?s cercano deb?a encontrarme y si ser?a capaz de conducir hasta all?. El domingo al mediod?a ya estaba en Canillejas, habiendo domado el dolor y mediodispuesta a asistir a una comida familiar que me deparar?a m?s sorpresa y disgusto del que podr?a imaginar: mi madre se atragant? (muy seriamente, sin poder respirar) y mi padrino se desmay?, perdiendo el conocimiento. Se me cay? el mundo encima, despu?s del fin de semana pensando que podr?a morirme de cualquier cosa en el cerebro de un instante a otro, en dos minutos v? en peligro la vida de mis dos «mayores» m?s cercanos. Alfredo, mi padrino, se desvaneci? en mis brazos, mientras apretaba sus labios con fuerza y manten?a sus ojos abiertos aunque ciegos, fijos en un punto mas all? de todo lo que ten?a enfrente, incluida yo. Llamamos al 061 y, poco a poco, todo se fue calmando. El martes, en el m?dico m?gico, le cont? lo ocurrido a Mercedes, su asistente, ese ?ngel risue?o y seguimos hablando de la muerte, de c?mo ocurren todas estas cosas, precisamente as?, precisamente ahora. Ella me quit? el dolor de cabeza. O me lo quit? yo misma, no lo s?. El caso es que, muy conscientemente, cosnegu? que se fuera, despu?s de que se huiera instalado en mi cabeza durante semanas y el m?dico de cabecera, lo ?nico que hiciese por m? fuera firmarme una receta de un antiinflamatorio. Ese d?a ten?a la impresi?n de que lo que estaba viviendo a?n lo estaba viviendo. No s? si me explico bien: que nada hab?a terminado; no respiraba aliviada. Ahora me doy cuenta porqu?. Al d?a siguiente recib? una llamada de mi padrino que comenz? con una bronca por un motivo mec?nico de mi coche y que acab? (mi padrino es as?, dice las cosas de una manera extra?a, a veces no s? qu? o a qui?n proteje) con el anuncio de la muerte de mi t?o Lu?s Fraguela la noche anterior. ?l y mi madre se ir?an a Cor?a un par de horas despu?s, para asistir al funeral y al entierro y estar cerca de mi t?a Irene, su viuda, hermana mayor de mi madre. Hac?a tiempo que no sab?a nada del estado de Lu?s, aunque llevaba postrado mucho tiempo. Hac?a a?os que no les iba a ver, desde antes de perder la cordura, cosa que hab?a perdido, quiz?s incluso antes, que la verticalidad. A muchos de vosotros os he contado las cinco o seis an?cdotas que definen bien a mi t?o Lu?s, mi t?o el de la aldea, como le llam?bamos para diferenciarle de mi otro t?o Lu?s, Lu?s Montero, hermano de mi madre, y que tambi?n usar?a el resto de mi familia para diferenciarle as?miso de mi padre, tambi?n Lu?s, que deb?a ser, supongo «el de Carmen» (aunque, casualidades del destino, o de los nombres comunes, la ex esposa de mi t?o Lu?s tambi?n se llamaba Carmen). Mi t?o Lu?s era el que le gritaba a mi t?a Angustias, antes de que consiguiera cazar a la mayor de las hijas de Manuel Montero, cuando aquella estaba dentro de un autob?s, muerta de verg?enza, mientras todos le miraban, «dille a t?a hirm?n, que aqu? queda un home, que suspira por ellha» (que me perdonen -y me corrijan- los dos gallegos que me leen, que escribirlo no s?). El mismo que, abriendo la puerta del ba?o de Santa Margarita (la casa de mis abuelos) encontr? un ladr?n entrando por la ventana y, sin plantearse qu? pudiera estar haciendo ese se?or con una pierna dentro y otra fuera de la casa, se disculp? cerrando la puerta de nuevo y diciendo «Bos d?as». He mencionado a mi t?a Angustias, pese a que mi madre tiene once hermanos, quiz?s es ella a la que m?s quiero de entre todas mis t?as. A Mercedes, que emigr? a Inglaterra en los sesenta, tambi?nla quiero mucho, pero m?s bien la admiro, porque es fuerte y emprendedora, muy parecida a mi madre. En cambio a Angustias la quiero quiz?s porque se me hace tierna y peque?ita. Ni ella ni su marido, mi t?o Milocho (pese a que se lo he preguntado mil veces no s? porqu? le llaman as?; alguna vez me ha dicho que ?l es Milocho porque no es Milsiete, ni Milnueve) pudieron ir a la aldea (San Adri?n de Veiga, cerca de Ortigueira)porque Emilio, «Milocho», tuvo que ser ingresado en el Hospital. Mi madre ha decidido quedarse all? unos d?as, hasta que se sepa porqu? no puede respirar, porqu? se ahoga, porqu? no se recupera del todo. Ahora mismo estoy en la oficina, me demoro aposta sin ganas de ir a casa, intentando decidir si ma?ana por la ma?ana cojo el coche y enfilo la A-6, tarde lo que tarde, cueste lo que cueste, aunque al d?a siguiente tenga que hacer otros 601 kil?metros en sentido contrario. A veces las distancias son m?s claustrof?bicas que las estrecheces. Ah? abajo, en la plaza de callao, la gente se agolpa a la caza de los famosos que entran al estreno de la pel?cula de Frida Kahlo. ?Ser? por Salma? No entiendo ese intercambio de fr?o, empujones, apretones y tumulto por unos segundos de contemplaci?n de los rostros «en la realidad» de esos actores cotidianos de tu sala de estar, de tu cuarto del televisor o de tus cines habituales.

  • No me abandono

    No os abandono, me abandono. Quise escribir cuando hu? -s?, me march? huyendo- el jueves pasado a Soma?n pero el dolor de cabeza me aconseja usar lo menos posible el ordenador. Maldito dolor, insorportable punzada en el centro, un poco a la derecha, de la parte posterior de mi cr?neo. Como explican en esta web la palabra Soma?n es de ra?z ?rabe y significa dos torres gemelas o tambi?n, seg?n la forma en la que est? escrita, manantial que nace en las alturas. Quiz?s en busca de ese torrente cog? mi coche y enfil? la Nacional II, con dos d?as de vacaciones en el bolsillo. En el trayecto de ida tuve que hacer un alto en un sitio que espero no olvidar nunca: la salida de la autopista hacia Sa?ca, en la provincia de Guadalajara, me promet? volver un d?a para saldar una cuenta y conocer el pueblo. En el Motel Sa?ca conoc? al que, providencialmente, llam? «El Quitapesares». Me detuve en una gasolinera para repostar y, al salir del coche, comenc? a darme cuenta de lo mareada que estaba. Tras llenar el tanque fui a incorporarme a la autopista pero, antes de salir del ?rea de servicio, me d? cuenta que necesitaba, como poco, una manzanilla. As? que aparqu? delante del restaurante y me ped? una infusi?n. Hoy ya no puedo, ma?ana os segu?r? contando la historia de El Quitapesares.

  • Ponga un postrockero en su casa

    Demasiado cansada para afrontar la semana y suficientemente asustada al comprobar que tan s?lo estamos a mi?rcoles. Ma?ana me voy a Segovia (?qui?n se une?) para hablar en una conferencia titulado «?El rock ha muerto?» en una universidad privada. Ya, da un poco de risa. De principio, Aldo y la Noe ya se han apuntado, como oiga alg?n tipo cuchicheo en la aula, ya sabr? quienes son los culpables. Tengo pernoctando en mi casa a un postrockero americano (residente en Provo, Utah) de nombre Dirk estrechamente emparentado con Coastal. Es muy majo. Un tipo viajero e inteligente. Sensiblemente postrocker, medianamente hispanoparlante y conocedor de la cultura espa?ola gracias a su novia gallega. Nosotros le introdujimos a Migala, Polar y Mus. ?l a The Player Piano (parecidos a Tristeza), Pinback, The Microphones y su propio grupo, Audio Armada. Esta noche canta Psicosis en el aniversario del Siroco que hacen en el Arena. Vamos a intentar llevarle… Aqu? va una fotograf?a de Cindy Green (cantante de Fischerspooner; no de ella sino por ella).

  • Muy tonta

    Dios, qu? fr?o. Est?bamos ayer en el cacahuete, nuestro habitual centro de reuni?n para vinos y tostas desde que el blanco y fr?o P?dron se instal? en el local del Maes de Flandes, cuando nos levantamos todos r?pido de un respingo para correr a la puerta al primer aviso de nieve. Pero no eran m?s que grandes copos de agua-nieve que ven?an a desmentir esa corriente de opini?n general que ayer dec?a «hoy nieva». Mentira. Al menos mentira en la ciudad de Madrid. Tengo especial inter?s en que nieve para poder culminar uno de esos m?ticos momentos est?ticosimb?licos m?os: Juanjo y yo por fin hemos terminado (bueno, ser?a m?s justo decir que por fin ?l ha terminado de dibujar superando mis constantes dudas, presiones y rectificaciones) nuestra segunda historieta que ser? publicada en el TOS 4 (?quiz? el ?ltimo TOS?) titulada «Huellas sobre la nieve». Es una adaptaci?n de la parte final de aquel diario er?tico de ficci?n que algunos hab?is le?do.

  • Enlaces

    He encontrado el enlace a una de las webs que colg? mi manifiesto sobre el d?a sin m?sica. Recordadme que tengo que hacer una lista de enlaces. D?a sin m?sica Ya sab?is que me gusta mucho esto de las playlist y los Top 5 (aunque ?ltimamente no haya a?adido ninguna por aqu?). El caso es que mi locutor de freeform radio favorito, John de la KEXP de Seattle, tiene aqu? sus Top 5 de cosas como «Things To Do In Your Car» o «Reality TV Show Ideas I Have». No le teng?is en cuenta lo fea que es la web y leedle un poco. O mejor escuchadle un poco.

  • Belén Gopegui. Acerca de los no vacantes

    El farero se pregunta cómo llenar la soledad, su soledad de siempre, de pasión transparente, «inmenso abrazo; El sol, el mar, La oscuridad, la estepa, El hombre y su deseo, La airada muchedumbre, ¿Qué son sino tú misma?» La figura silenciosa ha de elegir entre lo esperado y lo vivido, la realidad y la memoria, el viaje o la estancia. El abandono, la prisión, la vacancia, la disponibilidad.

    Belén Gopegui, en su cuarta novela -‘Lo Real’- plantea el reto de la opción. Hay destinos que te suceden pero también decisiones que invierten el funcionamiento de las cosas.

    Tú has hablado de lo que Carmen Martín Gaite no era, de lo que Edmundo Gómez Risco -protagonista de ‘Lo Real’- no quería ser. Sobre ti, ¿decidiste antes lo que no debías ser?
    No de manera general. Es el trabajo y la experiencia lo que te va colocando en situaciones en las que hay que decir sí o no. Como novelista, ahora, sí hay algunas cosas que no quiero hacer. No quiero jugar a que me parece bien seguir difundiendo los estereotipos de la adolescencia, seguir contando que hay un mundo separado de la vida en donde los contornos están siempre redondeados, no quiero resignarme a la repetición, el tópico, la cursilería, ni escribir lo que me dictan. Creo que he apostado por decir que no me lo creo, que no me creo la retórica sagrada de la literatura, que prefiero los libros en donde no se envuelve con lazos cualquier tema que se trate sino que se muestra por dentro y por fuera, como si se trata del manual de instrucciones de algún aparato.

    Recorrer de tu primera a la cuarta novela, es como si realmente se discurriera hacia lo real. Como si poco a poco te despojaras de las ideas y los sentimientos expresados más en bruto y buscaras un refinamiento a través de los hechos más reales, de las circunstancias de los personajes. ¿Crees que exagero o se podría ver algo parecido?
    Sí, estoy de acuerdo. En mis dos primeros libros también trataba de mostrar los mecanismos, pero aún pensaba que podía edificarse una realidad en el lenguaje, una realidad separada de las cosas. Ahora ya no lo pienso.

    Curiosamente, ‘La Realidad y el Deseo’ se asoma tanto a ‘La Escala de los Mapas’ como a ‘Lo Real’. ¿Es simbólico?, ¿tiene el libro de Cernuda algún significado especial para ti?
    Yo me formé leyendo poesía antes de pasar a la novela. Y ‘La Realidad y el Deseo’ fue un libro muy importante, es un libro muy importante que condensa una actitud ante el mundo. En ‘La Escala de los Mapas’ el personaje se dejaba invadir por esa actitud, en ‘Lo Real’ el personaje discute con ella, opone a un argumento otro argumento, y creo que al final llega a una síntesis menos idealista y, en este sentido, más optimista.

    Me gusta mucho la importancia de las profesiones -más bien vocaciones- en tus personajes. El geógrafo Sergio Prim, el teatro para Sandra y Simón Cátero, o el esfuerzo de Irene y Edmundo, que son periodistas, por desengancharse de la realidad que estriñe a los otros. Sé que las profesiones no son lo importante, no tanto como las acciones, pero cala mucho en ellos. ¿Cómo surgen estos entornos, de dónde vienen?
    En cada novela vienen de un sitio. En el caso de Sergio Prim, puesto que era un personaje que se debatía con la idea del espacio, me parecía lógico que le interesara la geografía y bueno, así en cada historia. Estoy de acuerdo con lo que dices de las acciones, pero al fin y al cabo la profesión determina un porcentaje muy alto de las acciones que vamos a llevar a cabo en la vida. Por eso desconfío un poco de las novelas que resuelven la profesión del personaje en dos líneas, como si el trabajo fuera lo de menos, como si lo más importante fuese la vida que está al otro lado, en las fantasías que se tienen fuera del trabajo. El trabajo que hacemos construye también nuestras fantasías, creo que por eso Edmundo decide enfrentarse a la obligación de vender a otros su vida.

    Has estado muy cerca de Carmen Martín Gaite, ¿cómo fue vuestra relación?, ¿qué aprendiste, de ella? O ¿qué te ha enseñado?
    De Carmen Martín Gaite aprendí muchas cosas, sobre todo rigor a la hora de trabajar y también a la hora de vivir. Era de las pocas personas con que podías
    Hablar de lo que habías leído y no para de decir «me ha gustado o no me ha gustado» sino comentar la estructura de los libros, qué cuentan, por qué lo cuentan. Pero no se puede resumir una relación en pocas palabras. Las relaciones nos hacen. Y cada vez que me preguntan lo que más pienso es: ojalá no su hubiera muerto tan pronto.

    La música es algo muy poco presente en tu literatura. Quizás porque la música sí es demasiado importante para mí, y me cuesta eludirla, tengo curiosidad por preguntarte si significa algo para ti.
    La narración es un discurso. La música, aunque sé que esto sería refutado por muchas personas, no es un discurso. El lenguaje exige un cierto acuerdo común, a las notas podemos darles un significado, pero no nos hemos puesto de acuerdo en común sobre el significado de las notas. Por eso me resulta difícil narrar con ella.

    Que se hiciera una película basada en ‘La Conquista del Aire’ -‘Las Razones de mis Amigos’-, ¿es algo que casi se te ha olvidado ya, o ha significado?
    El cambio de título me permitió distanciarme del proyecto, aun cuando participara informalmente y lo apoyara. Me alegró que se hiciera, me alegró que parte de los materiales de la novela pudieran alcanzar mayor difusión gracias a la película. Pero, de algún modo, la película pertenece al equipo que la hizo.

    Una amiga acaba de sacar un disco, se titula ‘Cuando termines con todo habrá terminado contigo’. Suele ser la respuesta de su padre cuando ella le dice cosas como ‘me pondré a estudiar los exámenes cuando acabe con la grabación del disco’, o ‘volveré a llevar una vida normal, a comer y a dormir bien, cuando haya terminado de maquetar el fanzine’. Lógicamente, un disco sucede a otro, un artículo a otro y a este número del fanzine el siguiente. ¿Qué piensas de esto? Y, ¿qué haces?, ¿qué vas a hacer?
    Ahora estoy preguntándome si tiene sentido hacer tantas entrevistas, tantas presentaciones. Nunca me había ocurrido esto, tampoco es que sean muchísimas, pero sí en relación a los anteriores libros. Creo que tiene sentido que los escritores y escritoras intervengamos en la vida pública, pero no estoy segura de cuál sea la mejor manera de hacerlo.
    Por lo demás, detrás de esta novela escribiré otra o no lo haré, supongo que lo normal es que lo haga, aunque a veces me gustaría cambiar de género y de profesión, o al menos escribir en condiciones diferentes. Sigo dando vueltas, como ese disco que dices.

    Elena Cabrera. 2003.

  • Noches de todo

    Tengo sueño en los ojos y revoltillo en el estómago. Ojalá el vino no llevara alcohol, ¡qué asco le tengo al frasco! (cuando lo veo vacío). Menos mal, como dice ese mismo tango escrito por Antonio Bartrina y que tan bien canta Psico, «Bebo no porque quiera olvidar, bebo por el placer de tomar» ya que «si mi vida es una curda estruendosa, no es mi culpa que no sea melodiosa». Ayer salí algo tarde de la oficina y Mamen y yo nos dirigimos a casa de Fran, donde un jamón estaba siendo cortado y unas verduritas y un seitán salteados en el estreno de una parrilla. Comimos, bebimos, nos reímos y hasta lloramos un poquito, como ocurre siempre que nos juntamos. A ver, que recuento: Fran, Sly T, La Noe, Sandragqueen, Psicosis Gonzales (no es un apodo, era ELLA, el mismo Norberto Di Giorno en persona), Pablo Patilla, el Aldo, Mamen y el Javi. Es decir: un completo. Nos queremos reunir aposta y no lo conseguimos, eso seguro. En el equipo de música: los tangos de Psicosis, las nuevas canciones de Fran (la nueva, novísima, con letra de Silvia: ¡UN HIT!) y un descubrimiento de Padilla: una cantante francesa, tremenda, de nombre Barbara, arrastrada, severa, emocionante. En la televisión, Kylie, Gran Hermano, telediario. En mis manos y en mi boca: los Cuadernos de Todo de Carmen Martín Gaite.

  • Psicosis de amigo

    Nada, que aquí a mi lado tengo media docena de rosas para regalárselas esta noche a Psicosis Gonzáles, perdón, Norberto Di Giorno, que cierra esta tanda del espectáculo tanguista en el María Pandora. Como a Aldo le da vergüenza ir por ahí con las flores, nos quedamos sin cenar y hacemos tiempo en la oficina, mientras me releo la LSSI y me doy cuenta que vaya una preparación tan poco romántica para lo que nos espera esta noche. Noches intensas, las de esta semana. Porque ayer fuimos a ver a Los Labios Ardientes y casi reboso de la emoción. Después, un buen rato de petardeo moderado en la fiesta del décimo aniversario de Vanidad. Llegué (llegamos: Mamen, Aldo, Fernando Vacas de Flow, Ana Sanabia, Julio Ruiz) tarde al concierto de Ciëlo. Cocó estaba increíble, de todas formas. Mario no tocó con él. Encuentros curiosos (la primera novia de mi segundo novio, a la cual no ve´ia desde el instituto), Pas, Ramiro y Elena, Fede Serra, Javier Mendoza…