Me dice un amigo por email que mi weblog calla más que cuenta, últimamente. Tiene razón y además me extraña la locuacidad de su recato, su segundo plano. Es cierto que no tengo tiempo para narrar nada extenso que contenga un mínimo de interés. Pero además, cuando dispongo de ese tiempo, estoy exhausta. La semana pasada tuve una fantasía obsesiva: ¿cómo sería el paisaje de una ciudad si nadie tuviera que trabajar? La idea me asaltó, creo recordar, en Serrano esquina Goya ante la imagen de una mujer joven acompañada de su madre que reía mientras le hacía un cariño a su hija, una niña pequeña vestida dulcemente. Soñé allí mismo que ninguno de los que transitábamos ese cruce de caminos teníamos que trabajar para nadie, sólo para nosotros. Y entonces imaginé que todos reíamos suavemente como esas mujeres, sin acidez, cargas ni desprecio, todos al unísono. Y vi cientos de dientes brillando bajo el sol atenuado de primavera. Podría ser una pesadilla, tantas personas sonriendo simplemente sin motivo, pero algo me gustó en ello y me movió a querer formar parte de mi visión: cerré los ojos y comencé a reír yo también. Viajé en el metro con la sonrisa puesta, intentando que no se cayera por los bordes. Cuando llegué a casa Lord Monreal me abrazó y me preguntó qué me pasaba, porqué tenía esa inmensa cara de pena. [youtube YAICvyk2b6g]
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Tú y yo somos los muertos
NSLM se muere. La portada del último número. Es impresionante, me encanta:



