Al otro lado del espejo

Ayer soñé con un jardín en forma de laberinto situado dentro del Camping de Valdemorillo. De los setos que forman las calles cuelgan multitud de lienzos. Algunos creía haberlos pintado yo. Antesdeayer soñé que mi madre estaba convaleciente en una cama, muriéndose. Hasta que se iba del todo. Y antesdeantesdeayer soñé lo siguiente: Sinnamon ha comprado el FIB. Es el jueves de Benicàssim y me estoy paseando, relajada, entre el público, como un asistente más, reconociendo el nuevo recinto, que es gigantesco, varias veces más grande que el actual. De pronto, recuerdo que yo estoy ahí para trabajar, para hacer el Fiber y que [como ocurre en casi todos mis sueños sobre lo mismo] descubro de golpe que no he preparado nada. Salgo corriendo en busca de la carpa de prensa, donde se ubica siempre la redacción de la revista. Como la arpa de prensa está pegada a una de las salidas, el Acceso Sur, decido rodear el recinto por su perímetro, en lugar de ir por dentro. Ahí descubro que es aún mucho más grande de lo que imaginaba. El Fiber no está donde lo solíamos poner. Pregunto a las decenas de personas que pululan por la zona de producción. Nadie sabe. Según me voy adentrando en el recinto consigo que me informen de que tengo que entrar en un circuito para llegar al Fiber. Hacer un recorrido que me llevará «dentro». «Dentro» es muy dentro. Consigo adentrarme gracias a una escalera plegada en medio de un angar, una escalera de hierro amarilla que hay que subir para poder bajar a una especie de inframundo. Un submundo secreto y extraño, también repleto de gente, trabajadores del FIB en su estómago, en sus cavernas. Tumbo mi cuerpo en una cinta de rollos que giran y me transportan, me deslizo por agujeros, entro por puertas secretas, tengo que superar pruebas y acertijos. Llego a un pasillo que da a una habitación con puertas abiertas. Una mujer nos hace esperar hasta que la habitación se libere un poco. En ella hay parejas de mujeres con mujeres, sobre todo, y de algunas mujeres con hombres follando de pie, despacio, todos desnudos y todos sudando. La mujer me informa de que es una habitación para relajarse y añade que es obligatorio pasar por ella para llegar allá donde cada uno se dirija. Las personas del pasillo nos miramos de reojo. Somos seis mujeres y dos hombres, hemos de emparejarnos antes de entrar. Una chica morena y yo comenzamos a mirarnos.

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[Luego sigo, he alquilado «Spider» y voy a verla ahora…] Mientras nos aproximamos y nos observamos con mayor descaro el grueso de gente nos quita nuestro lugar justo al lado de la habitaci?n, nos han desplazado hacia atrás. Y lo hemos permitido. Llega Aldo, no sé de dónde sale pero está aquí para rescatarme, dice que no es neccesario seguir el camino que me obligan a llevar para ir al fiber. Me coge y me empuja por una puerta pequeña que no habia visto antes. Al otro lado hay un aparcamiento. El tiempo fuera es gris y lluvioso. Una vigilante viene hacia nosotros con intención de hacernos daño, se comporta de manera no emocional, como si fuera un videojuego. Escapamos entrando de nuevo por la puerta y ella no nos sigue, continúa recorriendo el patio. Pienso, en el sueño, si no estaré jugando a una videoaventura del FIB, en lugar de estar en el FIB. Calculamos cuando es un buen momento para salir y lo hacemos. Corremos. Saltamos una valla. Seguimos corriendo pero llegamos al mismo angar del que partí. Me doy cuenta de que no ha servido de nada abandonar el camino que la organización me obligaba a seguir, ahora ten?a que volver a empezar de nuevo. Cuando subo otra vez aquellas escaleras de hierro tengo que sortear a un mont?n de personas sentadas en los escalones, que de pronto est?n forrados de terciopelo y moqueta. La gente no se mueve y voy metiendo los pies donde puedo. Como llevo medias y falda, me doy cuenta de que la gente mira hacia arriba cuando paso y que me est?n mirando las bragas. Una chica se enfada conmigo porque paso por encima de su novio y ?ste me mira. calmarla le digo que ?l no me interesa, que no me interesa nadie, que s?lo quiero buscar el Fiber porque tengo una revista que hacer, que encontrarlo es lo ?nico que me importa en el mundo. Seg?n digo estas palabras caigo en la cuenta de que quiz? ya es demasiado tarde: el Festival sigue transcurriendo ah? fuera y nadie est? esperando una revista. Es m?s, ni la he preparado, ni puedo improvisarla otra vez; he perdido muchas horas buscando. Me desv?o del camino cuando distingo la zona de stands, la feria. All? me encuentro con Jose, el due?o de Sinnamon y ahora director del Festival. le pregunto, gritando, qu? hora es. ?l contesta que las nueve de la ma?ana y yo, fuera de m?, le digo si sabe que llevo desde el d?a anterior por la tarde buscando la redacci?n del Fiber, mi lugar de trabajo, en el recinto y que no s? d?nde la han metido. Que por su culpa ya nos e puede hacer el peri?dico de ayer ni de hoy. ?l est? muy tranquilo, casi sonriente. Aldo aparece por detr?s pidi?ndome calma pero yo contin?o vomitando chillidos, a lo bestia. Jose contesta que ahora las cosas son diferentes, que han cambiado, y que en realidad prefiere que se haga «otra cosa». Sugiere un suplemento gr?fico con algunos chistes, que lo saquemos a color el domingo, «a la gente le gustar? mucho m?s». Me doy la vuelta y echo a andar, pensando que tiene razón. Camino un poco m?s y me despierto. Por supuesto, lo apunté todo por la mañana. De hecho, ya lo había olvidado, me ha sorprendido leer mis notas. Este post está dedicado a los bloggers valientes que cuentan sus sueños públicamente. O al único que conozco, vaya. Y de paso, una segunda dedicatoria para aquel que haya conseguido llegar al final sin saltarse una línea. post-post 1: Jarl! Menos mal que existe Internet y así no he tenido que despertar a Juanjo(*) a la 1:56 de la noche que son, para que me explique qué es un cliffhanger. Yo, la paleta. ¡Ese Bartual! ¿Ya de vuelta del turismo cartunista-cinematográfico? post-post 2: Ya ha pasado (admitiremos lunes festivo como parte de la semana pasada) la primera semana fuera de la oficina. Con cierto trasiego. Una agenda que muta y a la que no hay manera de ceñirse. Películas. Cinemad (ver una peli de Santo a las doce de la mañana, ¡insólito caso!). Caf?s sin sujetarme a horario y ese Marcelo Panozzo, una se emociona r?pidamente hablando con ?l. ¿Lo peor? La placa de hierro dolorosa del pasado invierno ha vuelto a instalarse en mi craneo. (*) ¿Alguien le ha visto hoy SALIR POR LA TELE?