Más de culto que realidad comercial

La frase del título la dijo ayer Tomás Fernándo Flores en Siglo 21 (joder -con perdón- que paranoia me ha entrado cada vez que menciono un nombre aquí) en Siglo 21. Repito, que es muy buena y es textual: «más de culto que realidad comercial». Esto define ese concepto de realidad (la mía) que siempre quiero abordar y nunca sé cómo. Claro, el culto no es en verdad real, es más bien la consecuencia de un acto de fe. En cambio, lo que es real es el mundo comercial. O sea, que Belle » Sebastian sea el grupo más grande del pop actual es una cosa de culto (no sé si religión o cultismo) mientras que lo real, la realidad de todo el mundo, lo que es DE VERDAD, es Maná. Y ASÍ PERVIVEN LAS COSAS en el subconsciente de Tomás Fernando Flores y en el de otros cientos como él. Vengo del Café Moliere, un lugar que poco a poco se va ganando la placa de local COVECABE. No se crean que es algo tan fácil de obtener. Y mis amigos. Tener a alguien tan cerca. No pensé que podría ser algo tan importante. Ayer nadé, en la piscina del Moscardó. Ticando por vez primera ese bono que ya criaba telarañas en la estantería. Los que lean el weblog de Nico ya sabrán alguna cosa sobre esa piscina. Pero para mí era mi primera vez. No sabía dónde estaba la piscina y un señor fue el encargado (le obligó la guardesa, demasiado perezosa para darme indicaciones: «puedes seguir a este señor, que también va a la piscina») de guiarme hasta allí. Señor: ¿Es tu primera vez? Elena: Pues sí. Señor: Muy bien, pues ya verás que hacer ejercicio es muy saludable. Elena: Eso dice mi médico. A ver qué tal. Señor: Claro que sí. Está muy bien. ¿Sabes nadar o también tienes que aprender? Elena: Psssccché. Malamente. Señor: Bueno, pues a ver. Ahí está tu vestuario. «Mi» vestuario lo es también de ocho mujeres más que se pasean a pubis descubierto entre las duchas, perchas, bancos y taquillas. Se quejan de que hace frío, se quejan de que las taquillas no funcionan y se tragan las monedas, de los robos y los secadores de manos que tiran mal. Creo que lo he traido todo pero al observar a las otras me doy cuenta de que me falta algo esencial: las chancletas. A punto estoy de volverme a casa, ante la horrible imagen de setas y hongos creciéndome entre los dedos de los pies. Intento pisar el suelo lo menos posible, camino por ahí dentro de mis Puma. Identifico tos tipos de mujeres: A) Señoras viejas entre 50 y 60, de pubis poco poblado y músculos dificilmente recuperables. Pequeñas, encorvadas. Expertas conocedoras de la rutina de gimnasio. Lentas, muy lentas. B) Mujeres cuarentonas, fibrosas y espigadas, trabajadoras liberales o liberadas amas de casa de maridos en posición media-alta. Se visten y desvisten rápidamente. Tratan al Tipo A con superioridad. A las doce de la mañana yo no encajo en ningún tipo, así que paso entre 5 y 10 minutos sentada en un banco del vestuario, sin atreverme a dar el primer paso. Me siento más o menos segura, en mi papel de observadora, hasta que me quito las gafas. A partir de ahí, todo es confuso. Una miope-astigmática, ¿qué ve en una piscina? Bultos. No valen las gafas, mucho menos las lentillas. ¿Qué vemos? Una inmensidad azul y bultos que vienen y van. E incluso bultos de los que no sabrías decir si vienen o van. Cuando me mezclo entre la población mixta me doy cuenta de que entre los hombres la tipología varía. Ellos son jóvenes. Como mucho llegan a los cuarenta. No usan esos ridículos gorros (con el mío (azul, me lo dejó Juanjo es un color bonito pero) no puedo evitar sentirme una payasa) y sus cuerpos, a mis ojos incorrectos, aparentan torneados, esbeltos. La mayoría parecen universitarios, quizá deportistas profesionales. O si no ¿qué? ¿Qué hacen esos hombres tan en forma, esas musculaturas sensibles, ociosos a las doce de la mañana? ¿Habrán dejado también su trabajo en la oficina de un Festival? ¿Serán todos traductores freelancers trabajadores caseros necesitados de un desahogo físico? Hago ocho largos mantrechos, En el octavo el corazón me bombea más de la cuenta. Pienso demasiado mientras nado. No respiro. Intento concentrarme en los azulejos: «qué azules que son», pienso. Luego mira al cuidador, lee una revista pero me lo imagino mofándose de mi estilo. Mofándose de las viejas. Mofándose de las piscinas y de los ratos de ocio. Pensando en tirarse a su novia, en acabar su carrera de Económicas, en conseguir cualquier trabajo mejor. Pienso si le gustaría estar en la playa y ser un vigilante. Pienso en New Order. Pienso demasiado. Octavo largo: señora, ¿me deja salir por la escalera? ¿Sigue ahí mi toalla? Este bañador se me pega a la tripa y me veo enorme, yo pensé que me disimulaba mejor. De un momento a otro me encuentro con mi casera, y encima le debo tres meses. Si me ve aquí pensará que estoy en paro. Y en realidad lo estoy ¿o no? Ese chico me suena. Ese también. Bueh, sin gafas no hay manera. Me seco. Me pican los ojos. Tengo sed. El cloro se ceba en mi dermatitis. ¡Ja! Hice ocho largos. Vine a la piscina. No pasó nada ridículo. Salvo yo. Que soy una ridícula. Y esto lo pienso de vuelta a Béjar, vía Pilar de Zaragoza. Compro agua. Vuelvo a casa. Me ducho. Hago una crema de calabaza. Me la como. Voy a la Tintorería Galaica (me gusta tratar con gallegos). Me encuentro con el fotógrafo Javier de Agustín. Departimos en la calle. Voy a la Óptica Garlens. Voy a la Filmoteca. Compro una entrada. Me tomó un café. Llega Héctor. El Embajador no llega. Ni los directores. ni la comisión, ni Hon-Cho. Ni nadie. Vemos la película. Pippermint Candy. A Héctor le gusta más que a mí. Cenamos en Artemisa. Riquísimo. Y una cerveza en el Café Moliere. Y llego a casa. Hablo con Aldo. Cuelgo. Miro el correo. Desconecto. Hablo con Aldo. Y llamo a Nicholas por teléfono. En Atenas son dos horas más pero él aún está despierto. Hablamos de muchas cosas pero sobre todo del futuro. Me desvelo. Me conecto. Os escribo. Me voy a la cama.

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Blogger-s highlights: «La Operación Retorno no es, nunca es, regresar a los metros cuadrados de temperatura óptima que nos cobijan todos los días laborables; es, sin duda, lo otro, regresar de cuando en cuando, sin espesores, sin ataduras, al lugar que me vio crecer.» En Carolink-s Fingers «El lunes me largo a Tailandia» En Una y no más Santo Tomás. «he decidido mandárselo a Caballero que es, claramente, el intelecto de la pareja, siendo Carmona claramente el sssssexxxxxxooooo de entre los dos (cuestion de tamaño, Caballero).» En Carmona y Caballero Punto Net. «Dos coches se incrustaron uno detrás del otro delante de la pizzería. (…) Yo conducía la moto bajo la lluvia y, para sobrellevarlo mejor, pensaba en mujeres desnudas». En Diario Agorafóbico. «Esto que estás leyendo (?) es un blog de cocina. Para aclarar posibles confusiones, he de añadir que es un blog de cocina vegetariana; ya que YO soy vegetariano». En Sopa de Ajos.