El domingo pasado transcurrió e hizo morir la semana como habitualmente en mi vida, charlando, comiendo, viendo cine en la televisión y/o quizá siesteando en casa de mi madre; con ella y con mi padrino. Sólo distinguií ese domingo de otros por los temas que tratamos. La actualidad nos polarizó a mi padrino y a mí: él piensa que Francia hace bien prohibiendo el velo -el hiyab– en los colegios públicos; yo creo que se equivoca. Mi madre, con su personal ideología –«yo soy anarquista», dice- no fue capaz de deshacer el empate, ya que a la par que declaraba que «cada cual puede vestir como quiera» le parecía inadmisible que en España se hagan excepciones con los uniformes de gimnasia de las niñas musulmanas. Pero hoy he leído lo siguiente: «La psiquiatra y escritora egipcia Nawal El Saadawi, perseguida por el fanatismo islámico, dice que el velo no es una imposición religiosa, sino política. Y muchas niñas musulmanas cantan y hacen ejercicio físico sin problemas. Entonces cabe preguntarse si estamos ante venerables tradiciones, o ante coletazos de un proselitismo fundamentalista alentado por jefes espirituales integristas que han asentado sus posaderas en las mezquitas españolas. Hace dos años, por ejemplo, el imam de Fuengirola (Málaga) publicó un libro sobre cómo pegar a las esposas sin dejarles marcas». Aunque más que el tema polémico, me interesó la conversación anterior sobre un tema histórico: la adquisicón de pornografía durante el Franquismo. Estábamos en la cocina y llegamos al tema por un afluente curioso: Como todos los domingos, compré El País en mi camino hacia el parking. Al llegar a Canillejas, vimos que alguien había arrancado la esquina donde colocan el cupón para comprar mós barato loqueseaquevendan (una Enciclopedia, en este caso). Como La Guindalera linda con el Barrio de Salamanca, zona de alta densidad de abrigo Loden y bigote, mi padrino aventuró que seguro había sido un comprador del ABC con intención de comprar el segundo tomo del diccionario. Yo dije que una vez quise comprar una película en DVD que vendían con el ABC y tuve que comprarme el panfleto, eso sí, lo escondí dentro de otra cosa. Mi madre aportó que veía a personas que escondían el Marca dentro de El País para no perder la reputación. En ese momento yo repliqué que el mejor ejemplo de eso es el porno pero en el quiosco de Francisco Silvela los pornófilos discretos cuentan con la complicidad del quiosquero, el cual te esconde la revista dentro de otra cosa que compres a la vez, y si son películas te las emte en una bolsa de plástico. Madre y padrino abren los ojos como platos. «Yo lo he visto», digo. Entonces ellos me explicaron cómo eran las cosas durante antes de la muerte de Franco. A Perpignan no se iba solo a mirar, cualquier quiosco vendóa pelóculas de Super 8 igual que ahora los DVDs y los españoles que pasaban la frontera solían traerse algún regalito. Aunque no era demasiado complicado comprar en España revistas y películas de contrabando, exactamente igual que el café, el chocolate o cualquier otro alimento racionado. Si algún amigo te dirigía al quiosquero correcto, no tenías más que nombrarle: «¿Seguro que no vende esta revista? Me ha dicho Fulanito que quizá ssi», a lo que el tendero respondía «vuelva dentro de un rato». Pero más fácil, aún, era que un amigo de un amigo de un Guardia Civil te suministrara. Alfredo tenía un compañero que surtía a toda la oficina, gratis, de género decomisado en la frontera. Ese Guardia Civil corrupto y afortunadamente amigo de la comunidad pornófaga era honesto y no hacía negocio pero sin duda debía haber decenas de ellos que hicieran negocio con el material incautado. Dejando atrás la historia, la noticia de estos dos últimos días ha sido la boutade de la S.G.A.E. (no por esperada menos burrada) de su intención por cobrarnos un canon por el disco duro. Y juraría que alguien hizo un chiste con esto el año pasado. También bromeábamos diciendo que nos cobrarían canon por el ADSL y creo ya que será lo siguiente. Las bromas de esta temporada decían que no podremos silbar por la calle sin que un agente nos quiera cobrar derechos de reproducción. Esto va a ocurrir el año que viene.
