Desde Soma?n (1)

Esta vez no he huido. He venido. Es m?s simple. O no, es igual de simple. No es dif?cil hacer huecos en el ajetreo del Ocio por eso esta ma?ana me he puesto al volante de mi cucaracha, saliendo de Madrid con una diferencia de quince minutos respecto al coche familiar. Conduciendo, he vuelto a escuchar las cuatro canciones que ya tengo del nuevo disco de Bark Psychosis, The Mendoza Lina, 101 Strings, Client, Disco Inferno y Entre R?os. He deseado que Soma?n estuviera mucho m?s lejos, mucho m?s al final de la Nacional II. En esta carretera, cada cual tiene su ?rea de descanso favorita. ?lena (el grupo) le dedic? a la suya una canci?n, en el kil?metro 103. Para Aldo (y en realidad forma parte de la mitoman?a com?n) es un cl?sico Raus?n, el sitio donde paran los autobuses de camino a Barcelona. Mi lugar es, desde hace no mucho, el Motel Sa?ca. Hoy me he detenido a repostar en la v?a de servicio que lleva al Motel-Cafeter?a-Restaurante donde trabaja El Quitapesares. Y he entrado s?lo para verle, sin ?xito. Ped? un Nest? y un camarero tambi?n extranjero me pregunto de nuevo, no s? si para asegurarse o para corregirme: ??N?sti?? Cog? el vaso y la botella y me lo llev? a una mesa. Al otro lado de la carretera atisb? el edificio gemelo. Escalofri?: ?y si le ha ocurrido al Quitapesares REAL lo mismo que a MI Quitapesares? Al entrar al ba?o se me ocurri? una cosa peor: ?Y si el Quitapesares REAL no lo hubiese sido? Ni rastro de mi salvador. As? que me acab? el N?sti r?pidamente, observ? los objetos y rincones de aquel saloncito que mi memoria hab?a convertido en cl?sicos y, con aire de mujer de mundo, saqu? el llavero de Jimawari del bolsillo trasero del pantal?n y empuj? la puerta de visagra hacia fuera (claro). Aqu? hago todo el esfuerzo f?sico que puedo, intento desentumecer mi cuerpo para hacerle valer, quiero convencerle de que tiene m?s posibilidades que las de transmitir ?rdenes desde el cerebro a los dedos. Por ejemplo: puedo llenar sacos y carretillas de hojarasca para, ma?ana por la ma?ana, llevarlos a la cuneta que nos sirve de vertedero biol?gico. Luego todo eso hace mantillo, dicen. Tambi?n ma?ana podar?, llenar? m?s sacos y lijar? y lacar? dos mesas que he comprado para mi casa (queridos invitados, ya no tendr?is que dejar los platos en el suelo). Conmigo han venido los objetos indispensables: ibook+discman+cajita portaced?s (aquella verde que nos regal? MTV)+libro+laropadeabrigoquem?sabrigaquetengo. Y es que en este borde de la meseta, en este hueco escarpado en el que huele a Arag?n, el fr?o no escuce en la cara: agarra las entra?as. Soria es fr?a. Es TAN fr?a. Y si me pregunt?is por el libro, es un regalo de Carolink, ?Cr?nicas Marcianas?. Antes de cenar he salido a la carretera y el cielo ha vuelto a impresionarme, hac?a meses que no ve?a estrellas al mirar hacia arriba. Dijo Alfredo: ??aquello es Marte, no?? Lo era. Brillante, gordo. Casi pasaba desapercibido al lado de la imponencia del resto, de las miles de estrellas. Sonar? cursi, pero no estoy acostumbrada. Se me cay? el cielo encima e, intentando no llorar, volv? dentro de la casa.