Quien, la semana que viene, busque una explicaci?n al retraso en la llegada a su librer?a de la revista TRAMA, lo encontrar? aqu?. Es la ventaja y a la par el desconfort de quitarse algo de ropa en estas p?ginas. Hoy es festivo y eso es algo que se siente al poner atenci?n a los ruidos que llegan del otro lado de la ventana. Y es que ahora mismo, al otro lado de esa ventana, hay una calle. (Para los que no me conozcan, o no me lean, el trasfondo de este comentario quiere dar a entender que estoy escribiendo desde un lugar que no es mi casa, un sitio distanciado de la COVECABE por nueve minutos en coche y 40 en la l?nea Circular de autob?s). Ya no es s?lo que la calle est? silenciosa -un perro ladra obsesivo, una pala recoge arena sobre la acera, un cl?xon, la puerta de un coche que se cierra, botellas de vidrio rompi?ndose en el interior del contenedor- es m?s bien el tipo de ruidos y la ausencia de voces. Como si todas esas personas que hoy pasean a sus perros, tiran al fin los frascos vacios acumulados en la cocina y sacan el coche del garaje quiz?s para ir a limpiarlo a un decampado, decidieron hacerlo con la sonrisa tranquila del que hoy no recuerda sus responsabilidades y, por tanto, sin necesidad de hablar sobre ellas. Ha sido un placer trabajar en el Experimentaclub (lo digo porque Pak » Pi?, esto es, Pako Superelvis Corbella aka Anki Toner y Javier Pi?ango han confesado que en sus momentos de bizarro delirio y cansancio vac?o de trabajo, durante la semana pasada, se dejaron caer por aqu?, por lo cual intuyo que repetir?n, as? que: ?hola!) y sentirte dentro de un festival con dimensiones manejables. (Quiz?s deber?a hablar de este festival sin compararlo con nada pero ya no es posible: el FIB ha marcado como nunca podr?a haberlo imaginado toda una d?cada de mi vida y en vidas como ?stas, en vidas como la m?a, no hay distinci?n entre lo laboral y lo personal). As? que, para manejar mejor este festival y optimizar sus ratos libres con el cierre de TRAMA 40, me traslad? con los indispensable a este hogar-refugio que es la redacci?n de cierre del TRAMA en Lavapi?s, en una calle con nombre de m?dico que hoy suena rara al otro lado de la ventana porque es 12 de octubre. En el Experimentalcub he visto a los artistas ponerse la armadura cuando les dejaba en la sala de prensa para hacer una entrevista y quit?rsela de nuevo cuando volv?an a mis manos. Yo no era un riesgo, saben que, como miembro de la organizaci?n, el secreto profesional les ampara y de pronto son personas con las que hablas en ingl?s sobre tareas cotidianas, con las que compartes un momento, unas horas, un hecho que se repite una y otra vez (la contrataci?n por un evento musical) pero que las personas que lo realizan lo hacen pareer siempre algo diferente. En el FIB, el cart?n que cuelga de mi cuello me acredita con una O y, en cambio, siempre he sentido que la mayor?a de artistas, al saber que dirijo el peri?dico, me consideran m?s una periodista que un miembro de la Organizaci?n. Y por tanto miden sus palabras, no son confidentes conmigo. Por el contrario, mi trabajo en el Experimentaclub equivale al que en el FIB realiza Joan y, quiz?s hay un matiz, pero ellos sienten que est?s de tu lado. Esto lo sent? especialmente con Chris Clark, con Jochem de Faust y con los Kreidler, mis tres mejores relaciones de entre los grupos que Ajo y Javier trajeron al festival. Cada ma?ana, tras una noche gastando las ?ltimas energ?as frente al ordenador editando textos, cerraba la agenda de entrevistas, contactando con los grupos, con Harmony, encargada de la atenci?n a artistas a pie de obra, con David, acompa?ante, con Jorge ?lvarez, director de la producci?n, con Sabine, jefa de atenci?n a artistas, con los medios que hab?an solicitado las citas, con David de La Casa Encendida o con quien fuera necesario para hacer encajar el puzzle de acreditados, teles que graban y periodistas que quieren saber. Y esas bajadas al catering y camerinos, para encontrar siempre a Jorge Camarlengo al otro lado de la mesa pele?ndose con un sacacorchos y siempre con un gesto divertido, Guillermo Casta?o apoyando moralmente con un golpe de abanico (?que vuelva a escribir!) y una sonrisa enorme y siempre un comentario sagaz en los labios poniendo a cada uno en su sitio y a la vez demont?ndolo todo; que buena medicina para los momentos del creerse). Y Anki Toner, ubicuo, por all? siempre dispuesto a ayudar, echando una mano aqu? y all?, sacando tiempo nos ? de donde para pararse a hablar con tranquilidad en las escaleras o (intentar) conducir a Buce de Tuxedomoon por el camino recto. Por las ma?anas, en la ducha, rogaba que el agua caliente se llevase el cansancio y relajase la espalda. Abr?a el bote de gel de avena y me enjabonaba, reconociendo y asociando ese olor a esta casa, sintiendo que no es la m?a -yo uso Eubos, producto griego para pieles at?picas- pero dot?ndola de un tiempo y un espacio en mi vida que ya tiene, linkado a los cierres de TRAMA, fuertemente amarrado al olor del gel de ducha de avena marca Champion que uso en esta casa. Hace tres d?as la somnolencia me hizo equivocar el recipiente y abr? la tapa de Lactovit, puse un poco en mi mano, y lo extend? por los hombros. Lleg? el olor y su poder de evocaci?n brutal me coloc? en otro cuarto de ba?o que no era el m?o, uno que ahora ya no existe, con mampara de cristal y un Batman con dos cepillos de dientes. No hab?a vuelto a usar el gel de esa casa desde entonces y he de confesar que me mare?, que todo se enturbi? un poco, que necesit? diez minutos extra y una noche en mi cama para devolverme a la realidad y poner las cosas (los olores, los recuerdos) en su sitio.
El gel de ducha de otras casas
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