Los periodismos no valiosos

Este parece un mes de dispersi?n. Amigos y conocidos van y vienen. Acuden a festivales, hacen festivales. Gij?n, Sitges, Getxo o Madrid son destinos de ida y vuelta que justifican el ocio con esa ti?a laboral que nosotros, los que vivimos del picoteo, justificamos tan pomposamente. Pocas cosas me han gustado m?s que el poder airear el «me mandan a«. Ese sentido del deber, descendiente directo de los recados obligatorios a los que nuestras madres nos someten durante a?os de infancia y juventud, reaparece de nuevo en nuestras vidas cuando una revista te env?a a cubrir un festival. Seg?n la categor?a propia y la del medio, este mandado puede incluir no s?lo la acreditaci?n (el primer y ostentoso premio del reportero cultural) sino tambi?n el hotel y, si hay dinero p?blico de por medio, el viaje y las dietas. Cuando una revista te manda a cubrir tal cosa con todas esas facilidades, la sensaci?n se parece bastante a la de bajar a la calle sujetando fuertemente dentro del pu?o de la mano derecha el billete de cien pesetas para recoger un encargo en la tienda del Se?or Ricardo: desciendes las escaleras, cruzas dos calles, preguntas qui?n es la ?ltima, arroncas la voz para parecer m?s mayor y con seriedad, como si llevaras haciendo esto toda la vida, reclamas unos huesos de jam?n que tu madre dej? all? para cortar. Esa sensaci?n de que, a pesar de estar en la calle, est?s donde tienes que estar (porque andas realizando un mandado) no se repite muchas veces en la vida. Por desgracia, si te preocupa demasiado que alguien pudiera dudar sobre si t? fuiste o no la elecci?n adecuada para esta misi?n, la magia se rompe y ya no disfrutas de la apacible comidad de estar en el lugar en el que te han mandado estar. Hay otro tipo de postura pat?tica, que es la que mayoritariamente me ha tocado vivir. Me refiero al periodismo aparente de econom?a. Sucede cuando tu revista te manda, s?, pero te manda como quien manda un paquete a Estados Unidos por barco: lo importante es llegar, no importa c?mo. Y all? vas t?, que eres joven, o quiz?s ya no tanto, compr?ndote el billete de autob?s, buscando el hostal m?s barato de la ciudad, comiendo bocadillos, y viendo todos los pases o todos los conciertos gracias a tu acreditaci?n de prensa, haciendo entrevistas, trabajando a destajo, pues, durante cinco o m?s d?as. Escribiendo sin parar durante otros tantos, para una revista que, por supuesto, no paga las colaboraciones. Pero claro, hacer todo esto te conviene. Y hay una opci?n todav?a m?s triste, la de la persona que se paga el avi?n, alojamiento y comidas en el mismo vuelo, hotel y restaurante que los acreditados de verdad. Finje que su periodismo es tan valioso como el de los otros, que no hay diferencia en qui?n pague si est?s ah? para lo mismo. Yo antes pensaba que no hab?a diferencia. Y ahora s? que qui?n pague lo cambia todo. N?tese que antes pensaba y ahora conozco. Igual sigo pensando lo mismo pero sinceramente, no lo s?.