Ahora no puedo escribir, me voy rápido a la radio, que El Último Baile es de 19 a 20 h. y podéis escucharlo aquí. Pero antes, un anticipo de lo que ocurrió ayer: la cabeza de Nacho Vigalondo.
21:00 Ya he vuelto de la radio. Para quien se lo haya perdido y quiera escucharlo, hay repetición a las doce de la noche y mañana a las nueve de la mañana. He ido y he vuelto rapidísimo, en metro, y al salir a la calle Hermanos García Noblejas pensé que el viento me rajaba en miles de ligeros palillos. Brrrrrrr. La foto anterior sumada a las expectativas de ayer y al título de este post (una línea que cantó el otro día Psicosis Gonsales) no quieren decir «quiero la cabeza de Nacho Vigalondo», ya sé que él no tiene la culpa de que las cosas no salgan perfectas hasta el final.
«¡Discriminación positiva!» que gritaba Borja Crespo ayer tras enterarnos de que el Oscar al mejor corto de ficción fue para la directora Andrea Arnold (
Wasp). Como comenté ayer, Manuel, Magui y yo fuimos a ver la gala al karaoke de Mostenses, al cual mandó un saludo Vigalondo desde la alfombra roja. Imaginad la explosión que hubo allí en ese momento. Desde las doce y media hasta las dos el tiempo pasó rápido gracias al ambiente de tensión enstusiasta infantil en el que todos habíamos caído…

Las canciones que algunos se animaban a cantar en el karaoke…

Y las fotos que nos hacíamos para matar el rato…

Ricardo Mena también estuvo por allí y
algo cuenta en su weblog. Mirando hacia atrás, creo que los mejores momentos de la noche fueron, la canción
Funky Town de Lips Inc. en el karaoke (o como yo la cantaba de pequeña:
«panketaaaaa…..») (Actualización 1/03/05, 15:13
foto cortesía Javi Weas). Y el momento de Nacho en la alfombra roja. Atención a esta
breve nota sobre ese momento en esa web llamada Santander Ciudad Viva:
El director de Cabezón de la Sal se mostraba, momentos antes de la gala, tremendamente nervioso. Pisando la famosa alfombra roja Vigalondo declaraba a su llegada «estoy de un subidón impresionante. Esto es la mejor droga legal que existe, estar aquí ahora»
mientras se preocupaba por su pajarita a la que no estaba acostumbrado. Después, en la entrega, la tensión y la magia que se escapa ya fue, digamos, más… real.

¿Habrá dejado nuestro héroes ya
su habitación en el Ramada Inn? Ya verá, ya, cuando tenga que dejar atrás
sus chancletas y se encuentre con este Madrid ártico en el que tenemos que llevar dos pares de calcetines para que no se gangrenen los pies.

Ayer, en Francisco Silvela. Sigamos con otros momentos de la gala. Dejando a un lado el hecho poco interesante de que ha ganado un Oscar un dramón español que no he querido ni ir a ver. La yankilada más detestable de la noche fue el discurso del presidente de la Academia, mandando sus recuerdos a los soldados americanos dispersos por el mundo. Gran abucheo en el karaoke. Pero el mejor recogiendo al señor dorado desnudo fue Jorge Drexler, que cantó lo que no le dejaron. Grandísimo. Viva Uruguay. Prince estuvo de lo más estúpido, por cierto.

También me reí mucho con Edna Mode, quizá la mejor presentadora de todas. Después salió Peggy y, para el siguiente Oscar, pensé que iban a llamar a los Lunnis.

Qué guapas:

¿Y qué me dicen de esa maravillosa señora de verde que hay detrás de Scarlett Johansson?