Estaba mañana escuchaba en la SER un largo obituario con piezas rescatadas de archivos, entrevistas y canciones a Joaquín Luqui. Es lo único, además de cuñas publicitarias, de lo que han hablado, durante más de media hora, antes de meterme en la ducha esta mañana. Por eso no es de extrañar, teniendo en cuenta que no viera telediarios este fin de semana de encierro en el CAMPO, que me pillara tan por sopresa la llamada de Aldo contándome que Fernando Jiménez del Oso se había ido. Ya tenía el post de esta mañana pensado pero me lo voy a reservar para más tarde. Jiménez del Oso estaba en el hospital que hay enfrente de mi casa.. Yo no lo sabía, pero sí sé que se fue sonriendo y seguramente con brillo en los ojos para averiguar por fin, por si mismo y sin especulaciones, qué hay más allá. Su última editorial publicada el 2 de marzo en su web se titula Y digo yo. Me encanta esa expresión, que a pesar de estar regida por una primera persona tiene algo de humilde, de duda final, de ¿y si entendemos esto de otra manera? Esto es lo que me gusta de las personas que se apasionan por la paraciencia, que crean la duda y te hacen más libre, tanto para soñar como para equivocarte. En último término, y digo yo, me da igual si no se demuestra la existencia de la vida extraterrestre o de la vida más allá de la muerte. No me importa porque fue la duda y la investigación lo que lo hizo emocionante.
