La primera entrevista que hice en mi vida fue a Joaquín Luqui. Yo estaba en el instituto y preparaba mi primer fanzine, Bertedero. Mucha gente sabía que había un día de la semana en que Luqui recibía los fans (sus fans, y fans, por extensión) en un saloncito en la entrada de los estudios de 40 Principales de la SER, en la Gran Vía. Gemma, que igual lee esto, lo puede corraborar pues fuimos juntas. Creo que más de una vez. Durante todos los años anteriores y desde que descubrí la música yo estaba enganchada a los 40. Desde que mi padrino me regaló mi primer radiocassette la escuchaba constantemente, mientras estudiaba, y en lugar de aprenderme las capitales como es debido, memorizaba qué canciones formaban la lista esa semana. Al menos las cinco primeras. También grababa canciones, conciertos y programas. Aún tengo en una cinta El Gran Musical de despedida de José Antonio Abellán. También compraba la revista, que la descubrí tarde (pero unos cuantos años antes de su reconversión a EGM). Tenía un libro con la historia de la cadena y me sabía los nombres de casi todos los locutores. Todo esto sucedió en un tiempo anterior a descubrir Radio 3 y darme cuenta de la censura económico-informativa a la que me habían sometido durante años. Creo haberlo escrito aquí alguna vez: yo pensaba que no existía más música de la que radiaba Los 40, porque así te lo hacen creer. Iba de vez en cuando a ver a Luqui. Él se interesaba mucho por las opiniones de toda esta jauría de fans que acudían a las puertas de la emisora para ver a New Kids On The Block entrando en el edificio. Recuerdo que nos preguntaba mucho cuáles eran nuestros grupos favoritos y porqué. Imagino que le servía como baremo para saber si serían 3, 2 ó 1. A partir de la entrevista se acordaba de mí y hablamos alguna vez, también me saluda con un hola por la calle si nos cruzábamos, lo cual me parecía impresionante en alguien como él. Una vez, en una Gran Vía soleada y veraniega hablamos de REM y quise hacerme la guays diciéndole que no me gustaban mucho porque estaban demasiado politizados. En realidad yo no tenía ningún disco de REM ni sabía si me gustaban o no (aún no lo sé, o me gustan a medias) pero sí sabía que había un mensaje político detrás, y lo solté de esa manera brusca para llamar la atención. Una tontería más en mi larga lista de idioteces de adolescencia. El día de la entrevista le hice unas cuantas fotos. Llevaba una camisa azul vaquera bastante desabrochada, dejando ver las cruces y amuletos que llevaba al cuello. Habló de si mismo como una persona espiritual e intuitiva y cómo aplicaba aquello a la música. Olía mucho a sudor y aquello me mareaba un poco, a la par que me fascinaba. Cuando acabé la entrevista me cogió del hombro, se acercó y me hizo un presagio, mirándome a los ojos. El presagio se cumplió, unos años después. Últimamente, cuando le veía, ya sin saludo, quería pararle y decírselo: tenías razón, ha pasado esto. Pero nunca lo hice. Siempre le he estado muy agradecida por aquello, fue un regalo enorme al que me aferré durante mucho tiempo. Una expectativa brillante del futuro. Todos mis mitos de iniciación a la música fueron cayendo, Luqui incluido, cuando me di cuenta del inmenso mundo que había más allá, cuando supe lo que era una payola, un disco rojo, una frase vacía, un locutor sin cultura musical. Es fácil apostar por los Beatles, lo difícil era hacerlo por Sonic Youth. Por otro lado, hasta los 80 la música comercial no está mal, pero a partir de los 90 es ya basura y cualquier defensor de ella no es más que un comerciante, un eslabón en la cadena.
No sé si lo sabíamos
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