A mis espaldas Juan Antonio, Salva y Bárbara rematan la maquetación de las últimas páginas del último Fiber del último Festival vivido. Cristina, codo con codo, les marca. Sostiene el rotulador fluorescente sin tapa, con ganas de tachar algo más en el planillo. Sonlas ocho y cuarto y dentro de cuarenta y cinco minutos llegarán los informáticos para desmontar los ocho pcs que hemos aporreado. Ha habido bajas: una máquina que no se conectaba a la red y un teclado que decidió hoy no decir ni una letra más.

