Chiquitita como soy

Abre la puerta del camerino como si fuera una niña loca de contenta al descubrir una fiesta sorpresa de cumpleaños que no tiene nada de sorpresa, y cierra los ojos. Y los abre. Y los cierra. Parpadea varias veces entre risas mientras suena la música. Por dos veces he ido a ver a Edda Díaz en sus asaltos -o más bien brincos- a los escenarios madrileños, que en total han sido cuatro más un curso de teatro que está dando a un pequeño grupo de privilegiados. Pero no os creais que las demás nos quedamos sin lecciones. Que charlar un rato delante de una pizza en la noche fresca del 2 de mayo, en Malasaña, tiene mucho de aprender a parpadear y a reirse también. Tendría que haber escrito esto antes y así, los que se murieran de la envidia por no haber estado en Clamores habrían venido al Lolita el pasado miércoles. Pero estos días de perros que gruñen y ladran no me dejan tiempo ni ganas para pararme por aquí.