Distintas maneras de volcarse

No me vuelco mucho aquí. Lo cual no quiere decir que no me ande derramando por otros sitios. Estoy sumergida en una de esas crisis en las que no te das cuenta de si estás hasta el cuello o hace rato que abandonaste el lodazal pero aún así dejas un rastro, de barro y pisadas, que te delata. El otro día le contaba a La Jueza cómo había sido, en términos laborales, mi verano. Lo cual de entrada ya nos estamos poniendo chungos porque se supone que el verano es para tener vacaciones y no para trabajar. No es mi caso. No desde hace unos años… Pero ya no más para los siguientes. Mi caso es este que paso a exponer: la víctima es una hembra de ascendencia gallega nacida en Madrid, de estatura no muy alta y edad 30 años recién cumplidos. Se habia liberado del peso del oficinismo desde diciembre de 2003, trabajando desde casa para unos y otros, sin fines de semana ni vacaciones pero sin la obligación de horarios y con el desorden propio de quien es su propio jefe («es martes y me lo tomo libre, ¿qué pasa?»). Un año y medio en el que no estudió inglés, no hizo un curso de dicción, no se apuntó a la escuela de escritura creativa, no se fue a vivir a otro país ni escribió una novela. No obstante hemos de decir que durante ese tiempo pudo vivir con el dinero justo, intentó salvar una revista y entrevistó a Harvey Pekar (sospechoso). Harta de capitanear tan sola su nave Firefly, en el Saló del Còmic (escenario) de julio (durante el cual los lectores dijeron que la revista que más les gustaba era la que nuestra víctima había intentado salvar, y que tuvo que dejar morir) ese celestino del contuvernio que es Jesús Moreno (sospechoso) le señaló un camino de baldosas amarillas de diseño italiano fabricadas a las afueras de Castellón.
No, no cabreo. (Vale, a veces).
Ese camino la llevó a un trabajo en una redacción (a kind of) en la revista sobre diseño («cultura del proyecto») Experimenta. Allí ganaba lo mismo que en su anterior trabajo asalariado pero con muchísima menos responsabilidad. De pronto y a pesar del estrés pre-FIB (escenario), la vida se planteaba tranquila y reluciente. Por fin, ¡alguien le mandaba! Ya no tenía que sufrir por no saber con qué rellenar una página. Sencillamente se sentaba delante del iMac y esperaba a que le dieran temas guardados dentro de unas bolsitas de plástico. Y a escribir. Como máxima preocupación, dos: que no se notara no sabía de qué estaba escribiendo y no pasarse de caracteres, que luego cortar en maqueta es un rollo. Era agosto, el FIB había dejado sus secuelas pero queda atrás. La última semana de agosto y la primera de septiembre fueron días idílicos. Escribiendo sobre lámparas en una oficina en servicios mínimos. Bye bye al estrés. Intento recuperar mi ánimo poco a poco, que está realmente echo una mierda, y la oficina de Experimenta es el perfecto refugio. En eso la víctima recibe una llamada: ¿te vienes a trabajar a MTV? Tan sólo dos breves anécdotas para que el jurado pueda valorar la magnitud de la pregunta: siendo ella más pequeña se conseguía unos VHS con programas grabados de 120 Minutos, presentado por Paul King y emitido en MTV, mucho antes de que existiera MTV España. Miraba la televisión y señalaba: ¡yo quiero trabajar ahí algún día! Y, segunda, su hermano, durante años, le hacía constantes bromas al teléfono diciendo «somos de la MTV, ¿quiere venir a trabajar con nosotros?».
Hasta el lunes!
Y ahí esta neustra víctima/acusada. Con el doble de estrés que antes, con el doble de responsabilidad. Muerta de nervios. Muerta de ganas. Dentro de una empresa (oficinista de nuevo), dentro de una multinacional (esto va en serio), dentro de un horario (se acabaron los arrebatos) pero, esta vez sí lleva tripulación en su Firefly.