Parálisis

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Tiene que ver con el éxtasis y con el arrebato pero en su oposición negativa. Al igual que éstos, ese tipo de parálisis es difícil de explicar, definir, mucho menos analizar. El otro día alguien me dijo que la elocuencia que me falta en persona la despliego en el weblog. Y es cierto que no soy una de esas personas que disfrutan escuchándose a sí mismas en una conversación. A mí me gusta observar, hacer preguntas, dar respuestas y conversar, a ser posible con concisión, agilidad y brillantez, con ironía, humor y sorna, con hábito de curiosidad y capacidad de sorpresa. En cambio, sí soy de esas que disfrutan leyéndose a sí mismas. Supongo que es así porque me da la oportunidad de pasar sobre las cosas dos veces. Si tan sólo tuviera la oportunidad, con mayor frecuencia, de pensar dos veces antes de hablar, quizás mi skill de elocuencia crecería. Mi silencio influye también en la caracterización de la parálisis, ahondándola, sumiéndola en un vacío denso donde falta comunicación. Eso que enquista el arrebato y lo convierte en parálisis es otra de las aristas de esto que no sabemos cómo describir. Bajo definición de Zulueta, comulgo con ese estado extático que yo quisiera transformar en apocalipsis pero perversamente pasa de ese estado al estático. El vocabulario que vengo usando en las últimas semanas se conjuga con el verbo enquistar, que es muy visual, pero no nos arroja información sobre la composición de las células malignas y los motivos por las que éstas se tornan y mutan. Cuanta mayor es la expectación por el éxtasis, más inmensa es la catástrofe. Me pregunto si un análisis patológico ayudaría a determinar las causas y, por tanto, saber qué hemos de inyectar para combatirlo. Y también es síntoma, pero no causa, algo que dijo él el otro día refiriéndose a otra cosa (que en realidad no es TAN otra cosa, probablemente es la misma cosa): no tienes huevos, dijo. Así, vulgar y bruto pero acertado y lacerante como una flecha de plata que acierta de lleno en un órgano vital. En otros tiempos esto se curaba con sexo poco amable, cinco rayas y un corte de pelo. La poca efectividad de este tratamiento en el largo plazo nos demuestra que la cura sólo ocultó el síntoma. Podríamos seguir tirando (de momento el lunes tengo al fin cita en Juan Por Dios) pero, yo qué sé, ahora yo ya quiero que todo sea de verdad. Real.