«La verdad est? ah? dentro», intenta convencerme Aldo diariamente. En cambio, yo me siento un poco v?ctima del derrumbamiento de un edificio (*), pretendiendo tirar lejos de m? los escombros que me han ca?do alrededor y me aprisionan. Alimento la idea, pedrusco a pedrusco, de que aquello me liberar?, que me duele la cabeza por culpa de los golpetazos, sin recordar que ya me dol?a desde antes. Me recomienda mi hermano que deje de quejarme. El M?dico M?gico me pide que me loquee un poco. El Sanador (este es nuevo) me pincha en las orejas y me cuenta que tengo esto de la energ?a fatal, que estoy muy desequilibrada. Me coloca unas cositas por el cuerpo y me dice «vas a estar mejor». Ya. Seguro. Mentira. Que no me lo creo. A ver, me lo quiero creer pero es que no funciona. Aunque toda la magia del mundo quiera ayudarme a sentirme mejor, no funciona. Debe haber algo dentro que es lo que lo cambia. Pero es que no s? lo que es. A veces estoy muy bien, pero al minuto siguiente puedo estar fatal. En fin, que deber?a dejar de quejarme 🙁 haciendo caso a Sigfredo Cabrera, analizador de comportamientos familiares y experto en hidr?ulica. En fin, me largo al concierto de Manta Ray. Desde luego no es un buen remedio. (*) todo el mundo deber?a leer el ?lbum de Will Eisner «The Building».
Desedificar.
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