Jacotrans

Ayer me acerqu? a la guarder?a Bab?n para recoger a Arancha, que no hab?a dormido siesta y estaba rara: con arranques de euforia seguidos de trances de coma empanado. Me recibi? con dos cartas de la baraja de El Libro de la Selva y yo a ella con pegatinas y calcamon?as de Shinchan. En el trayecto me atasqu? en la carretera que lleva a Alcal? de Henares detr?s de un tremendo cami?n que llevaba pintada una virgen en pan de oro y, bajo la explicaci?n «Transportes Nacionales e Internacionales», la denominaci?n de origen: C?rdoba y el nombre de la compa??a: JACOTRANS. Grande, ?verdad? En estos d?as extra?os, en los que se muere el se?or que nos ense?? a escribir (L?zaro Carreter) y la se?ora a quien le? por primera vez el 4 de febrero de 1995: «Por dificultades en el ?ltimo momento para adquirir billetes, llegu? a Barcelona a medianoche, en un tren distinto del que hab?a anunciado, y no me esperaba nadie» (Carmen Laforet); d?as en los que enfrento la lentitud de los procesos contra la rapidez del tiempo (?ser? porque todav?a no he le?do «El descubrimiento de la lentitud»?, regalo de Ferran, recomendaci?n de Bel?n Gopegui); d?as en los que calculo a menudo qu? hora es si son tres hacia atr?s y si son dos hacia adelante; d?as de pol?ngano y d?as de chandal; no consigo desperezarme y avanzar: arrancar.