El mundo en pausa

Durante el día de hoy he pasado 7 minutos en la calle y 15 horas 10 minutos dentro de casa, sin contar el tiempo que he dormido antes de levantarme. He usado esos siete minutos para dos cosas: a) cruzar Francisco Silvela, entrar a Caja Madrid y pagar el Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica en el último día de plazo. b) darme cuenta de que es verano fuera de este segundo interior derecha. El Fiber ha cogido el resto de mi vida como rehén y no piensa soltarla hasta que no cruce con el rotulador rojo todas las páginas del infinito lanzado de 100 cuadraditos. Paso las horas en esta esquina de la casa, frente al Ibook, junto a la ventana del patio interiorísimo (el otro, más cercano a la calle, es sencillamente interior). A las 14:37 escucho la voz de una vecina cubana que grita, quizá a su madre, un poco sorda, «¡uy! ¡Ya hay sol en la ventana! ¡Qué maravilla! ¡Quéééé maravilla!». Ellas viven una o dos alturas por encima de mí (no lo sé, sólo las escucho, nunca las veo) y tienen suerte: en un complejo cálculo de inclinación solar con respecto a la Tierra en las estaciones de primavera y verano, el arquitecto quiso ser clemente con los pisos tercero, cuarto y quinto, permitiendo que algunos rayos de sol caigan con la inclinación adecuada como para colarse en el estrecho patio. Dentro, yo descubro el verano por otros indicadores: los Insectos. Son de cuatro tipos: Moscardones en el estudio, Hormigas en el pasillo, Bólidos en el cuarto de baño y Vecinas en el patio. … Trabajo a destajo como una gallina ponedora en una granja industrial. Sin descanso. Me pregunto qué ha ocurrido para llegar a este punto. ¿En qué momento empecé a incumplir los plazos? Es cierto que me gusta dirigir revistas pero, me pregunta Aldo: «¿si tanto te gusta, cómo puedes pasarlo tan mal? No puede ser que te castigues tanto». Después de escuchar estas palabras por teléfono me levanto de la silla y me acerco al cuarto de baño. Me miro al espejo. Estoy horrible. Tengo ojeras, granos, manchas en la cara y el pelo rebelde. ¡En serio! Para colmo: los cristales de las gafas están llenos de huellas y grasilla. Esto es verdaderamente triste. Me quito las gafas y las lavo con jabón. Cuando vuelven sobre la nariz veo tan bien que parece que me hubiese operado y, para mi desesperación, ¡veo mi rostro con total nitidez y… está mucho peor de lo que me pareció en un principio! Abro el armarito del baño. Necesito algún tipo de solución cosmética si no quiero que el próximo armarito que abra sea el del mueble-bar. ¡Ajá! ¡Ahí estás!: Beauté Nature. Vitamin-enriched Moisture. Hydra mask. Rapid radiance. Hidra mascarilla. Luminosidad inmediata. Oh, sí, por dios, luminosidad inmediata a mí al grito de ¡ya! Leo: el placer de un rápido tratamiento refrescante e hidratante que permite recobrar en 3 minutos una piel suave, lisa, con la luminosidad de la piel sana. ¡Un paraíso en 3 minutos! ¡Ni las pajas a las puertas (traseras) de los Institutos consiguen tanto placer en tan poco tiempo! … Lo que no dice el botecito es que la misma radiance que en 3 minutos llega, en 3 minutos se va. (En cambio, los recuerdos de Instituto duran toda la vida). Una serie rápida de agradecimientos en un día de crisis como el de hoy: El agorafobo y la egoista me permitieron hacer esta mañana un reboot mental durante diez minutos que me ha sentado mucho mejor de lo que podía darme cuenta. Escribís muy bien y, la gente que escribe bien, me pone. Checht vino 15 minutos a Béjar 7 a traerme la mirienda (¡batido de chocolate y ensaimada!) Tengo ángeles de la guarda online, que son: Carlos Revillo, Manuel Bartual y Vidal Romero. Todo el día al otro lado del cable y siempre dispuestos a echar una mano. Y quizá haya sido más de una. Cada uno ya sabe lo que ha hecho; no sé si os demuestro lo agradecida que estoy. TTT llamó por teléfono en un momento clave. Puentecito. ¡Tantas cosas quisiera hacer y no puedo! Y al Cabeza de Otro Cuerpo. Que ha sabido estar no estando. Mi amor.