Estos días son como un balancín, tan pronto arriba como abajo y el momento de la subida con cierto impulso por el rebote. El descenso, por la gravedad, también es fulminante. Mañana jueves comienza la gira de Lali Puna aunque en muchos de sus aspectos se ha iniciado ya. Hemos apretado mucho en las últimas semanas y puede haber algunas recompensas. El sold out de Madrid es emocionante. Ahora estamos a la espera de que nada falle durante la gira de ocho días y que los conciertos sean bonitos. Espero comentarios de la gente que vaya a alguno de los seis conciertos + el festival South Pop. En el capítulo de subidones, el lunes se estrenó Nada que perder, el primer programa de televisión en el que colaboro y que no se queda en un piloto (Underground Clips) o en un papel sobre la mesa de una oficina de Canal Satélite. Llevo años gimoteando con el «quiero trabajar en televisión, quiero trabajar en televisión, quiero trabajar en televisión» y ahora que viene este señor gafapasta con cara de avisiblado avispado (Trashi para los amigos, enlace directo a su post sobre el tema aquí) a ofrecérmelo en bandeja, a mí me dan ataques de pánico. Pero vamos, que no se entere nadie, ya que me estoy haciendo la dura. He podido ver un par de programas y me han gustado las colaboraciones de Sandra Uve, de Mauro Entrialgo y los monólogos del presentador, Ricardo Castella. Un actor (y también guionista) sacado de la cantera de nuevos cómicos que tanto explota Paramount Comedy (la cadena que produce el programa) que hace cosas raras con la boca, provoca el cariño sádico de las chicas (es decir, te da placer meterte con él porque te despierta ternura) y me provoca ataques de risitas cuando preparamos mi intervención. Aunque me ponga muy nerviosa, pienso en el consejo de Trashi y Ricardo: el presentador lo estará pasando peor que nadie.
