Música y tecnología

Ayer tarde Aldo y yo debatimos largo sobre el futuro inmediato de la industria musical y sus soportes, mientras intentábamos disfrutar con poco éxito de la laxitud post concierto madrileño de Lali Puna. Como sabéis las entradas llevaban días agotadas y tuvimos que recortar la lista de prensa e invitados porque estábamos superando el aforo permitido en la sala El Sol. Agotadas también las localidades en Valencia, Salamanca, Sevilla (festival South Pop) y en Barcelona casi casi, podemos decir ya que esta gira está demostrando que a la gente le sigue gustando la música. No os penséis que este último juicio es una obviedad porque es algo que llevamos cuestionando mucho tiempo. Uno de los motivos que se dejaron caer sobre la mesa del debate de la crisis de la industria (metafóricamente hablando, no ha habido otro en la tele, aún [vía Escolar]) fue el desinterés de los más jóvenes ante la música como consumo, siendo sustituido por los videojuegos principalmente. No niego que esto sea real, estoy segura de que es así pero no creo que tenga importancia. No es un motivo importante. No queremos (me incluyo en una primera persona plural, la gente, en general) pagar 15 euros (y mucho menos 22) por un disco que ocupa espacio, pesa y es de plástico, porque además sabemos quién se queda ese dinero. Nos importa un bledo que cierre Del Sur o Madrid Rock porque la música la vamos a seguir consiguiendo. Pero mas de 3.000 personas en España están más dispuestas que nunca a salir de casa por la noche y pagar 18 euros o 22 en taquilla por ver al grupo alemán emblema de Morr Music. No os podéis imaginar lo que sentí al ver, desde arriba, al público de ese concierto al que no le importaba nada estar estrujado viendo un concierto impresionante. Y no miento, no tengo que hacer ninguna promoción, lo del sábado por la noche en El Sol es uno de los mejores conciertos que he visto en mi vida. lamenté no haber podido estar abajo, en primera fila. Estaban felices. Adoraban lo que estaban viendo. Y fuera, en la puerta, había personas pidiendo por favor que se les vendiera una entrada para verlo, para ser parte de aquello. La música en directo funciona increíblemente bien. Y es así gracias a que ya no tenemos que pagar por escuchar la música que nos gusta. Lali Puna están esta semana viajando por España, cobrando un buen caché, alojandose en buenos hoteles y disfrutando. Y nosotros vibramos con las canciones que ellos han hecho. En eso consiste la música. Que le jodan a los CDs y a la industria musical que los sustenta.

Ayer, esa grande que es Patricia Fernández de Lis (me leo todo lo que escribe) hizo un reportaje para El País Negocios sobre Apple y su iPod. Dos artículos que venían apoyados por un texto de dos analistas alemanes titulado La industria musical, rumbo al futuro por caminos sinuosos. Copio: «La industria musical reacciona sólo muy tardiamente a esta amenaza de su modelo de negocio. Los grandes sellos discográficos internacionales cuentan hoy con canales de distribución en Internet para vener sus productos mediante descarga. La cuota de mercado de eseta vía de distribución sigue siendo baja, inferior al 10%, pero su crecimiento es vertiginoso. Todavía no esta claro si se impondrá la venta de piezas musicales por unidad o mediante una suscripción que mermite el acceso a discotecas». Bueno, no hace falta ser analista de Deutsche Bank Research para decir esto, que es lo mismo que yo le profetizaba a Aldo antes de leer el periódico. Mi opinión es que las multis se unirán (¡más!) o no para crear tiendas en Internet que compitan con iTunes. Le dije, incluso, que imagino que intentarán incentivar la venta regalando entradas para conciertos, merchandising o cualquier otro aliciente no duplicable. ¿Qué hacen -qué hacemos?- las discográficas para intentar frenar esto? Prosiguen Jan Hofmann y Jürgen Schaff: «se ofrecen caros CD acompañados de lujosos librillos, bandas adicionales de regalo, etc.». Sin tener nada claro a qué se refire con bandas adicionales de regalo, puedo decir que el último disco de Autoreverse lo hemos hecho doble con un DVD de regalo, en un digipack y barato, precisamente por eso. Siguen: «al mismo tiempo, son cada vez más las placas que se venden con macanismos de protección contra copias ilegales», y esta es una opción que Autoreverse jamás hará, porque en España vulnera el derecho de copia privada y porque no nos da la gana. Concluyen los consultores este punto citando un «reciente estudio de mercado» que fija la fecha límite hasta la que el CD mantendrá su posición dominante en el mercado en el año 2009. El artículo comenta después cómo los juicios y fanfarrias de las majors hacia los usuarios de P2P en Estados Unidos no han servido para nada porque un estudio de la Universidad de California confirma que la actividad de estas redes ha crecido en los últimos meses. Volviendo a la distribución legal de música por Internet, que es la única salida que les queda a las discográficas, el artículo dice que algunas han obtenido licencia para vender por estos canales, «la ventaja es que [las majors] pueden cobrar al menos una parte de sus cánones de licencia por la música distribuidoa a través de las bolsas de intercambio». Este punto ya sí me interesa delirante. En realidad la pregunta que se hacen no es ¿podemos cambiar nuestro modelo de negocio para adaptarnos a las nuevas tecnologías? No. Ellos piensan ¿cómo puedo compensar todo el dinero que estoy perdiendo por culpa del P2P? El último apunte de este destacado es el «mercado muy prometedor en la distribución de productos musicales a través de teléfonos móviles». Respecto al artículo sobre Apple, unas cuantas cosas llaman mucho la atención. La primera que me ha gustado es cómo ha influido el iPod en el mercado de las plataformas informáticas: «un 11% de los usuarios de Windows que se han comprado un iPod han decidido, después, pasarse al mac». Grandísimo. Aquí llega el análisis: «lo que intenta Apple no es mantener su cuota de mercado con el iPod, sino dominar, a través de él, tres industrias: la electrónica de consumo, la música y los ordenadores». Más datos epatantes: «según las previsiones de la casa bursátil Needham, en 10 años las ventas del Macintosh crecerán un 0,9%. las de periféricos y software caerán. Las de música crecerán un 323%». Volviendo al tema de la distribución de la música y la tienda de Apple, iTunes, vuelvo a citar a Fernández de Lis: «El mayor riesgo […] no tiene que ver con la creciente competencia que tiene el iPod, sino con la historia de Apple. La estrategia de la compañía es crear un negocio musical vertical; es decir, las canciones de iTunes sólo funcionan en el iPod, y éste sólo reproduce esas canciones. -Por el momento, esta estrategia les funciona de miedo-, dice Jackson [analista de Forrester], -así que no tienen porqué cambiarla. pero si el año que viene caen los precios y los márgenes se eorisonan, quizá se vean obligados a cambiar de idea-. Según Needham, el precio medio del iPod bajará un 10% el año que viene, y todos los fabricantes cooinciden en que es muy probable que 2005 se caracterice por una cruel guerra de precios. Por eso, la estrategia de Apple de continuar cerrada se antoja cada vez más peligrosa». Aldo apostaba ayer por que el iPod será algo pasajero. Yo se lo negaba rotundamente, «tan pasajero como el Walkman de Sony, si quieres», pero él piensa que habrá un problema de incompatibilidad y otra cosa sustituirá el iPod. Pero los reproductores de mp3 son pequeños discos duros, es memoria, ¿qué hay más compatible que eso? Por último, él tiene la loca idea de que el vinilo va a volver, «de alguna forma, pero va a volver». Acabé mi exabrupto por ahora. Son las cuatro y no he comido. Termino con una noticia que acaba de distribuir Primavera Sound y de la que no sabía nada. El otro día hablaba de que me gustaba mucho la portada del nuevo disco de New Order, «Waiting For The Siren’s Call». Leo que ell grupo fue forzado a cambiar el diseño «por miedo a que el artwork fuera ofensivo para las víctimas del reciente tsunami asiático. La portada original, que consistía en una ilustración en la que se veía a una mujer asiática bajo una cascada de agua». Parece que la decisión se tomó en diciembre.
Ese otro día yo escribía Me encanta ese NO enorme. Como si quisiera decir “hay cosas que sí y hay cosas que no” o “hay cosas que son New Order y cosas que definitivamente NO». Rectifico: ser políticamente correcto NO es nada New Order. NO me gusta.